“Estos síntomas en niños y niñas, sobre todo menores de cinco años, pueden ser confusos, por lo que la apendicitis suele ser más difícil de sospechar e historiar”, advierte el Dr. Marín Gabriel, también director científico del Instituto Clínico del Aparato digestivo (ICAdig).
Desde el punto de vista anatómico, el apéndice habrá aumentado de tamaño por obstrucción: las bacterias que normalmente viven allí empiezan a multiplicarse sin control, lo que provoca que se llene de pus y se engrose.
“La causa del taponamiento podrá deberse a un fragmento de heces duras, lo que llamamos un apendicolito (fecalito), a la inflamación del tejido linfático, restos de comida o, en casos más raros, un cuerpo extraño, parásitos, incluso un tumor como el mucocele“, explica.
“Y si no se trata a tiempo, el apéndice puede romperse y liberar dentro del abdomen todo el material infeccioso que contiene esta zona del colon, lo cual desencadena una peritonitis, una infección bastante grave de la cavidad abdominal”, indica el Dr. Marín Gabriel.
El apéndice, prolongación de unos nueve o diez centímetros con forma de gusano, cuelga del ciego, la parte del colon que se conecta con el íleon (intestino delgado). “De hecho -apunta-, su nombre médico completo es apéndice vermiforme”.
La utilidad del apéndice en los seres humanos es doble: por un lado, ayuda al sistema inmunológico y, por el otro, refuerza el mantenimiento de la microbiota intestinal.
En cuanto a su primera función, contiene abundante tejido linfoide, lo que contribuye a la maduración de cierto tipo de glóbulos blancos, esenciales para la defensa frente a microorganismos patógenos.
En relación a la microbiota, actúa como un reservorio de bacterias comensales, permitiendo la recolonización del colon tras episodios de diarrea o disbiosis, lo que favorece que nuestro intestino funcione correctamente.
“Está descartado, por tanto, que el apéndice sea una parte inútil del colon; aunque su ausencia, su extirpación mediante apendicectomía, no impida a las personas disfrutar de una vida saludable”, deja claro el Dr. Marín.
Dr. Marín Gabriel, ¿qué síntomas predicen la apendicitis y evitan una peritonitis?
Lo más común es que empiece con un dolor abdominal difuso, a menudo alrededor del ombligo. Con el paso de las horas, ese dolor se acaba por localizar en la parte inferior derecha del abdomen, justo donde está el apéndice, y se vuelve más intenso, agudo, y constante.
Junto con el dolor, es bastante típico que aparezcan la falta de apetito y náuseas, incluso vómitos. A veces, también aparece la fiebre, entre 37.5 y 38.5 grados, lo que denominamos febrícula.
En algunos casos, dependiendo de la ubicación del apéndice, la inflamación ocasionará molestias al orinar, algo de diarrea o sensación de malestar abdominal, pero estos síntomas no son los más habituales.
Además, la anatomía del apéndice no es exactamente igual en todos y todas nosotras. En algunas personas, el apéndice está colocado detrás del ciego y no “cuelga” en el abdomen. El término médico es “apéndice retrocecal”.
Eso hace que el apéndice se aleje del revestimiento de la cavidad y que el peritoneo no se irrite fácilmente.
En estos casos, los síntomas y datos habituales de la exploración de la tripa del paciente se modifican. El cuadro clásico de dolor periumbilical inicial que luego queda fijo en la fosa ilíaca derecha no suele darse.
Por el contrario, se generan dolores o molestias más vagas y en localizaciones que pueden despistarnos como el hipocondrio derecho (bajo las costillas y el hígado) o la región lumbar.
Con los niños pequeños la cosa se complica, porque muchas veces no saben explicar qué les duele o simplemente se muestran muy irritables o decaídos. En ellos, el cuadro puede no ser tan claro como en adultos, lo que puede dificultar el diagnóstico.
