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Mariela Denardi y Diego Bertone Mariela Denardi y Diego Bertone

Líderes y Emprendedores

Una nueva vida en un pueblo de 100 habitantes: casa a medio construir, dos bebés y un hobbie transformador

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Mariela y Diego viven desde hace tres años en La Rica, localidad del partido bonaerense de Chivilcoy, junto a sus dos hijos pequeños. No sabían que la estadía de dos semanas sería definitiva, y planificaron sobre la marcha, hasta que un emprendimiento se transformó en su ingreso permanente.

Faltaban pocos días para que se decretara la cuarentena por la pandemia de coronavirus, cuando Mariela Denardi y Diego Bertone emprendieron lo que recuerdan como “un verdadero éxodo”. Vivían en un departamento en Villa del Parque, vaciaron la heladera, cargaron todo en conservadoras, y manejaron rumbo a La Rica, una localidad de aproximadamente 100 habitantes del partido bonaerense de Chivilcoy. Su hijo menor tenía un año y ocho meses, y el mayor cinco, así que se abastecieron de pañales, y en el camino contrataron el servicio de Internet para poder trabajar a distancia desde la casa, que todavía estaba a medio construir. Comenzó una aventura que iba a durar dos semanas, pero resultó definitiva. Siempre tuvieron espíritu emprendedor, y vocación de anfitriones, pero el proyecto que les iba a cambiar la vida surgió en el momento más impensado: aprendieron a hacer fiambres ahumados artesanales, vendieron puerta a puerta, abrieron un local, y se convirtió en su sustento a tiempo completo.

La pareja se conoció hace más de 13 años, gracias a los azares del destino. Diego creció en Chivilcoy, y Mariela en la provincia de Entre Ríos, pero coincidieron en Buenos Aires, y surgió una historia de amor que los sorprendió a los dos. “Una amiga salteña estaba recién llegada y cumplía años, no conocía a nadie y no iba a festejar, entonces con otras amigas le dijimos que nosotras le organizábamos la fiesta, y que gente no iba a faltar”, cuenta ella, entre la risa y el asombro por la cantidad de factores que se conjugaron para hacer posible el flechazo. “Entre los que vinieron, una amiga que estaba en pareja con un amigo de Diego, lo trajo a él de colado, y ahí nos vimos por primera vez”, indica.

Mariela se sincera y asegura que creyó que sería un romance pasajero, pero cada etapa la vivía con intensidad. Sin darse cuenta, se enamoraba cada vez más. “Me juntaba con mis amigas, y era ‘la novela’, porque les contaba si lo había visto, a dónde habíamos salido, y ellas me cargaban porque yo siempre decía que era algo del momento y las primaveras seguían pasando y pasando”, dice con humor. Tenían 27 y 33 años cuando el noviazgo se hizo oficial, y en una de sus primeras escapadas Diego le propuso ir a visitar a un tío en su ciudad natal, así de paso conocía a su familia.

Al poco tiempo de mudarse, anotaron a sus dos hijos en la escuela rural de La Rica, y fueron alumnos durante dos añosAl poco tiempo de mudarse, anotaron a sus dos hijos en la escuela rural de La Rica, y fueron alumnos durante dos años

“La primera vez que charlé con sus primas fue en La Rica, que está a 20 kilómetros de Chivilcoy, donde tenían una quinta familiar, y cuando conocí el pueblo fue amor a primera vista, me pareció un lugar soñando, chiquito, muy ordenado, cuidado, prolijo, con una plaza hermosa y todas las casas pintadas, parecía un cuento”, describe. Los viajes relámpago se hicieron una tradición, y cuando supieron que esperaban a su primer hijo, Rogelio, ya fantaseaban con dejar la vida en capital y empezar de cero en la pequeña localidad. Por el momento, eran solo anhelos, y no encontraban la manera de hacerlo posible.

Mariela es maestra de primaria, y Diego trabajaba en una reconocida empresa aseguradora. No imaginaban otra forma de subsistir que no fuese con sus empleos en relación de dependencia, y tan solo con imaginar los traslados imposibles si se mudaban lejos, desistían y mantenían la misma rutina. Sin embargo, la idea de irse sobrevolaba todos los años. “Un día caminando en La Rica vi un terreno en una esquina, justo cuando terminan las casas, y pensamos: ‘Una ubicación tan linda y nadie vive acá, que se debe ver precioso el atardecer y las noches de Luna’, pero para nosotros era inalcanzable”, rememoran. Pasaron dos años y medio más hasta que se decidieron a ponerse en campaña de comprar un terreno, y enseguida pensaron en aquella parcela a la venta.

