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Ciencia y Salud

Salud mental y pandemia: los menores se llevaron la peor parte

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La pandemia puso la salud mental encima de la mesa, también la de los menores. Cinco años después analizamos las huellas de una crisis sanitaria que paralizó el mundo.

Antes de 2020, la salud mental en la población adulta en España era similar a la de los países del entorno, según señala a EFEsalud el jefe de Psiquiatría del Hospital Universitario de La Princesa de Madrid e investigador principal del CIBER de Salud Mental (CIBERSAM), José Luis Ayuso.

El aumento de las consultas por ansiedad, estrés o depresión protagonizaban ya una tendencia al alza, agrega, en declaraciones a EFEsalud, la portavoz de la Sociedad Española de Psicología Clínica (ANPIR), Irene de la Vega.

Pero la infancia y la adolescencia se llevaban la peor parte.

“Había una tendencia creciente en las cifras de mortalidad por suicidio, particularmente relevante y preocupante en la población joven, donde ya antes de la pandemia era la primera causa de muerte no accidental”, asegura el psiquiatra.

Pandemia y confinamiento

Con ese escenario, irrumpió la pandemia y con ella, el confinamiento, las mascarillas, la ansiedad, la incertidumbre y el dolor por la pérdida de familiares a los que no se les pudo decir adiós.

“Las situaciones de duelo…pero también tener a un familiar en la uci durante mucho tiempo creaba problemas emocionales a los que tuvimos que hacer frente”, recuerda Ayuso.

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EFE/LUIS TEJIDO

Además de las personas que habían perdido a familiares y no pudieron vivir un duelo normal, había otros grupos especialmente vulnerables al confinamiento como las mujeres, que tenían una carga de cuidados y aquellas que eran víctimas de violencia machista, además del personal sanitario, los menores y las personas mayores.

“Es verdad que en aquel momento se habló muchísimo de salud mental y hubo voces que decían que iba a haber un tsunami de trastornos mentales y demás, y eso en realidad no ha sucedido. Hubo población que sufrió y sigue sufriendo pero la gente se adaptó lo mejor que pudo, la capacidad de adaptación fue buena”, considera De la Vega.

Aumento de los trastornos comunes

Sí han seguido aumentado en adultos los casos de trastornos mentales comunes como la ansiedad o la depresión pero “no tanto como se esperaba, no ha habido un desbordamiento”, destaca la psicóloga clínica, quien trabaja en la unidad de Trastornos de Personalidad y Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid.

Además ha habido un repunte, ya desde la pandemia, en el consumo de ansiolíticos y antidepresivos, lo que implica que “la gente en general está como más ansiosa, más deprimida”.

De hecho, España es el país de mayor consumo de benzodiacepinas del mundo; en la última Encuesta Europea de Salud, un 10,8 % de la población respondió haber tomado algún tranquilizante en las últimas dos semanas, sobre todo las mujeres, que doblan en el consumo a los hombres.

El golpe a la infancia y a la adolescencia

En el caso de los menores si ya la prevalencia de trastornos mentales en niños y adolescentes era “en general alta antes de la pandemia”, con un aumento de casos de trastornos autolesivos, de alimentación y conductas suicidas, también por ansiedad y depresión, durante y después de la crisis sanitaria, empeoró.

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EFE/ Eliseo Trigo

“Hubo un repunte de casos en la salud mental de los menores en la pandemia relacionado con el confinamiento. Aunque éste no fue la única causa sí pudo ser como un factor de estrés. No se puede decir que la pandemia causó esto en los niños y adolescentes, pero a lo mejor a una generación que ya tenía cierta predisposición y demás, pues esto fue como un factor estresante”, incide De la Vega.

Como ejemplo, la psicóloga clínica apunta que los casos de trastornos de las conducta alimentaria han aumentado entre un 20 y un 30 % en comparación con antes de la pandemia.

Un trauma

Por su parte, la coordinadora del Comité de Salud Mental de la Asociación Española de Pediatría (AEP), Paula Armero, explica a EFEsalud que la pandemia fue “un trauma para todos” pero para los menores, para quien las rutinas son tan importantes, más.