Orificio de conexión entre el ciego y el apéndice observado mediante colonoscopia. Imágenes cedidas por el Dr. Marín Gabriel.
¿Y cómo se diagnostica una apendicitis?
El diagnóstico inicial se basa en los síntomas: el médico preguntará cómo empezó el dolor, cómo ha ido evolucionando y luego explorará el abdomen del paciente.
Hay ciertas maniobras que resultan orientativas, como ese dolor fuerte que aparece al presionar y luego soltar bruscamente sobre la zona del apéndice (punto de McBurney), lo que se conoce como signo de rebote o de Blumberg; aunque ninguna de estas pruebas por sí sola es completamente fiable.
Por eso, el diagnóstico suele apoyarse también en pruebas de laboratorio.
En los análisis de sangre se observará elevación de reactantes de fase aguda y aparecen leucocitos altos o una proteína C reactiva elevada, lo que orienta hacia algún proceso inflamatorio o infeccioso.
Se suele pedir también un análisis de orina para descartar otras causas como una infección urinaria que pueda confundirse con una apendicitis.
Las pruebas de imagen también ayudan mucho.
En general, la ecografía abdominal es la primera opción porque no implica radiación, es muy accesible y puede mostrar un apéndice inflamado o una colección de pus, esto es, un absceso.
Si con la ecografía no se ve claro se suele solicitar a una tomografía computarizada (TC), que confirmará el diagnóstico.
En ciertos casos específicos, como mujeres embarazadas en las que se debe evitar la exposición a radiaciones, también se puede usar la resonancia magnética.
En definitiva, el análisis combinado de los síntomas, la exploración física y las pruebas de imagen nos permite llegar a un diagnóstico bastante certero en la mayoría de los casos.
El jugador Álex Baena, del Club de Fútbol Atlético de Madrid, junto al presidente de la entidad rojiblanca, Enrique Cerezo, el día de su presentación oficial en el Estadio Metropolitano de la capital española. Baena, centrocampista, ya entrena con el resto de la plantilla que dirige Diego Pablo Simeone después de superar el periodo de recuperación tras sufrir una apendicitis. EFE
Aun que sea una enfermedad frecuente, y ahí tenemos los últimos casos mediáticos de los jugadores de fútbol Álex Baena y Daniel Mosquera, colombiano del Hellas Verona, se dice que una apendicitis puede llegar a provocar la muerte, ¿es así, doctor?
Aunque este episodio fatal sea anecdótico, la apendicitis se puede complicar. Si no se detecta a tiempo, la inflamación del apéndice puede avanzar y terminar en una perforación.
Cuando eso ocurre, el contenido inflamatorio y las heces del colon pasan a la cavidad abdominal, lo que tiende a provocar una peritonitis generalizada o la formación de abscesos. Todo ello, provoca un deterioro grave del estado de salud.
Antes de que existieran los antibióticos y las cirugías actuales, una apendicitis perforada solía ser una sentencia de muerte.
En la antigüedad, de hecho, se denominaba “cólico miserere” a algunos de estos dolores abdominales agudos con irritación del abdomen. Muchos de ellos eran provocados por apendicitis y, en ausencia de tratamiento, más de la mitad de los casos terminaban en fallecimiento por sepsis u otras complicaciones.
Hoy en día, por suerte, eso es infrecuente y raro.
Si se actúa con rapidez, la tasa de mortalidad por apendicitis aguda es bajísima, por debajo del 1 %. De hecho, en algunos estudios se menciona que apenas hablaríamos de una o dos personas cada mil casos en la población general.
En niñ@s, el riesgo es todavía menor: se estima que muere menos de uno por cada mil casos. El problema aumenta cuando el diagnóstico es tardío.
Si el apéndice ya está perforado al momento de intervenir, las posibilidades de complicaciones serias aumentan de forma considerable. En esos casos, la mortalidad puede subir al 2-5 %, dependiendo de la edad del paciente, su estado general, las enfermedades asociadas y la gravedad de la infección.
