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Ciencia y Salud

Una epidemia silenciosa: los nuevos trastornos alimenticios

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Los trastornos alimenticios han crecido y diversificado su alcance desde la pandemia. El síndrome del atracón, la ortorexia, la fatorexia o el trastorno por rumiación son algunas de las variantes que se han multiplicado en los últimos años.

Según la ANAD (Asociación Nacional de Anorexia Nerviosa y Trastornos Asociados), los TCA causan unas 10.200 muertes anuales en España, 1 cada 52 minutos. Aunque es imposible medir su verdadero alcance, se calcula que los TCA han pasado de afectar a un 5 % de la población mundial en 2020 a un 9 % en 2024.

Aunque la mayor incidencia se encuentra en la preadolescencia y adolescencia (entre los 12 y los 18 años), cada vez se registran casos en edades más tempranas (desde los 6 años) y más tardías, (en la veintena, la treintena e incluso pasados los 50).

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La vigorexia es la obsesión por el ejercicio para aumentar la musculatura con la ayuda de dietas restrictivas y suplementos proteicos y anabolizantes. Quienes padecen este desorden perciben sus características físicas de forma distorsionada. EFE/ ALI ALI

Factores de riesgo

Los especialistas del CEAP, la doctora Remedios Gutiérrez y el doctor Enrique Bajo explican que los TCA tienen un origen multifactorial, donde confluyen factores individuales, familiares y sociales.

Factores individuales

  • En trastornos por restricción: predisposición genética, rasgos de personalidad como la autoexigencia y perfeccionismo extremos, necesidad de control, rigidez cognitiva y una baja autoestima.
  • En la bulimia o el síndrome del atracón: ansiedad e impulsividad. Autoestima y auto-imagen negativa. También influye cómo ha sido percibida la persona en su entorno durante su adolescencia.

La doctora Remedios Gutiérrez, psiquiatra, endocrino/internista y psicoanalista del CEAP, observa que durante la adolescencia se gestan la gran mayoría de TCA, pues al estar en pleno desarrollo la personalidad, la autoestima y el rol social hacen que sea uno de los momentos en que se vive una mayor presión ambiental en torno a la imagen corporal.

familia china comiendo
El 7,3 % de las personas son proclives a experimente fuertes ansias o antojos de alimentos que pueden llevarles a comer en exceso en una variedad de entornos relacionados con la comida. EFE/EPA/WU HONG

Factores familiares

La doctora explica que en las familias desestructuradas tiende a darse una falta de estructura estable, que junto a los apegos inseguros, los hijos pueden tender a un TCA para aferrarse a un elemento de “orden” y estructura.

Los ambientes sobreprotectores derivan en dinámicas excesivamente controladoras y exigentes, por lo que el trastorno en estos casos se vive como una forma de encajar.

También puede detonarse debido a cambios traumáticos en la familia con un divorcio difícil o una muerte.

Factores sociales

La presión por alcanzar un ideal de belleza inalcanzable se inició en los años ochenta del siglo pasado, pero se ha amplificado a través de las redes sociales y la normalización de los filtros y cirugías estéticas.

“El sistema de tallas no juega a favor, al no estar unificadas ofrece un patrón heterogéneo. Hay un informe interesante al respecto titulado precisamente ‘No encontrar tu talla promueve la anorexia’, en el que se recoge como un 44% de la población se habría puesto a dieta al ver que no les valía la talla que ellos creían que era la suya”, explica la psiquiatra.

Además, continúan proliferando sin control los contenidos pro-anorexia y pro-bulimia.

Los TCA emergentes

La mayoría de los trastornos alimenticios tienen en común un factor de dismorfia corporal (no verse como uno es, distorsionado) y rasgos comunes con las adicciones, pues hay cierto “enganche” al propio trastorno, sus límites y “reglas” que se sienten como una forma de “ordenar” la propia vida, más allá del objetivo que se perseguía inicialmente.

“Siempre se quiere más porque el trastorno, que se inicia como una herramienta para alcanzar un fin, acaba siendo un fin en sí mismo”, aclara la doctora del CEAP.

La bulimia y la anorexia nerviosa son los trastornos alimenticios más frecuentes y conocidos. Sin embargo, en los últimos años, especialmente después de la pandemia, se ha disparado una gran variedad de trastornos alimenticios.