En el comienzo de la obra, Mariela con Amador en brazos, cuando todavía faltaba mucho para culminar su casaEn el comienzo de la obra, Mariela con Amador en brazos, cuando todavía faltaba mucho para culminar su casa

“Ya que nos vamos para los pagos de tu familia, ¿por qué no puede ser en La Rica?”, le consultó Mariela, y él le respondió que sería maravilloso, pero por supuesto, debían encontrar algo a su alcance y repensar de qué vivirían si dejaban sus trabajos. Vendieron su camioneta para juntar más dinero, y hablaron con el dueño de la propiedad, pero todavía les faltaba una buena cantidad para adquirir el terreno. Estaban en vísperas del nacimiento de su segundo hijo, Amador, cuando el famoso dicho de que las bendiciones vienen “con un pan bajo el brazo”, se cumplió.

“Era un 6 de agosto, yo tenía un bombo de 40 semanas y fui al banco a pedir un préstamo, y el chico que me atendía me pedía si podía volver con otros papeles dentro de unos días, y yo le dije: ‘No, no puedo volver el lunes que viene porque me tengo que internar, va a nacer mi hijo’, y el muchacho no lo podía creer”, relata. Dos días después llegó al mundo el nuevo integrante de la familia, y mientras estaba en la clínica, a horas de la madrugada revisó su cuenta de home banking y descubrió que ya le habían depositado el crédito que había pedido. “Ahí nomás pegué un grito de alegría y le dije a Diego que ni bien me dieran el alta él se fuera a comprar el terreno”, recuerda emocionada. Ella se quedó en su casa con su bebé recién nacido, y su marido se fue hasta Chivilcoy, acompañado de su hijo mayor. El paso más importante ya estaba concretado, pero comenzaba el desafío de construir desde cero.

Si bien tenían un sector de la propiedad habitable, en su tiempo libre edificaron lo que faltabaSi bien tenían un sector de la propiedad habitable, en su tiempo libre edificaron lo que faltaba

La casa, la fábrica y los niños

Amador dio sus primeros pasos en el PH que alquilaban en Villa Crespo, y pocos días después de aquella emotiva escena, tomaron la decisión de mudarse. “Al principio no creíamos que íbamos a ser definitivo, pero también de alguna forma nos vimos venir la pandemia antes de que se concretara, y sentíamos que ya era hora de irnos a La Rica, de concentrar la energía ahí, en terminar la casa, que por el momento tenía el baño, la cocina y una habitación tipo depósito”, detalla. En pleno marzo de 2020 salieron a hacer unas compras y no podían creer las filas de gente que había en las cajas de supermercados, en medio de la incertidumbre que reinaba en torno a la situación sanitaria.

“Todo el mundo se estaba stockeando como para un mes, era un caos, así que agarré todo lo que había en la heladera, lo cargué en dos conservadoritas que tenía, mudas de ropa para los chicos, y así, con el auto que explotaba nos fuimos”, comenta. La semana siguiente se decretó la cuarentena obligatoria, y sus trabajos pasaron a la modalidad remota. Cuando sus horarios terminaban, ponían manos a la obra, incluso sin tener mucha experiencia previa. Aunque Diego es autodidacta y tiene conocimientos de carpintería, y sabe soldar, nunca había levantado una pared. Un año antes había hecho un curso de fabricación artesanal de ahumados con un amigo, aprendió a hacer tachos ahumadores caseros, y era su hobbie los fines de semana.

Su hijo mayor, Rogelio, disfrutando de un paseo en los alrededores de su casaSu hijo mayor, Rogelio, disfrutando de un paseo en los alrededores de su casa

“Había una base de una parrilla en el terreno, y a Diego se le ocurrió usar eso para hacer un horno, y para mí era un derilante, yo no entendía cómo lo iba a hacer, si no tenía ni idea de la proporción de cal, cemento y cómo poner los ladrillos; pero se fijó todo en Internet y lo hizo, quedó bueno y cumplía perfecto la función de ahumar”, cuenta Mariela. Un vecino les proveía leña de sus árboles frutales, y así empezaron a producir a un ritmo más profesional. Crearon una cuenta de Instagram, vendían puerta a puerta, las recomendaciones boca a boca hicieron lo suyo, y aunque alcanzaron un excelente flujo de venta, no alcanzaba para construir su propia fábrica, que era el siguiente paso.