En todo caso, en pacientes jóvenes y niños, incluso perforada, la apendicitis rara vez resulta fatal.
En los niños muy pequeños todo se complica un poco más. No sólo es más difícil identificar la apendicitis por lo inespecífico de los síntomas, sino que también es más probable que llegue a perforarse antes de que se diagnostique.
En menores de cinco años, por ejemplo, es común que los síntomas no sean los clásicos. No localizan bien el dolor, pueden presentar vómitos o fiebre, y todo eso puede confundirse con otras enfermedades, como una gastroenteritis.
Por eso no es raro que, cuando finalmente se descubre que se trata de una apendicitis, ya hayan pasado muchas horas: un 30-40 % de las apendicitis ya están perforadas al momento de la cirugía, frente a sólo un 10-20 % en adultos.
Aun así, hay que insistir en que, con el tratamiento adecuado, la gran mayoría se recupera sin mayores complicaciones.
Un caso muy raro de un tumor maligno mucocele apendicular: el tumor se extendió por la zona exterior del apéndice, propagándose por la membrana peritoneal que cubre el colon ascendente, invadiéndolo de fuera hacia adentro.
Dr. Marín, ¿Y a qué se debe el porcentaje de fallecimientos?
Lo cierto es que uno de los desafíos con la apendicitis es que puede parecerse a otras muchas dolencias. Y no sólo en niños y niñas, sino a cualquier edad. La lista de posibles enfermedades con las que puede confundirse es larga, por eso hay que estar muy atentos.
Por ejemplo, en las primeras horas puede confundirse con una gastroenteritis viral: se observa dolor de barriga, náuseas y quizás algo de diarrea. Pero la diferencia es que, en la apendicitis, el dolor va a más y no cede, mientras que la diarrea, si aparece, no suele ser tan llamativa.
En mujeres jóvenes, otro ejemplo clásico, un dolor en la parte baja del abdomen podría deberse tanto a una apendicitis como a un problema ginecológico. Hablamos de un posible embarazo ectópico o una torsión ovárica, cuyo tratamiento es completamente diferente.
También puede confundirse con un cólico nefrítico, es decir, una piedra en el riñón que baja por el uréter del lado derecho. Ese tipo de dolor puede parecerse bastante, aunque suele doler más hacia la espalda e irradiarse a la región inguinal.
Y en niños, un diagnóstico que hay que tener en cuenta es la adenitis mesentérica, que es una inflamación de ganglios en el abdomen, en la zona final del intestino delgado.
En las urgencias, cuando hay sospecha de apendicitis, se mantiene al paciente en observación, se vuelve a explorar el abdomen y se solicitan pruebas de imagen como la ecografía o el CT.
Dicho esto, en algunos casos los cirujanos prefieren operar cuando hay dudas porque, aunque luego resulte que el apéndice no estaba inflamado, los riesgos de una cirugía innecesaria son menores que los que conllevan dejar pasar una apendicitis complicada.
Claro que, con las técnicas de imagen actuales, eso de operar “por si acaso” es cada vez menos habitual. Las llamadas “apendicectomías en blanco” han disminuido de forma sostenida en las últimas décadas en países occidentales.
En adultos, las tasas actuales de apendicectomía negativa rondan el 5-10 % y han caído a este punto desde cifras históricas superiores al 20 %, especialmente en centros con acceso rutinario al escáner.
En pediatría, la tendencia es aún más marcada, con una frecuencia de apendicectomías sin inflamación histológica del apéndice de alrededor del 2 %.
Detalle de una tomografía de una apendicitis en una mujer.
Doctor, la apendicectomía sigue siendo el tratamiento recomendado para resolver una apendicitis, ¿disponemos de otros enfoques terapéuticos?