Los expertos del CEAP subrayan la importancia de la psicoterapia en todos los TCA. En algunos casos, el tratamiento farmacológico puede ser un complemento necesario según el trastorno.

Además, la concienciación social y la regulación de contenidos dañinos en redes sociales son clave para frenar esta epidemia silenciosa.

Síndrome del atracón y comedor nocturno

Es el trastorno alimentario más extendido, afectando a dos tercios de las mujeres y un tercio de los hombres.

Se caracteriza por ingestas excesivas con un elevado consumo de alimentos hipercalóricos en un intervalo corto de tiempo, acompañado por una sensación de pérdida de control y sentimiento de culpa tras la ingesta.

A diferencia de la bulimia, en el síndrome del atracón no hay conductas compensatorias, lo que puede derivar en obesidad, diabetes o enfermedades cardiovasculares. En su variante nocturna, los episodios ocurren exclusivamente en la noche, a menudo vinculados con trastornos del sueño.

“Para su tratamiento, además de la psicoterapia, recomendada en todos los TCA, a nivel psiquiátrico los fármacos empleados para TDA y TDAH han demostrado funcionar en ciertos casos de trastorno por atracón”, especifica la doctora.

Fatorexia: el TCA inverso

Afecta principalmente a hombres mayores de 40 años y consiste en una distorsión de la imagen corporal en la que la persona, a pesar de tener sobrepeso u obesidad, se percibe delgada.

Su impacto en la salud puede ser tan grave como el de la anorexia, por los graves problemas de salud asociados a la obesidad, como el tratamiento de diabetes tipo II, hipertensión y enfermedades cardiovasculares severas.

Su tratamiento pasa por la psicoterapia y un acompañamiento nutricional para lograr una bajada de peso saludable, posibilitando disminuir los riesgos asociados con la obesidad.

Ortorexia: la obsesión por lo “puro”

Cada vez más impulsada por las redes sociales, la ortorexia se basa en una obsesión patológica por consumir solo alimentos considerados “saludables” o “biológicamente puros”.

Este trastorno alimenticio puede llevar a graves deficiencias nutricionales (anemia, avitaminosis…) además de alterar la salud mental.

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Las personas con más riesgo de padecer ortorexia son las que presentan “perfiles perfeccionistas y exigentes. EFE/EPA/NEIL HALL

Trastorno por purga y vigorexia

En estos casos, las purgas (vómitos, laxantes o ejercicio excesivo) no van precedidas de un atracón. En la vigorexia, el trastorno se centra en una obsesión por ganar músculo, con patrones alimentarios poco saludables.

Un indicador es el intenso sentimiento de culpa ante la ingesta de algo no orgánico, castigándose con ayunos rígidos si se consume. Suele haber bajada de peso notable y pérdida de las sensaciones naturales de hambre y saciedad.

Los expertos señalan que a los ortoréxicos les cuesta mucho reconocer su problemática, pues creen estar haciendo lo correcto y suelen, incluso, difundir su modelo de alimentación. Consideran que su fórmula es idónea y tienden a menospreciar a quienes no la siguen.

Síndrome de rumiación

Según estudios recientes, se encuentra entre los trastornos alimenticios con mayor incidencia creciente, alcanzando al 3,1 % de la población.

“Popularizado” a principios de los 2000 por personajes famosos como Karl Lagerfeld (se llegó a conocer
popularmente como “la dieta del Kaiser”), se trata de masticar y escupir o regurgitar la comida inmediatamente tras ingerirla.

Se suele asociar a otros trastornos mentales como la depresión ansiosa y puede causar daños severos en el esófago, además de problemas de autoestima, aislamiento social e infrapeso. En este caso los especialistas recomiendan terapia del comportamiento y medicamentos para aliviar los potenciales daños fisiológicos.

Trastorno de evitación/restricción de la ingesta

Este trastorno es cada vez más común y afecta al 3,2 % de la población infantil. Se caracteriza porque los afectados comen muy poco y/o tratan de evitar ciertos alimentos. En su origen puede encontrarse una mala experiencia como un atragantamiento.

Puede causar problemas nutricionales severos y riesgo de muerte. Es habitual que conduzca a la pérdida de peso y quienes lo padecen muestran un desinterés general por comer, rechazo intenso a ciertos sabores, texturas, colores u olores.