Las primeras clases a distancia que daba como maestra, las hacía con Amador colgado de su pierna y Rogelio al grito de “mamá” a lo lejos. Llegó un momento en que decidió dejar su trabajo para dedicarle más tiempo al emprendimiento. “Justo teníamos que volver presencial, y yo ya no me imaginaba de vuelta en Buenos Aires, ya habíamos estado más de un año haciendo la adaptación casi sin darnos cuenta en La Rica, así que dejé la escuela y charlamos sobre cómo lograr que el proyecto se convierta en nuestro trabajo”, explica. Mientras tanto, Diego seguía como empleado a distancia, con reuniones desde su casa y atención al cliente, pero varios meses más tarde, también dejó todo lo que conocía para lanzarse a la iniciativa propia.

La casa terminada, que también se convirtió en sede de eventos al aire libre, como una extensión del local, y fantasean con tener un hostal algún día (Fotos: Gentileza Mariela Denardi)La casa terminada, que también se convirtió en sede de eventos al aire libre, como una extensión del local, y fantasean con tener un hostal algún día (Fotos: Gentileza Mariela Denardi)

“De manera milagrosa, cuando estábamos muy ajustados y ya nos la veíamos muy complicada porque no nos alcanzaba, se vendió la quinta familiar que había estado 15 años sin venderse, y cuando recibimos ese dinero lo invertimos en hacer nuestra fábrica, equiparnos con algunos elementos tecnológicos que necesitábamos, y apostar a la venta por mayor”, indican. Otra vez construir, a metros de su casa, para completar el sueño. Una vez que lo lograron, sintieron que era tiempo de tener un local, para mayor visibilidad y contacto con el público.

En el centro de Chivilcoy consiguieron alquilar un lugar, y optaron por el formato de sandwichería, con algunas mesas disponibles para que quienes estén de paso puedan sentarse a disfrutar de la experiencia, y al mismo tiempo poder venderle a aquel que quisiera llevarse alguno de sus productos recién feteados. Fueron ampliando su catalogo, que tiene como estrella a la mortadela con pistachos -hecha con carne de cerdo de primera calidad-, le siguen los quesos ahumados, el lomito, las ribs de cerdosalchichas alemanasjamón natural, pastrón y varias carnes. En invierno sumaron cazuelas al menú para sobrellevar el frío, y mantuvieron la variada oferta de sánguches para que hubiera opciones para todos los gustos.

Vuelta de página

La vida en Capital Federal quedó lejana para la familia. El pequeño Amador, que ahora tiene 5 años, directamente no tiene registro de sus primeros pasos en el departamento. Rogelio, de 8, se acuerda de algunos momentos en la que era la cuadra de su casa, las salidas a la plaza, dónde quedaba su jardín, pero los dos hermanos ya tienen grupos de amigos en La Rica. “Los primeros dos años fueron a la escuela rural, que fue una experiencia maravillosa, y en 2023 arrancaron en Chivilcoy porque es donde estamos más tiempo por el local, si no representaba muchas idas y venidas en el día; ahora ya estamos organizados de esta manera”, celebran.

El local que los propios dueños atienden en el centro de Chivilcoy (Foto: Instagram @weisbertahumados)El local que los propios dueños atienden en el centro de Chivilcoy (Foto: Instagram @weisbertahumados)

El sánguche estrella, de mortadela con pistachos, pesto y queso azul (Foto: Instagram @weisbertahumados)El sánguche estrella, de mortadela con pistachos, pesto y queso azul (Foto: Instagram @weisbertahumados)

De a poco se fueron sumando clientes, algunos los contrataron para cumpleaños y eventos empresariales, otros les encargan los productos por Instagram –@weisbertahumados-, o directamente los adquieren en el local en el centro de Chivilcoy. “No estamos haciendo envíos, por el tema de que son productos que no pueden perder la cadena de frío, salvo que sean pedidos grandes, pero estamos abiertos a tener franquicias, porque ya tenemos el modelo de negocio todo diagramado, que es muy fácil de ejecutar y con poco personal, por lo que soñamos con que nuestros ahumados se puedan revender al por mayor en otras ciudades”, expresan.