La apendicectomía es la opción más habitual, sobre todo porque resuelve el problema de raíz. Es una cirugía que lleva más de un siglo realizándose y, hoy por hoy, se practica sobre todo por vía laparoscópica.
Eso significa hacer pequeñas incisiones y usar una microcámara de vídeo, lo cual provoca menos dolor, una recuperación más rápida y cicatrices mínimas.
En ciertos casos puntuales, cuando la apendicitis está muy avanzada o hay un absceso grande, se puede optar por una cirugía abierta tradicional. Pero en general, la laparoscopia es lo más común.
Ahora bien, en los últimos años se ha estudiado la posibilidad de tratar algunas apendicitis con antibióticos, sin necesidad de operar.
Esto se considera sobre todo en casos no complicados, es decir, cuando el apéndice no está perforado ni hay absceso. La idea es que, si el origen es una infección, tal vez los antibióticos puedan solucionarlo.
El estudio más conocido al respecto se publicó en 2020. Allí se vio que alrededor del 70 % de los pacientes tratados sólo con antibióticos se recuperaban sin necesidad de cirugía inmediata.
Sin embargo, cerca de uno de cada tres pacientes terminó siendo operado durante los tres meses siguientes por recaídas o falta de mejoría.
También, se detectaron más complicaciones en los que tomaron antibióticos respecto a los operados directamente, especialmente si tenían lo que se llama un apendicolito, una especie de piedrecita, de materia fecal endurecida dentro del apéndice, que suele predecir un peor pronóstico si no se opera.
En resumen, el tratamiento sólo con antibióticos puede funcionar en algunos casos seleccionados, pero hay que tener muy claro que no es infalible. Por eso, hoy en día la cirugía sigue siendo la primera recomendación en la mayoría de los pacientes.
Ilustración de la Terapia Apendicular Endoscópica Retrógrada (ERAT, por sus siglas en inglés): el orificio apendicular se limpia mediante la extracción del material interior con balón de Fogarty, o con cesta, para luego colocar una endoprótesis.
Dr. Marín Gabriel, dado que el apéndice se encuentra en la parte más profunda del colon, ¿existe alguna posibilidad de intervenir una apendicitis por vía endoscópica?
Empieza a describirse una técnica nueva para la apendicitis que se llama ERAT, que significa Terapia Apendicular Endoscópica Retrógrada. En lugar de operar desde fuera, se accede al apéndice desde dentro del colon, usando un colonoscopio.
Se llega hasta donde se encuentra la abertura del apéndice, se limpia la zona, se puede sacar pus o restos y, en algunos casos, se coloca un pequeño tubo (un estent) para desobstruirlo.
Este método no necesita anestesia general y se hace sin abrir el abdomen. La ventaja es que no deja cicatrices, el apéndice se conserva y, en teoría, podría seguir cumpliendo su función inmunológica.
Los estudios iniciales, especialmente en China, donde se originó la técnica, son bastante prometedores: los pacientes se recuperan rápido, casi no necesitan analgésicos y la tasa de complicaciones parece ser muy baja.
En uno de los estudios sobre esta técnica, por ejemplo, solo el 9 % necesitó analgésicos después del tratamiento, frente al 50 % en el grupo operado. También pudieron empezar a comer antes y estuvieron menos tiempo hospitalizados.
Pero tiene sus inconvenientes: el riesgo de que la apendicitis vuelva a aparecer sigue estando ahí, dado que el apéndice no se retira. Por eso, alrededor del 15 % volvió a sufrir otra apendicitis en los siguientes tres años.
Aun así, muchos de esos casos pudieron tratarse con ERAT otra vez, con buenos resultados.
En cualquier caso, aunque los datos iniciales son positivos, falta evidencia clínica más sólida y de largo plazo para que se convierta en una terapia alternativa estándar.
Para finalizar esta entrevista, doctor, ¿qué recomendaciones ofrece al conjunto de la población sobre cuándo deben ir a Urgencias si sienten dolor abdominal constante y agudo, quizá por una posible apendicitis?