La terapia cognitivo-conductual es una de sus mejores vías de tratamiento, pues ayuda a identificar conductas destructivas y modificarlas

Pica: comer lo no comestible

Es uno de los trastornos alimenticios menos conocidos por la población general, aunque cada vez afecta a más gente. Consiste en la ingesta regular de sustancias no alimenticias como tierra, tiza o pintura.

Es más frecuente en personas no neurotípicas, es decir, con trastornos del espectro autista o síndrome de Down. Su tratamiento más eficaz son las terapias de modificación conductual.

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La banalización del tratamiento de la obesidad aumenta el riesgo de generar otras patologías

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En la última década se ha producido una revolución de los nuevos fármacos para tratar la obesidad, de hecho, en 2021, la FDA de EE. UU. aprobó uno de estos compuestos con una dosis específica para la gestión crónica del peso, lo que incrementó su uso, tanto por prescripciones médicas como por atención mediática y redes sociales.

De esta forma, medicamentos como la semaglutida, liraglutida o tirzepatida entran en el debate digital (bajo sus nombres comerciales) sobre dietas y control del peso, lo que, en palabras del doctor Carlos Sala, jefe de la Unidad de la Obesidad del Hospital Quirónsalud Valencia, ha provocado una banalización de su uso y un desconocimiento de sus riesgos.

“Los fármacos análogos de GLP-1 y similares son seguros pero tienen efectos secundarios que muchos pacientes desconocen o banalizan. De hecho, su uso indiscriminado ha incrementado de forma alarmante el número de pancreatitis agudas y la pérdida de visión por neuritis óptica no isquémica”, ha advertido Sala.

Por ello, el doctor ha asegurado que, antes de iniciar un tratamiento con estos fármacos, se debe realizar una valoración previa de los pacientes que sufren obesidad en la que se incluya la posible presencia de enfermedades asociadas (hipertensión, dislipemia, hígado graso, apnea del sueño, enfermedad coronaria, ictus, etc.).

El efecto rebote

También será necesario recabar otros datos como el de peso y talla (IMC), cintura/cadera, cintura/talla, impacto psicológico de la enfermedad y objetivos realistas del paciente, edad, situación física, hábitos, etc.

De esta forma, ha explicado que si el exceso de peso es menor de 20-25 kg y el índice cintura/talla es menor de 0.6 (menos agresividad metabólica), y el paciente tiene capacidad de hacer ejercicio habitual la propuesta ideal es “el cambio de hábitos con apoyo farmacológico de 6 a 12 meses”.

Así, ha querido poner el foco en otra de las consecuencias del consumo sin conocimiento de estos medicamentos, puesto que tras la suspensión del tratamiento se producen reganancias de peso de forma natural, en especial, si no se han logrado los cambios de hábitos necesarios.

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Carlos Sala, jefe de la Unidad de Obesidad del Hospital Quirónsalud Valencia. Foto cedida

Con base en las publicaciones científicas, se acepta que el 15-20 % de los pacientes intervenidos quirúrgicamente pueden reganar parte del peso perdido a los 5 años, y que más del 80 % de los pacientes tratados mediante fármacos recuperan gran parte del peso perdido al año de suspender el tratamiento, siempre que no cambien de hábitos.

“La obesidad tiene un origen multifactorial, por eso el tratamiento debe ser multidisciplinar, con apoyo dietético-nutricional, psicológico y ejercicio físico mantenidos”, ha reiterado en declaraciones a EFE.

Por su parte, Rocío Práxedes, dietista-nutricionista de la Unidad de Obesidad del Hospital Quirónsalud Valencia, ha añadido que la educación nutricional desempeña un papel fundamental.

Sobre la dieta: recomendaciones y errores

Entre las recomendaciones que ha indicado Práxedes está priorizar alimentos densos en nutrientes -proteínas de calidad, verduras, frutas y grasas saludables- en porciones pequeñas, emplear técnicas culinarias que faciliten la digestión y el aprovechamiento de los nutrientes, como las cocciones prolongadas.

Y entre los errores alimentarios frecuentes ha señalado: saltarse comidas por falta de hambre, seguir consumiendo alimentos ultraprocesados, no asegurar suficiente proteína o descuidar la hidratación.

“Los alimentos son el vehículo que transporta los nutrientes, y estos son indispensables para la vida y el buen funcionamiento del organismo. La información y el asesoramiento permiten que el paciente comprenda el valor de organizar su alimentación”, ha comentado.