Reconocen que no es sencillo llevar las riendas de un negocio, sobre todo en el aspecto económico, que implica desafíos constantes. “Hay meses que la remamos en dulce de leche, que nos miramos los dos y decimos: ‘¿Qué hicimos?’, porque con la situación económica del país los precios cambian todo el tiempo y el rubro gastronómico se vuelve aún más difícil, pero la realidad es que queríamos que nuestros hijos crecieran como nosotros, andando en bici con los amigos, libres, que van y vienen solos a la canchita y yo no me quedo preocupada. No somos de mirar mucho para atrás, pero sinceramente no hay un día que nos arrepintamos, porque encontramos la calidad de vida que queríamos acá, y no hay economía que pague eso”, expresa Mariela.

Amador en pleno disfrute con el contacto con las animales y la naturaleza (Fotos: Gentileza Mariela Denardi)Amador en pleno disfrute con el contacto con las animales y la naturaleza (Fotos: Gentileza Mariela Denardi)

En verano, además de la venta en el local, abren las puertas de su casa, ponen mesitas en el patio y ofrecen almuerzos con sánguches para disfrutar del aire libre. “Siempre terminamos sacando nuestra mesa del living, nuestras sillas, otro vecino nos presta más mesas, y así salen lindas reuniones; la gente no puede creer que nosotros vivimos ahí, pero nos encanta y tenemos la intención de compartir”, destacan. Se ponen contentos porque en estos tres años la localidad fue creciendo, otra familia inauguró una fiambrería con panadería, donde también se puede comer al paso, un restaurante, y La Rica brilla cada día más. Además, con ese nombre, hay un buen augurio de que allí la experiencia gastronómica promete sabores inolvidables.

“Nosotros leíamos notas de otras parejas que hicieron cambios de vida parecidos, y ahora no podemos creer que somos nosotros los que nos animamos y lo hicimos. Ojalá que así como nos inspiraron tantas historias, la nuestra también le sirva a alguien, y sobre todo nos emociona que nuestros hijos sepan que nos jugamos, que conocieron otra vida, y los vemos disfrutarlo, sin pesar ni tristeza por el cambio que elegimos, y con libertad”, concluyen.

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De una semilla y USD$100 a un golazo empresarial: Productor de salsas para los famosos

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alesergica

Fernando Ortiz es un horticultor de la zona de Colonia Santa Rosa, Salta, donde cultiva diferentes variedades de ajíes que terminan en salsas picantes que comercializa en todo el país.

A Fernando Ortiz, una semilla lo ayudó a crear su propio cultivo: de eso nació un producto a granel y, finalmente, una marca que se volvió insignia entre los amantes del picante y que popularizan hasta los famosos. Cada vez que viajaba al exterior, el horticultor de Colonia Santa Rosa, Salta, recorría los supermercados para hacerse de un particular souvenir que logró producir él mismo en la finca que le dejó su padre.

Entre 2016 y 2017, el productor comenzó a producir 2000 plantines de ajíes y hoy ese número está en aproximadamente 110.000. “Comencé a recolectar semillas y cuando tomé la conducción de la finca que era de mi papá José Ortiz, después de que falleció, empecé a plantar y a cultivar. Cada vez que salía de viaje a Centroamérica, Brasil, México o Estados Unidos, me traía botellitas como souvenirsRecorría todos los supermercados y me encantaba cuando los veía en las góndolas, así me traía varios frascos, aunque tenía problemas con la Aduana”, recordó. La inversión original en los almácigos y su producción fue de US$100. Por año, el negocio factura alrededor US$12.000.

El producto final tiene una particularidad, ya que no es la tradicional salsa picante que llega a la Argentina desde el exterior. En este caso, los mezcla con frutas tropicales porque asegura que “quedan más ricas”.

Fernando Ortiz, horticultor de Salta
Fernando Ortiz, horticultor de Salta

“Son frutas que también cultivamos nosotros. Una de las características que tenemos es que somos productores de toda nuestra materia prima. Salvo el jalapeño en aceite oliva, no hacemos aceite de oliva, pero lo que es el núcleo del producto es todo nuestro. Vamos desde la semillita del maracuyá hasta el frasco del habanero con maracuyá, el producto final. Es decir, hacemos todo desde el plantín del pimiento morrón”, dimensionó. Su emprendimiento, Don Cirilo, provee también las hortalizas a los mercados concentradores, como el Mercado Central, Córdoba, Mendoza, Rosario, y demás. “Con eso, separamos una parte y elaboramos parte de los productos finales”, completó.