Lo esencial es no subestimar un dolor abdominal que va en aumento, ya que la apendicitis suele empezar como cualquier dolor abdominal, pero luego toma un rumbo diferente.
Recomendaría prestar atención especial a la presencia de dolor abdominal persistente, que empeora con el paso de las horas y se va localizando en la parte inferior derecha del abdomen.
Si al movernos, caminar o toser nos duele más, es una señal que no debemos ignorar.
Otro dato a tener en cuenta es la fiebre moderada que acompaña al dolor. No siempre aparece, pero si alguien tiene fiebre y dolor abdominal persistente, merece ser evaluado por un médico.
También suelen aparecer náuseas, vómitos y pérdida de apetito. Es raro que alguien con apendicitis tenga ganas de comer. Si esto ocurre junto con dolor abdominal, hay que consultar.
Y por supuesto, cualquier dolor muy intenso, generalizado o acompañado de síntomas como palidez, debilidad o sensación de mareo debe llevarnos a Urgencias sin pensarlo dos veces.
La clave está en no esperar a que el cuadro empeore. Si se actúa a tiempo, la cirugía suele ser sencilla y la recuperación muy rápida. Pero si dejamos que avance, las complicaciones pueden ser mucho más graves.
Y si, finalmente, resulta que no era apendicitis, mejor aún para el paciente.
En el próximo videoblog de Aparato Digestivo abordaremos una nueva entrevista con el Dr. José Carlos Marín Gabriel sobre la diverticulitis, especie de sacos o bolsas que se forman en la pared interna de los intestinos, normalmente en el colon.
EFE Salud recibió este martes el premio de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME) por su labor comunicativa, informativa y divulgativa, reflejadas en trabajos como el publicado el pasado 19 de octubre con motivo del Día Mundial contra el Cáncer de Mama.
La periodista de EFE Salud Ana Soteras fue la encargada de recoger el galardón, compartido en la presente edición con la doctora Mónica Lalanda Sanmiguel.
Soteras, Berta Pinillos y María Abad firman el trabajo sobre el cáncer de mama, que en diferentes formatos y con una identidad visual específica se centró en la incidencia de este tipo de cáncer en mujeres jóvenes.
La periodistas de EFE Salud María Abad, Ana Soteras y Berta Pinillos, autoras del especial premiado. EFE/ Fernando Villar
Para ello, las periodistas de la Agencia EFE desgranaron datos y contexto y entrevistaron a una mujer superviviente, a la psicooncóloga María Die Tril y a las doctoras e investigadoras María José Echarri y Elena López Miranda.
Las visiones de la ciencia médica y del acompañamiento clínico, y el testimonio de supervivencia, retrataron un panorama de avances y superación en un especial que contó con el patrocinio de la farmacéutica Roche.
Premios que reconocen investigaciones y trayectorias
La entrega del premio ha tenido lugar dentro de la solemne sesión inaugural del curso académico 2026, celebrada en Madrid.
Además del discurso inicial, a cargo del doctor José Ramón Berrazueta Fernández sobre la reducción de la mortalidad cardiovascular, los premios anuales de la RANME han marcado el acto.
Destinados, según recalca la propia Real Academia, a reconocer «el trabajo y la trayectoria de los profesionales de la medicina española, así como de aquellos que se dedican a darle visibilidad», los galardones se dividen en 12 categorías, repartidas a su vez entre las que premian investigaciones y las que distinguen cometidos profesionales.
Entre dichos premios ha destacado la medalla y el ingreso en la institución del jefe del Servicio de Hematoncología Pediátrica del Hospital Universitario La Paz de Madrid y profesor acreditado y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid, Antonio Pérez Martínez.