Los adolescentes no podían verse con sus amigos, el sistema de estudio cambió con el cierre de los centros educativos y “se respiraba incertidumbre cuando en esas etapas lo que necesitan es seguridad”.

“Digamos que fue como la gota que colmó el vaso, un vaso que ya estaba lleno y se desbordó (…) Al principio de la pandemia veíamos casos de adultos pero después del primer pico gordo, empezamos a ver como las urgencias se llenaban de patologías de salud mental de menores, algo a lo que no estábamos acostumbrados”, afirma Armero.

En el caso de los niños pequeños la pandemia, al cambiar las rutinas, les afectó de muchas maneras tales como regresión con el pañal, más rabietas y en la conducta del sueño, entre otros.

La salud mental, en primer plano

Cinco años después, los zarpazos de la pandemia aún se sienten pero si algo bueno ha traído, coinciden los expertos consultados, es que ahora la salud mental está en un primer plano en el sistema sanitario, y, entre otras iniciativas, el Ministerio de Sanidad y las comunidades han aprobado el primer plan nacional para la prevención del suicidio.

“La salud mental no había tenido mucha relevancia en el sistema sanitario, siempre ha estado como en un segundo plano. Y con la pandemia se puso en primer plano. Cuando eso ocurre, se invierten recursos y entonces se hacen planes de salud mental, y se piensa en esto a nivel institucional y eso siempre es bueno, porque, además, veníamos de un déficit crónico de profesionales y de inversión”, zanja la portavoz de ANPIR.

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¿Rabietas e irritabilidad tras los regalos de Reyes? La resaca emocional infantil existe

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Cuando la intensidad de las vacaciones navideñas llega a su fin, sobre todo después de los anhelados regalos de los Reyes Magos, hay niños y niñas que pueden mostar irritabilidad, rabietas, nerviosismo e, incluso, apatía, una «resaca emocional» que cierra un periodo de alta intensidad de sentimientos y sensaciones, además de cambios de rutina.

En algunas ocasiones, la expectación, la sobreestimulación y la ruptura de las costrumbres del día a día dificultan la regulación emocional de los más pequeños.

Tanto antes como durante las vacaciones de Navidad, se genera una alta expectativa por los regalos que expone a los más pequeños a un nivel de estímulos y cambios contextuales significativos. Esto, sumado a la modificación de las rutinas, hace que muchos eleven su nivel de activación diaria. 

Jorge Buenavida, psicólogo de Blua de Sanitas, explica que en la infancia la anticipación tiene un peso relevante: “Cuando desaparece de golpe, puede aparecer un descenso del estado de ánimo que se manifiesta en forma de irritabilidad o menor tolerancia a la frustración. Si además existe cansancio acumulado o falta de descanso, la regulación emocional resulta más compleja”.

Cómo darles los juguetes de Reyes influye en la resaca emocional

Darles en Reyes muchos juguetes al mismo tiempo, el cambio rápido entre uno y otro o la prolongación excesiva del tiempo de juego sin descansos pueden intensificar la sobreexcitación en los menores, ya que, tanto el tipo de juego como la gestión al introducir los regalos, impactan en la resaca emocional.

Un exceso de estímulos reduce la capacidad del niño para elegir, concentrarse y disfrutar plenamente, lo que facilita la aparición de frustración al desaparecer la novedad. En este sentido, las reacciones intensas son una consecuencia de la saturación de estímulos, más que de un desborde emocional.

“Cuando el nivel de activación es elevado, cualquier límite se vive con mayor intensidad. Por ese motivo, resulta útil anticipar los cambios, acordar tiempos de juego y proponer alternativas más tranquilas cuando aparecen señales de cansancio”, comenta el experto.

Navidad juguetes
EFE/VILLAR LÓPEZ.

Aprender a valorar y a agradecer

El psicólogo también destaca la importancia de promover que los niños comprendan el esfuerzo que implica recibir sus regalos y que adquieran una noción realista de sus posibilidades económicas para fomentar el desarrollo de emociones como la gratitud, la capacidad de espera y la gestión de la frustración.