Ortiz también es el proveedor de las salsas que se usan en el ciclo de famoso “Terapia picante”. Por caso, el sábado pasado se presentó un nuevo ítem: “La Alesérgica”, un producto que Alejandro Sergi, vocalista de Miranda se atrevió a probar, y que es de puros habaneros. Las salsas las han probado Charlotte Caniggia, Yanina Latorre, El Polaco y Martín Bossi.

La pasión que tiene por la gastronomía lo llevó a crear nuevas salsas. “El desarrollo de productos nace porque a mí me gusta mucho la cocina y veía que en el país no había líneas de desarrollo de salsas picantes ni de productos picantes en fresco. Después, traté de vincularlo con lo que a mí me gusta mucho hacer, que es la cocina y empecé a preparar mi propia salsa. Empecé a desarrollar el primer producto que fue el jalapeño en oliva. Fue un golazo. Ahí empezamos con otras salsas. Siempre buscamos que los sabores sean puro”, recordó.

Después, continuó con la línea de salsas tropicales. Por caso, sacó una de mango, una fruta de la región, con ají habanero. “Hemos hecho de morrón, que es un producto que se hace en la zona con ají habanero; es el ají kitucho. Uno de los últimos desarrollos de salsa es la berrinche, que es con maracuyá y ají habanero. Y así fuimos buscándole la vuelta a todos los productos que tenemos y cultivamos nosotros”, dijo. Las mezclas también incluyen a la papaya y el habanero. Cada una de las salsas tienen nombres alusivos que hablan del origen del producto.

Los ajíes que produce su finca
Los ajíes que produce su finca

La idea de hacer invernaderos picantes, afirmó, es para ir buscando sabores con productos que sean familiares al paladar de los argentinos. “Fuimos buscando sabores con productos que nosotros hacemos, por ejemplo, jamás podría hacer una salsa con jalapeño y salsa mora. No está en el ámbito que nosotros producimos. Tratamos de hacer todo con productos nuestros para hacer una salsa tropical”, comentó. En la finca también hace bananas y plátanos.

“Los cultivos tropicales los hacemos porque estamos en la zona núcleo tropical, es una zona reservada. La hortaliza la producimos en contraestación cuando todo el resto está dejando de producir por cuestiones de climas, que comienzan los fríos. Empezamos con los fríos que hay en el resto del país. Pero hay que bancarse el verano”, acotó.

En el verano tenemos temperaturas muy altas que prácticamente te impiden producir. Las plantas no se adaptan a 47° y con la sequía que hubo es muy complicado. En algunos sectores se trabaja con el sistema de riego, pero no alcanza”, ejemplificó. Hay mucha tecnología para el desarrollo de las semillas, invernadero y fertirrigación.

El horticultor comenzó con 2000 plantines
El horticultor comenzó con 2000 plantines

Las variedades de ajíes que siembra Ortiz en su finca son habaneros, jalapeños, locoto, mira cielo, camino real, malagueta o kitucho. Hoy lo que más planta es jalapeño y habanero. “Las plantamos para hacer la materia prima de nuestros dos productos principales. De todos nuestros productos hay siete que son hechos en base con esas dos variedades [habanero y jalapeño], con distintas combinaciones con frutas, aceite de oliva o salmuera”, señaló.

En esa zona de Salta no hay más nadie que haga ajíes. A nivel nacional, la producción se está volviendo cada vez más expansiva, por la influencia de la gastronomía asiática y centroamericana. “Hace unos cuatro años que el ají comenzó a ponerse de moda. Nosotros fuimos los pioneros y somos los únicos en el país que producimos nuestra propia materia prima”, expresó.

Los fabricantes, normalmente, compran la materia prima, pero en su caso hace el trazado de toda la cadena productiva. “El producto va a tener mucho crecimiento y difusión. Lo que nos pasó, de algún modo, que ya son más consumidores de ají, es que no hay grandes desarrollos de productos de calidad. Vienen importados de Estados Unidos, de México. La idea nuestra es hacer un producto de calidad. Si nos acompañan las condiciones del país y podemos llegar a tener alguna línea de crédito, para hacer lo mismo que se hace en Estados Unidos”, se esperanzó.