Generalmente, se identifica a los estrógenos como las hormonas sexuales femeninas y a la testosterona como la masculina, pero lo cierto es que mujeres y hombres producimos ambas, pero en distintos niveles. Aunque la bajada de testosterona en las mujeres puede afectar a su deseo sexual, tratar con suplementos de esta hormona no es una práctica clínica habitual, hace falta más investigación y, además, puede acarrear efectos secundarios.
La función de la testosterona es la virilización o desarrollo de las características masculinas que comienza en el desarrollo fetal y se dispara en la pubertad, al igual que hacen los estrógenos en el proceso de femenización, explica a EFE Salud el endocrinólogo Pablo Fernández Collazo, miembro del Grupo Gónada, Identidad y Diferenciación Sexual (GIDSEEN) de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN)
Aunque el papel principal sea el ámbito sexual, estas hormonas también actúan en el resto del organismo y lo normal es que desciendan con la edad.
Las hormonas en la mujer
Los estrógenosen la mujer, además de regular el ciclo menstrual, favorecen su salud ósea y tienen un cierto efecto protector en el metabolismo lipídico, “en cómo maneja el cuerpo las grasas”, explica el doctor
La menopausia, con la bajada de estrógenos, contribuye a aumentar el riesgo cardiovascular y la pérdida de densidad ósea (osteoporosis), y puede generar sofocos, falta de libido, sequedad vaginal o insomnio.
La testosterona en las mujeres, presente en niveles muy inferiores a los estrógenos, también contribuye en menor escala a la masa muscular y ósea y afecta asimismo a su deseo sexual.
Las hormonas en el hombre
Además de la virilización o desarrollo de las características masculinas, la testosterona en el hombre aumenta la masa muscular, la densidad ósea y la hemoglobina.
De manera individual, no como regla general, puede tener efectos en el comportamiento masculino y más exceso de testosterona se puede asociar a “mayor tendencia a la agresividad y la competitividad”, explica el endocrino, que también menciona las fluctuaciones de ánimo que los estrógenos pueden provocar en las mujeres en el ciclo menstrual.
Con la edad, el hombre también tiene un descenso de testosterona: “No es tan brusco como la menopausia, el descenso es más variable, más paulatino y relacionado con la edad. No es equivalente a la bajada de los estrógenos en la mujer”.
Por su parte, la función de los estrógenos en el hombre es menos conocida, aunque sí pueden tener alguna influencia en la salud ósea y en la fertilidad.
¿Qué ocurre si los niveles de estas hormonas están elevados?
Si biológicamente se produce un desequilibrio y el hombre tiene niveles elevados de estrógenos se puede producir “una cierta feminización”, es decir, crecimiento mamario, lo que se conoce como ginecomastia; tendría afectación en la función sexual y podría haber una redistribución de la grasa corporal (más en los glúteos), cambios en la piel y menos vello de forma leve.
En el caso contrario, cuando los niveles de testosterona están por encima de lo normal en la mujer, se produce virilización con vello facial, alteraciones menstruales o aumento de la masa muscular.
Endocrinólogo Pablo Fernández Collazo, miembro del Grupo Gónada, Identidad y Diferenciación Sexual de la Sociedad Española de Endocrinología Y nutrición (SEEN). Foto cedida
¿Déficit de testosterona en las mujeres?
La bajada de los estrógenos en la menopausia es un proceso con amplia evidencia científica y se puede compensar con diferentes tratamientos, como por ejemplo la terapia hormonal sustitutiva, siempre en función del perfil de la paciente y bajo supervisión médica.
También puede haber un descenso normal de testosterona en las mujeres, asociado a la edad. Pero considerar que esta bajada es un déficit de testosterona es algo controvertido a pesar de que se habla en distintos foros y se proponen algunos tratamientos.
“Es un tema que los endocrinólogos vemos con preocupación”, asegura Pablo Fernández Collazo.
Y explica que los niveles de testosterona en las mujeres son tan bajos que las técnicas con las cuentan determinados hopsitales, ya que no todos tienen, la miden de forma inexacta.