Por último, la dietista-nutricionista no recomienda el tratamiento de la obesidad con fármacos a personas sin diagnóstico previo, personas que no hayan intentado perder peso mediante una alimentación saludable y ejercicio físico o que recurran únicamente al medicamento, y pacientes en los que el riesgo de efectos adversos supere los beneficios potenciales. 

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La migraña en datos: conoce más sobre este dolor de cabeza intenso y discapacitante

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Es el tipo de dolor de cabeza más frecuente en las consultas. Afecta más a las mujeres que a los hombres y puede ser tan intenso que llega a ser discapacitante. Estos y otros datos que aporta la Fundación Española de Cefaleas nos ayudan a conocer más en profundidad a la migraña.

El abordaje contra la migraña consiste en seguir unas medidas generales, tratar las crisis de dolor y, en ocasiones, tomar un tratamiento preventivo.

La Fundación Española de Cefaleas (FECEF) ha elaborado un documento dirigido a pacientes y familiares con datos sobre la migraña que dan respuesta a las cuestiones más frecuentes que nos podemos plantear.

Qué es la migraña y algunos datos sobre la enfermedad

La migraña es una enfermedad neurológica frecuente y discapacitante que afecta aproximadamente a un 12 % de la población española. Se trata de una dolencia que impacta notablemente en la calidad de vida de las personas que la padecen. 

Afecta entre tres y cuatro veces más a las mujeres que a los hombres. Además, suele aparecer en edades tempranas. En ocasiones, las crisis se intensifican entre los 30 y 50 años y puede llegar a convertirse en migraña crónica, cuando el dolor de cabeza dura más de 15 días en un mes.

“Aunque muchas personas confunden migraña con cefalea, no es lo mismo», precisa el doctor Julio Pascual, presidente del Comité Científico y de Publicaciones de la FECEF y autor del documento. 

“La migraña es un tipo de cefalea que pertenece al grupo de las cefaleas primarias, que no tienen causa estructural identificable, mientras que las cefaleas secundarias tienen un origen conocido”, explica. 

Más del 90 % de las personas que acuden a consulta por dolor de cabeza sufren cefaleas primarias y, al menos, en dos de cada tres de los casos son migrañas. 

Síntomas y diagnóstico

El síntoma principal es un dolor de cabeza intenso que suele ser unilateral y pulsátil, con una duración de entre cuatro horas y tres días. El dolor empeora con la actividad física y con estímulos como la luz, el ruido o los olores, y puede acompañarse de náuseas o vómitos. 

Según el experto se denomina migraña sin aura, que lo padece un 70-80 % de los pacientes con migraña. 

El 20-30 % restante padece lo que se denomina migraña con aura, caracterizada por alteraciones visuales como borrosidad, luces o rayas coloreadas, adormecimiento de un lado de la cara y brazo y, en algunos casos, dificultad para hablar o entender. 

“Los síntomas del aura no duran más de una hora y no dejan secuelas”, indica el experto. 

El diagnóstico se basa en la descripción de los síntomas y en una exploración neurológica que incluye la evaluación del fondo de ojo. En la mayoría de los casos no es necesario realizar estudios radiológicos. 

Una enfermedad hereditaria: datos sobre factores genéticos de la migraña

La enfermedad tiene un importante componente genético. Así lo recoge el documento de la FECEF, que señala que muchas personas que la padecen cuentan con antecedentes familiares. 

Determinados genes favorecen una activación excesiva del nervio trigémino, lo que desencadena la liberación de sustancias como el péptido CGRP en las meninges, la capa que recubre a los huesos, que producen dolor al producir inflamación y dilatación de los vasos sanguíneos. 

No obstante, también existen factores no genéticos que contribuyen a la aparición de crisis de migraña e influyen en su frecuencia. Destacan:

  • Los cambios en las hormonas sexuales femeninas (especialmente los relacionados con el ciclo menstrual).
  • El estrés.
  • Las alteraciones del sueño.
  • Las variaciones meteorológicas.
EFE/Javier Etxezarreta

Medidas generales de tratamiento

Como la migraña no avisa, el doctor Julio pascual ofrece unos consejos para mejorar la calidad de vida:

  • Mantener una buena higiene del sueño (no dormir pocas horas, pero tampoco dormir en exceso).
  • Practicar ejercicio.
  • Llevar una alimentación equilibrada, evitando atracones y ayunos prolongados.
  • Evitar el sobrepeso.
  • Evitar alimentos que generen una relación clara con el dolor de cada paciente.