Estos aprendizajes son esenciales para una mejor autorregulación emocional y beneficiar así su evolución personal y social a largo plazo.

Bajón por el final de las fiestas

Cuando el periodo de vacaciones se cierra de una forma brusca y se recupera la normalidad, algunos niños necesitan un tiempo para reajustar sus emociones. La vuelta al colegio y a las obligaciones habituales tras estar días durmiendo menos horas, con un horario de comidas modificado o reduciendo los momentos de calma, afectan directamente al equilibrio emocional.

En la mayoría de las situaciones, este periodo de adaptación suele resolverse en pocos días. Sin embargo, es importante estar alerta si el malestar persiste, dificulta el sueño, impacta negativamente en el rendimiento escolar o viene acompañado de un nivel de ansiedad significativo.

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Una niña patinando. EFE/Manuel Bruque

Consejos contra la resaca emocional

Los expertos de Sanitas, enumeran una serie de pautas para ayudar a los niños para controlar la resaca emocional tras las viviencias de los Reyes Magos y, en general, de las vacaciones navideñas:

  • Retomar gradualmente los horarios habituales de sueño y alimentación.
  • Incorporar tiempos de calma diarios con actividades tranquilas y que no incluyan pantallas.
  • Establecer tiempos de juego bien definidos y avisar con anticipación (incluso con horarios) antes de finalizar una actividad.
  • Dar prioridad a los espacios de atención compartida para fortalecer lazos y el aprendizaje emocional.
  • Mantener expectativas realistas en los días posteriores, sin presionar para una adaptación inmediata.
  • Aceptar la emoción del niño sin recurrir a castigos, ayudándole a identificar y nombrar lo que siente.
  • Participar en el juego para reforzar, de manera natural, valores como el cuidado de los materiales, el compartir y el agradecimiento.
  • Transmitir tranquilidad y seguridad mediante la presencia adulta, con mensajes breves y coherentes.

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El Reino Unido prohíbe los anuncios de comida basura en la televisión diurna y en Internet

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(AFP)- El lunes entra en vigor en Gran Bretaña una nueva normativa que prohíbe los anuncios diurnos en televisión y en Internet de la llamada comida basura, en lo que el gobierno califica de «acción líder en el mundo» para atajar la obesidad infantil.

Según el Ministerio de Sanidad británico, la prohibición, que afecta a los anuncios de productos con alto contenido en grasas, sal o azúcar, eliminará hasta 7.200 millones de calorías de la dieta infantil cada año.

La prohibición, que afectará a los anuncios emitidos antes de las 21.00 horas y en cualquier momento a través de Internet, reducirá en 20.000 el número de niños obesos y reportará unos 2.000 millones de libras (2.300 millones de euros) en beneficios para la salud, añadió el ministerio.

La aplicación de la medida -anunciada por primera vez en diciembre de 2024- sigue a otras medidas recientes, como la ampliación del impuesto sobre el azúcar en productos preenvasados como batidos, cafés listos para llevar y bebidas de yogur azucarado. También se ha facultado a las autoridades locales para impedir que los establecimientos de comida rápida se instalen a la puerta de los colegios.

Riesgo de obesidad y enfermedades relacionadas

El Gobierno sostiene que está demostrado que la publicidad influye en lo que comen los niños y en el momento en que lo hacen, marcando sus preferencias desde una edad temprana y aumentando el riesgo de obesidad y enfermedades relacionadas.

Señala que el 22 % de los niños que inician la enseñanza primaria en Inglaterra -por lo general, en torno a los cinco años- tienen sobrepeso o son obesos, porcentaje que aumenta a más de un tercio cuando pasan a la enseñanza secundaria, a los 11 años.

Según las autoridades, la caries dental es la principal causa de ingresos hospitalarios en el Reino Unido entre los niños pequeños, que suelen tener entre cinco y nueve años.

«Restringiendo los anuncios de comida basura antes de las nueve de la noche y prohibiendo los anuncios en Internet, podemos eliminar la exposición excesiva a alimentos poco saludables», declaró en un comunicado la ministra de Sanidad, Ashley Dalton.