Y además, los niveles hormonales son muy fluctuantes en una misma persona.
Sí es posible que la mujer en la menopausia y ante un descenso normal también de testosterona, puede tener falta de deseo sexual, peor respuesta sexual o fatiga, algo común con la pérdida de estrógenos en esa etapa.
Atribuir esos efectos a un “déficit de testosterona como se hace en algunos foros”, apunta el médico, no es exacto y tratar de medirlo “no es algo que se haga de rutina, sino en casos seleccionados y por personal muy cualificado“.
“Hay que mandar un mensaje muy importante: es algo que existe, que es una opción, pero para casos muy concretos, muy seleccionados, que tiene que evaluar un especialista”, recalca.
EFE/ase
Terapias con testosterona
Y existen algunas terapias “que están empezando, que están teniendo mucho furor en algunos foros», pero la realidad es que, en España, «no hay ninguna formulación de testosterona que tenga indicación en ficha técnica» para contrarrestar la falta de libido en las mujeres .
«Si se prescribe con esta indicación debe advertirse a la paciente y que firme un consentimiento», puntualiza el endocrino.
Y precisa: «En mujeres, la dosis sustitutiva de testosterona es de 1/10 de la de varón, aproximadamente. No tenemos formulaciones de testosterona comercializadas en España que aporten esa cantidad».
Fernández Collazo aclara que los intentos de comercializar una «viagra femenina», con poco éxito, en general no son preparados basados en testosterona.
Además, esos tratamientos de suplementación en la mujer tienen el riesgo de efectos secundarios no deseados, como la virilización que conlleva la aparición de vello, sobre todo en la cara, el agravamiento de la voz, aumento de la masa muscular y alteraciones en la piel.
El portavoz de la GIDSEEN afirma: “Antes de hablar de suplementaciones hormonales o de cómo subir el nivel de hormonas, lo importante es llevar una vida sana, es determinante para mantener buenos niveles hormonales”.
Dieta equilibrada, ejercicio físico regular, mantener un peso saludable, descansar y dormir bien y evitar el estrés, son los hábitos de vida que recomienda en el endocrinólogo de la SEEN.
«Ante cualquier intervención en cirugía de mama, debemos planificar nuestro trabajo quirúrgico en función de un diseño basado en la forma, la simetría, el movimiento, la naturalidad y, sobre todo, la armonía necesaria con el resto del cuerpo de cada mujer», destaca el Dr. José María Pedraza Abad, cirujano plástico de la Clínica Imema de Madrid.
«Con este diseño previo, meticuloso y sustentando en la seguridad de la paciente, no sólo conseguiremos el resultado final satisfactorio que la mujer desea y está buscando, sino que estableceremos las claves anatómicas precisas para que el paso del tiempo no envejezcan sus nuevos pechos y sea feliz en los años venideros», opina.
Una mama de aspecto normal, de tamaño variable, simétrica a la vista de su par y ubicada sobre el músculo pectoral mayor, tendrá distribuido el tejido interno o el implante mamario, en su caso, con predominio en el polo inferior.
Su forma será redondeada y se visualizará una distancia adecuada entre la estructura de la areola-pezón y el surco submamario (límite inferior de la mama), manteniéndose idealmente por encima de la altura de este surco, que tiene una naturaleza ligamentosa.
Una cirugía de mama deberá recomponer el aspecto estético jovial de los senos de la mujer, minimizando el efecto del envejecimiento sobre los tejidos internos que sujetan cada mama.
El Dr. José María Pedraza Abad responde a diferentes cuestiones que EFEsalud le plantea en una entrevista con el interés informativo centrado en aquellas mujeres que decidan realizarse una mamoplastia de aumento, con implantes, de reducción, para aliviar molestias, o una mastopexia, elevación de senos caídos.
¡ATENCIÓN!, el reportaje audiovisual y fotográfico puede afectar a su sensibilidad.