La finca provee productos a los mercados de todo el país
La finca provee productos a los mercados de todo el país

El acceso al crédito para las empresas pymes en la Argentina en el último tiempo, aseguró, se ha vuelto “imposible”. “Le dan crédito al que tiene plata, no al que no tiene plata. Las condiciones que piden los bancos, son condiciones a las que ninguna empresa que esté desarrollándose podría acceder, lamentablemente”, resumió.

La Alesérgica se presentó el sábado pasado
La Alesérgica se presentó el sábado pasado

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Una familia emprendedora: Pioneros en queso, dulce de leche y helados

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Familia Green Argentina

Leslie Green y Silvina Agüera fundaron Familia Green, un proyecto que hace productos con 100% leche de oveja

Leslie Green y Silvina Agüera compartían el deseo de que sus cinco hijos vivieran la experiencia de cimentar las bases de un negocio y formar parte de su desarrollo. En noviembre de 2014 decidieron convertir su sueño en realidad al comprar 100 ovejas para establecer un tambo en su campo en Pehuajó. Su objetivo era utilizar la leche obtenida para elaborar una diversidad de productos, muchos de los cuales son pioneros en su categoría.

“Empezamos mandando la leche a una fábrica de quesos que hay en Trenque Lauquen, donde hicimos los primeros quesos duros y semiduros. Todo realizado con leche de oveja”, cuenta Leslie. Fue así que con la salida de los primeros lácteos al mercado nació Familia Greenla pyme familiar que elabora quesos, dulce de leche e incluso helado con materia prima ovina.

El productor Leslie Green
El productor Leslie Green

Además, desde hace dos meses, junto con María Teresa Sur, la empresa de un amigo de la familia, también elaboran el primer dulce de leche argentino de leche A2 de vaca, que se caracteriza por ser de fácil digestión.

En la actualidad venden unos 5000 kilos de dulce de leche por año y otros 5000 kilos en quesos. “Nunca nos alcanzan”, dice Leslie. Tienen dos locales propios, en Pehuajó y en Tandil. También venden de forma online desde su propia web.

“Este proyecto brinda la posibilidad a todos mis hijos, que tienen diversas edades, el mayor de 20 años y las mellizas más pequeñas de ocho años, la oportunidad de ver y aprender desde la actividad productiva y el marketing hasta la comercialización, el diseño de packaging y la venta en los negocios, entro otros”, señala el productor y agrega: “Es un negocio que comenzó siendo algo muy pequeño y que ahora genera 12 fuentes de trabajo directas, además de todas las indirectas”.

El dulce de leche a base de leche de vaca A2
El dulce de leche a base de leche de vaca A2

Uno de los hitos de la familia fue la elaboración del primer queso azul argentino hecho al 100% con leche de oveja en 2017. “Es igual al original que se elaboró en Francia, pero le pusimos un nombre especial, ‘Blue Sheep’, convirtiéndonos así en los pioneros en la producción de este producto en el país”, explica. También, dos años después, desarrollaron el primer helado hecho a base de leche 100% de oveja. “Armamos en Pehuajó una fábrica de helados que no llevan ningún agregado de leche en polvo ni crema de leche para no romper con la proteína A2. La leche de oveja es más alta en sólidos, lo que le da una textura más cremosa sin tener estos derivados”, detalla. Ofrecen una variedad de sabores que incluyen chocolate, dulce de leche, frutos del bosque, crema americana y una versión especial de americana, dulce de leche de oveja y nuez, así como super dulce de leche.

Las ovejas son de la raza Pampinta
Las ovejas son de la raza Pampinta

Las ovejas que crían son de la raza Pampinta. “Es una raza creada en el INTA de Anguil, en La Pampa. Es una cruza de la raza lechera Frisona del Este, de origen europeo, con 1/4 de Corriedale. Es de triple propósito porque brinda buena carne, lana y leche”.

Además, es una oveja con mayor rusticidad, ideal para la zona del oeste bonaerense, donde se encuentra su tambo. Asimismo, se destaca por ser muy prolífica, ya que son melliceras, y muestran una excelente aptitud materna.

El tambo es estacional, va desde septiembre a abril, porque la oveja, al ser fototrópica negativa, solamente entra en servicio en los meses de marzo y abril. “Luego de gestar cinco meses, se da el período de parición que ocurre entre agosto y septiembre, y ahí comienza el ordeñe. El cordero permanece con la madre durante 30 días”, agrega.