Estrategia centrada en la prevención

Añadió que la medida forma parte de una estrategia para que el Servicio Nacional de Salud (SNS), financiado por el Estado, se centre en la prevención y el tratamiento de las enfermedades, «para que la gente pueda llevar una vida más sana».

Katharine Jenner, directora ejecutiva de la Alianza para la Salud y la Obesidad, afirmó que se trataba de «un paso bienvenido y largamente esperado para proteger mejor a los niños de la publicidad de alimentos y bebidas poco saludables que pueden perjudicar su salud y bienestar».

La organización benéfica Diabetes UK también acogió con satisfacción la prohibición de los anuncios, y su directora ejecutiva, Colette Marshall, señaló que la diabetes de tipo 2 está aumentando entre los jóvenes.

«La obesidad es uno de los principales factores de riesgo de la diabetes de tipo 2, y esta enfermedad puede tener consecuencias graves en los jóvenes, exponiéndolos a complicaciones graves como insuficiencia renal y cardiopatías», añadió.

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(Editado por vibra/Euractiv.com y Luis de Zubiaurre Wagner/Euractiv.es)

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Obesidad + pocos recursos económicos = «doble desigualdad»

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La obesidad afecta con mayor dureza a las personas con menos recursos económicos, educativos o sociales porque tiene un impacto significativo en la calidad de la dieta, en  las oportunidades para hacer ejercicio y en el acceso tanto a información fiable como a cuidados médicos. Así lo denuncia la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO).

Lo consideran una “doble desigualdad”, según destacan ambas entidades en una nota de prensa: las personas que sufren obesidad, además de convivir con esta enfermedad crónica, han de afrontar una serie de barreras estructurales para su tratamiento que personas con más alto nivel de renta probablemente no enfrentan

El doctor Diego Bellido, presidente de la SEEDO, afirma que “la desigualdad no es una consecuencia, sino una parte del origen del problema”. A su entender, tal y como consta en la nota de prensa, si no se abordan determinantes sociales, “no se reducirá la prevalencia”. Añade que las personas que más necesitan apoyo son, precisamente, quienes más complicado tienen recibirlo.

Pone ejemplos:

  • “Quienes viven en zonas rurales» porque «a menudo dependen casi exclusivamente de la farmacia comunitaria como primer recurso sanitario, sin acceso fácil a especialistas o unidades multidisciplinares».
  • Quienes cuentan con «empleos precarios o con horarios difíciles» porque «tienen menos margen para recibir un seguimiento clínico o cambios de hábitos»

En ambos casos, «el estigma pesa más», pues «muchas de estas personas retrasan la consulta porque temen ser juzgadas”, remarca.

obesidad
EFE/Sáshenka Gutiérrez

La doctora Irene Bretón, coordinadora del Área de Obesidad de la SEEN, pone el acento en la importancia de implementar políticas que aborden la obesidad desde varios frentes: 

  • Facilitar el acceso asequible a alimentos saludables.
  • Proporcionar un entorno urbano con espacios que promuevan y favorezcan la actividad física.
  • Asegurar una atención sanitaria que favorezca  la detección temprana, la derivación a equipos multidisciplinares y el acceso a tratamientos eficaces.

El gasto clínico de la obesidad

SEEDO y SEEN subrayan en el comunicado que «la obesidad constituye un problema de salud pública que incrementa el riesgo de padecer más de 200 enfermedades», lo que afecta de «manera especialmente intensa a las poblaciones más vulnerables».

Estiman que en España el coste de no abordar la obesidad supera los 130.000 millones de euros anuales, con una proyección de alcanzar los 161.000 millones en 2030.

A escala global, la prevalencia de la obesidad aumentará significativamente, pasando del 16 % actual al 39 % en 2040. Este aumento será particularmente acelerado en las regiones con menores ingresos.

Según la SEEDO, lograr reducciones de peso consideradas clínicamente significativas conlleva «un beneficio sustancial para el sistema de salud y la sociedad».

“Ya no es una enfermedad concentrada en los países ricos, sino que está desplazándose hacia quienes tienen menos recursos para afrontarla. En la actualidad, el 6 % de la carga global está en países más pobres y en 2040 será el 26 %”, afirma Bellido.

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