Cicatrices en el surco inframamario tras una cirugía de aumento de pecho. Fotografías cedidas por el Dr. Pedraza Abad.
Tanto la asimetría de las mamas como su decaimiento, el tamaño reducido o un exceso mamario, al igual que sucede en casos de mamas tuberosas o por una malposición de implantes mamarios, pueden ser desencadenantes de cierta inestabilidad emocional en las mujeres, lo que a su vez podrá interferir en sus relaciones de pareja.
Dr. Pedraza Abad, ¿qué características físicas condicionan el diseño de una cirugía de mama?
Todos ellas estarán relacionadas con la forma de ambas mamas, la calidad de la piel, el ancho de su tórax, la edad de la paciente, la caída o ptosis, el consumo de algunas sustancias, como el tabaco, y los deseos que ellas tienen sobre el volumen y la elevación del pecho.
El diseño de la cirugía estará condicionado, a su vez, por el estado de la glándula de la paciente, la distancia entre su esternón y el pezón, la distancia entre la clavícula y la posición del pezón y el nivel del surco inframamario (pliegue natural que marca el límite inferior del seno al tocar el tórax).
Es muy importante analizar al detalle todos estos factores, ya que influirán en la selección de los implantes (forma, tamaño y componentes), que serán seleccionados junto a la paciente, para que se comporten de forma idónea a lo largo del tiempo.
Por tanto, el diseño en cirugía de mama, en comunión con la paciente, fijará cómo se verán las mamas, cómo se moverán, cómo se sentirán y cómo envejecerán sin contratiempos.
Con toda esta información, siempre antes de entrar a un quirófano, determinaremos el tipo y la técnica de cirugía que vamos a practicar, donde se incluirá el diseño de las cicatrices imprescindibles, otra de las grandes preocupaciones de la mujer.
¿Y estas cicatrices quedarán ocultas a la vista o la curiosidad?
En primer lugar, la cicatrización definitiva de las incisiones tras una cirugía de mama (inframamarias, periareolares y axilares, dependiendo de la técnica elegida) es un proceso fisiológico que termina en torno al año de la intervención quirúrgica.
Entonces, las cicatrices serán más o menos visibles en función de cómo responda la paciente durante ese tiempo de recuperación postoperatoria y de cómo cuide su piel día a día. En la mayoría de los casos las cicatrices serán muy poco visibles.
Entonces, Dr. Pedraza ¿qué diferencia existe entre una cirugía de mama correcta y una cirugía de mama verdaderamente bonita?
La diferencia básica está en cómo habremos planificado y ejecutado la cirugía de mama. La clave está en realizar todos estos pasos previos que hemos descrito para un eficaz, seguro y correcto diseño.
En Clínica Imema creemos que para ver y sentir la diferencia entre una cirugía correcta y una cirugía bonita las mujeres deben profundizar en el cómo se lleva a cabo la cirugía de mama, no sólo quedándonos en el qué se hace en la intervención.
Para concluir, doctor, ¿la cirugía plástica se adapta al deseo de las mujeres o son las mujeres las que se tienen que adaptar a la cirugía plástica?
La realidad es que se trata de una simbiosis en la zona de lo posible. Tratamos de adaptarnos a los deseos de las mujeres, pero hay algunos factores condicionantes que las pacientes deben entender para poder quedar satisfechas con el resultado de su cirugía de pecho.
En cualquier caso, para mí lo más importante es la sonrisa de las pacientes después de la intervención de cirugía de mama.
Mañana, miércoles 14 de enero, añadiremos a este reportaje una entrevista a la Dra. María Lema Tomé, anestesióloga y reanimadora de la Clínica Imema, quien nos ofrecerá los secretos de la seguridad física de las mujeres que deciden realizarse una cirugía de mama.
Y el jueves 15 de enero publicaremos una segunda entrevista con el Dr. Pedraza Abad sobre los implantes o prótesis en cirugía de mama.