Todo el tambo es a base pastoril y solo tiene alguna suplementación en períodos de mucha sequía como la del último año. Para respetar el bienestar de las ovejas, se ordeña una vez al día a la mañana temprano. En tanto, respecto al nuevo producto que hacen con leche de vaca A2, que se destaca como de fácil digestión, la elaboran con María Teresa Sur, una empresa familiar ubicada en 30 de Agosto, al oeste de la provincia de Buenos Aires. Las vacas A2 producen leche que tienen la variante A2 de beta caseína.

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De bromas a exportaciones: amigos que no encontraban pasta de maní, ahora conquistan el mercado de USA.

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entrenuts emprendedores

Durante la pandemia dieron vida a este emprendimiento en la ciudad de Colón, llamado Entrenuts, que además elabora aceite de coco y otros productos saludables. Pidieron un préstamo y hoy producen más de 300 mil frascos por mes y el próximo año esperan producir más. Cómo empezó todo.

Una mezcla de bronca y deseos insatisfechos por consumir pasta de maní en Entre Ríos, hizo que Gabriel Aguilar le dijera en broma a sus amigos que pondría una fábrica para producirla. El entrenamiento CrossFit que realizaba en Buenos Aires (donde estudiaba) la convirtió en uno de los alimentos proteicos fundamentales en su dieta para ganar masa muscular y recuperar energías tras el entrenamiento, pero cada vez que regresaba Colón no la conseguía. Por eso, optó por hacerla él mismo aunque le costó quemar tres mixers debido a la potencia necesaria para su proceso.

Emanuel Fellay y Joaquín Colella, (sus amigos entrerriano y rosarino, respectivamente) escucharon atentos la idea y no dudaron en acompañarlo. En 2019, se asociaron, comenzaron a elaborar y comercializar su propia pasta de maní, Entrenuts, desde la ciudad de Colón donde pasaron de producir a unos pocos frascos a pedido a elaborar 300 mil por mes. El producto salió a la venta en 2020, en plena pandemia, y desde septiembre de 2022 llegan al mercado norteamericano. “Exportar pasta de maní a los Estados Unidos es como que a los argentinos importen el dulce de leche. Asombroso, pero pasa”, le cuenta Emanuel Fellay Infobae.

Además de esa pasta —que tiene siete sabores, son apta celíacos y veganos— producen aceite de coco y manteca clarificada. “En marzo de 2020 producíamos unos 40 frascos por día con una manga pastelera. Hoy tenemos un sistema automatizado y hacemos entre 2.500 y 3.000 frascos por hora”, dice y cuenta que sus productos cumplen con la certificación internacional.

La fábrica (EntreNuts)La fábrica (EntreNuts)

Del antojo al mundo

Actualmente, todos los productos que elaboran están en las góndolas de casi todo el país. Sobre todo la pasta de maní que está elaborada sólo por maní, pero para los paladares más osados hay también ahumada, con crocante, con coco, con chocolate o endulzada con stevia.

“Vernos hoy, en este presente y con los proyectos que tenemos para el año que viene, es increíble”, cuenta Emanuel, el empresario de 26 años que además está en el último tramo de la tesis para terminar la licenciatura en Comercialización.

Admite que con sus amigos nunca pensaron que la vida daría las vueltas que dio para convertirse en socios y menos elaborar un alimento que desde hace unos años se impuso en la dieta de los argentinos y que es consumido, sobre todo, por deportistas.

“Cuando Gabriel, que es amigo de toda la vida, del barrio, decía que quería elaborar su propia pasta de maní también lo decía porque si conseguía alguna tenía el agregado de sal y azúcar, y dejaba de ser un producto saludable. Un día, charlando con él y Joaquín, que lo conocí en 2016 en la facultad, en Rosario, nos mostró un estudio de la pasta de maní que le acercó una compañera que hablaba de un proyecto para fabricar pasta de maní de una facultad colombiana. Era una tesis. La estudiamos, cada vez lo veíamos más viable y eso nos dio un buen incentivo para comenzar”, recuerda Emanuel.