¿Cómo tratar las crisis?

Las crisis de migraña se tratan con fármacos. Para las crisis moderadas se usan antiinflamatorios de acción rápida. 

Para los que no responden a los antiinflamatorios, o si hay crisis con dolor más intenso, se usan los triptanes, fármacos específicos para la migraña que se administran de varias formas (oral, sublingual, nasal o inyección cutánea). 

Para personas con problemas cardíacos o que no toleran los triptanes se cuenta con otras opciones como fármacos con principios activos de rimegepant o lasmiditán

Por el contrario, se recomienda evitar el uso de analgésitcos combinados, egotamina o derivados opiáceos, ya que puede provocar adicción y cronificación de la migraña. 

Tratamiento preventivo

Según el presidente del Comité Científico y de Publicaciones de la FECEF, el tratamiento preventivo “está indicado cuando los episodios son frecuentes, más de cuatro al mes, y no responden al tratamiento de crisis”.

El doctor indica que este tipo de tratamiento incluye betabloqueantes, topiramato o flunarizina, y se debe tomar durante al menos seis meses.

En casos de falta de respuesta o tolerabilidad, se recurre a otras opciones como infiltraciones de toxina botulínica alrededor de cabeza y cuello o las terapias dirigidas contra el CGRP, que incluyen anticuerpos monoclonales inyectables o gepantes orales.

Estas alternativas han demostrado alta eficacia incluso en pacientes resistentes a tratamientos preventivos clásicos y presentan un perfil de seguridad y tolerancia mayor. 

Por ello, los fármacos anti-CGRP se consideran actualmente una de las mejores opciones preventivas para la migraña.

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Este neuropsicólogo quiere que cuidemos mejor nuestro cerebro y ha escrito un «manual» para contarlo

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Por David Castellanos y Mar Ampuero |

Ayuda volver a lo básico, ponerlo como punto de partida de lo que sea que nos propongamos. Tendemos muchas veces a complicar las cosas y los procesos. El neuropsicólogo Saúl Martínez-Horta recomienda no olvidarnos de “usar el cerebro para aquello para lo que la evolución lo construyó, que es resolver problemas, relacionarse con personas, aprender nuevas cosas”. Porque se trata de cuidarlo, y así, cuidarnos. Cómo hacerlo es lo que cuenta en un libro titulado “El cielo que olvida sus estrellas”.

En una entrevista a EFE Salud, Martínez-Horta, también director de la unidad de Neuropsicología del Centro de Diagnóstico e Intervención Neurocognitiva de Barcelona, destaca: “Enfermar o no depende de muchísimos factores. La cuestión es cuando ello suceda, si llega a suceder, cómo va a suceder. Y el aspecto que va a tener una misma enfermedad puede ser muy distinto si hemos dedicado una parte de nuestra vida a algo tan obvio como cuidarnos”.

Se refiere a las enfermedades neurodegenerativas, que cuando se diagnostican, suponen un varapalo para pacientes y familias. De aquí brota ‘El cielo que olvida sus estrellas”.

“El motivo por el cual he escrito este libro es esencialmente porque en muchas ocasiones tenemos que dedicar muchísimo tiempo a contar a las familias qué es lo que les está sucediendo, qué es lo que va a pasar, responder a preguntas que a nosotros nos parecen muy obvias pero que para las personas que van a convivir con enfermedades del sistema nervioso durante toda su vida nadie se las ha podido responder”, explica.

En EFE Salud hablamos con Martínez-Horta sobre esta suerte de “ manual” que ayuda a aquellas personas con enfermedades neurodegenerativas y a sus familiares a comprender el “porqué de lo que les ha tocado vivir».

Factores de riesgo de las enfermedades del cerebro

No es sencillo contar cómo funciona el cerebro, aún envuelto en misterio. Pero las zonas de claridad van ganando terreno. “Hace mucho tiempo que sabemos que el producto de la función cerebral, algo tan complejo como la mente humana, como la memoria, la consciencia, las emociones, no están en un lugar ni dependen de un lugar, sino que son consecuencia de una compleja interacción de múltiples actores que de algún modo dialogan entre ellos, algo así como un concierto perfectamente coordinado”.

En el libro, Martínez-Horta recurre a una analogía. Dado que en el cerebro muchos actores interactúan y dialogan entre sí, el retrato de cuanto acontece podría asemejarse al “mapa de una ciudad en la que están sucediendo una infinidad de cosas”.

Conocer el mapa es clave para conocer los riesgos. ¿Y cuáles son los riesgos, por tanto, de las enfermedades neurodegenerativas?

EFE/Sashenka Gutiérrezááá

Si dejamos al margen la parte genética que puede determinar que una persona padezca una enfermedad, Martínez-Horta enumera los siguientes:

  • El aislamiento social. Somos seres sociales. En consecuencia, “el impacto de la relación social en la construcción del cerebro, tal y como lo entendemos, es fundamental”, comunica Martínez-Horta.  
  • La hipertensión arterial. La elevada y continua presión golpea los vasos sanguíneos cerebrales, que van dejando pequeños sangrados y cicatrices y pueden dejar tejido muerto neuronal disfuncional.
  • El azúcar. Esta sustancia intoxica. El exceso de glucosa en casos de diabetes va causando un daño progresivo en el cerebro. 
  • La obesidad y los niveles altos de colesterol LDL y de triglicéridos.
  • El tabaquismo y el consumo de alcohol y de drogas. A este respecto, asegura Martínez-Horta: “En nuestra cultura se ha normalizado un patrón de uso y de abuso del alcohol con fines lúdicos, con fines sociales que desde una perspectiva de salud cardiovascular y desde una perspectiva de salud cerebral no tiene ningún sentido”. “No hay dosis de alcohol saludable”, concluye. 

Consejos para cuidar el cerebro

Seguimos en el mapa de la ciudad. Vistos los riesgos, vayamos a los consejos.

Como punto de partida, y retomamos así el comienzo de este texto, acudir a lo básico; a lo obvio. «La verdad es que no hay que buscar nada demasiado mágico. Es decir, tenemos la suerte de vivir en un país en el que disponemos de la mayoría de los factores que nos ayudan a protegernos».

Y estos son:

  • La dieta mediterránea
  • Actividad física y ejercicio
  • Socialización

«Básicamente, no olvidarnos de usar el cerebro para aquello que la evolución lo construyó, que es resolver problemas, que es relacionarse con personas, que es aprender nuevas cosas”, señala Saúl Martínez-Horta.

Enfermedades del cerebro: ¿Existe una más agresiva que otra?

Con respecto a las enfermedades neurodegenerativas, Saúl Martínez-Horta matiza que la más agresiva es aquella que te toca vivir. 

“La enfermedad más grave es aquella que te afecta y no hay una competición en torno a cuál es mejor o cuál es peor, sino que para el individuo que la sufre esa es la peor, para él y para su entorno”, opina el especialista. 

Hay enfermedades del cerebro que tienen “una crudeza especial” por la velocidad con la que suceden, como las enfermedades priónicas, que son rápidamente progresivas.

Pero también, por el factor hereditario, la enfermedad de Huntington. “El hecho de que los hijos nazcan con el riesgo de haber heredado la mutación que les causará la misma enfermedad con la que habrán visto enfermar y morir a su padre o a su madre” tiene un importante peso psicológico.

La importancia de una divulgación científica veraz en redes

Saúl Martínez-Horta divulga su conocimiento en X (antes Twitter) y se define como un “divulgador muy honesto”. Cree que “transmitir conocimiento en torno a la salud se tiene que hacer con mucha humildad.

Habla de la importancia de divulgar con conocimiento y con evidencia. “Es muy fácil divulgar sin contar la verdad”, alerta el neuropsicólogo. 

En ciencia, dice, para que algo se convierta en avance científico, además de someter la investigación a un “método muy riguroso”, la comunidad científica revisará y cuestionará si es válido y veraz.

En redes sociales, en cambio, no hay un control sobre lo que es veraz, y cree que eso es “peligrosísimo”, especialmente cuando se habla de temas de salud.

Advierte sobre el problema de dar más credibilidad a un divulgador según el número de seguidores que tenga en Instagram. Y hace un llamamiento al mundo de la comunicación para plantearse a controlar de manera firme quién debe contar cierta información. 

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