Por mes, producen unos 300 frascos de pasta de maní (EntreNuts)Por mes, producen unos 300 frascos de pasta de maní (EntreNuts)

Para abril de 2019 se inscribieron en Empretec, un programa de capacitaciones de Banco Nación que apoya a las pymes y a los emprendimientos. “Hicimos el curso en tres partes: emprendedurismo, medio ambiente y plan de negocios, y al final de ese año terminamos el proyecto”.

Luego consiguieron un crédito bancario de un poco más de 700 mil pesos y le dieron rienda suelta a la idea: “Con eso hicimos la primera salita de producción de 50 m2, levantamos las estructuras y compramos la primera máquina. Nuestro primer día de producción fue el 20 de marzo 2020: el primer fresquito lo hicimos a las 12 y a las 15.00, Alberto (Fernández) salió en cadena nacional avisando que comenzaba el aislamiento social preventivo y obligatorio por 15 días, que fueron meses. En ese momento, en plena cuarentena, empezamos a producir bien porque en esos tiempos la industria alimenticia fue una de las pocas beneficiadas y, además, la gente comenzó también a ocuparse de su salud, y comenzaron a llegarnos pedidos”, recuerda.

“Desde ese primer día y hasta hoy, gracias a Dios, no paramos. En esos primeros días, arrancamos con una manga pastelera y hacíamos 20 frasquito por día, vendíamos por WhatsApp, por Instagram, por Facebook y salíamos a repartir con guantes, máscara y barbijo, casa por casa. En tres meses pasamos a producir 17.000 frasquitos, teníamos empleados y trabajábamos 15 horas. Luego llegamos a las primeras 10 provincias, con más de 40 distribuidores”, cuenta.

Joaquín Colella, es lic. en Comercio Internacional y tiene 25 años; Gabriel Aguilar, es lic. en Administración de Empresas, tiene 27 años y Emanuel Fellaym es lic. en Comercialización, y tiene 26 años (EntreNuts)Joaquín Colella, es lic. en Comercio Internacional y tiene 25 años; Gabriel Aguilar, es lic. en Administración de Empresas, tiene 27 años y Emanuel Fellaym es lic. en Comercialización, y tiene 26 años (EntreNuts)

En ese momento, él tenía 22 años; Joaquín, 21, y Gabriel, 23. Cuando las medidas sanitarias lo permitieron, la fábrica operó con personal y se convirtió en el primer empleo de unas 14 personas. Actualmente, están en las principales cadenas de hipermercado, una cadena de farmacias y desde el año pasado exportan a los Estados Unidos, Uruguay, Brasil y Chile.

El mercado estadounidense

Entramos sin querer. Algunos líderes del mercado, que son industrias maniseras muy grandes, tienen muchos requisitos de exportación, como el volumen, cantidad de productos uniformes y por desarrollos; entonces, justo en febrero del 2022 nos llega un mensaje de un cliente que vive en los Estados Unidos y nos contó que tenían ganas de desarrollar una pasta de maní allá, ya había preguntado en Argentina y nadie quería desarrollar su producto porque lo que querían era una receta con distintos ingredientes y para una empresa muy grande es difícil adaptarse a eso, pero para nosotros, que somos una pyme, no. Teníamos las ganas de exportar y de hacer este proyecto, así que pudimos adaptarnos y desde febrero, más o menos, y hasta julio, pudimos armar toda la receta, el registro de los productos y demás, y en septiembre del 2022 hicimos la primera exportación a los Estados Unidos”, detalla.

Todas las pastas de maní de Entrenuts, el aceite de coco y el Ghee Todas las pastas de maní de Entrenuts, el aceite de coco y el Ghee

Esa primera exportación fue de 20 pallets, el contenedor más grande que se usa. “Arrancamos jugando en las grandes ligas, así lo sentimos.Es increíble vender este producto al país que más la consume. Cuando comenzamos y acá no se consumía nos decían que era el alimento de los Simpson”, bromea.

El proceso llevó pruebas, muchas degustaciones e idas y vueltas. “La fórmula era de ellos, hicimos el testeo, mandamos varias muestras hasta que encontramos la que ellos querían. Desde ese momentos, mandamos unos cinco pedidos y en enero tenemos envío”.

Actualmente, por mes, producen unas 300.000 unidades. “La fábrica trabaja las 24 horas, tenemos 47 empleados divididos en tres turnos”, cuenta. Asombrado de los logros, aunque sin adelantar detalles, asegura que el 2024 vendrá con nuevos productos y ganas de seguir creciendo.

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