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Ciencia y Salud

¿Qué es la prostatitis de la próstata?

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“Aún así, la prostatitis podrá afligir a cualquier hombre adulto de mayor edad, podrá ser persistente, demostrando cronicidad, y la causa podría ser abacteriana, desconocida”, añade la uróloga y cirujana del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

Como consecuencia de esta inflamación próstatica se ocasionarán trastornos miccionales (al orinar) relacionados con el aumento del volumen de la inflamación, ya que la próstata está situada justo debajo de la vejiga, delante del recto.

Además, la prostatitis ocasiona disfunción sexual (pérdida de libido, impotencia, capacidad eyaculatoria) y podrá generar un aumento signficativo de los niveles de PSA, un indicador orientado hacia el cáncer de próstata, provocando pánico escénico dada la edad del paciente.

“En un videoblog publicado hace ya un tiempo subrayaba que hablar de la próstata es poner el foco en uno de los temas de salud que más interesan y preocupan a los hombres, incluso sin que la mayoría de ellos conozca realmente dónde se localiza, cómo es y para qué sirge esta glándula orgánica” indica.

La próstata, del tamaño y forma de una castaña, atravesada por el conducto uretral, es una glándula sexual con misión reproductiva.

Su cometido es la creación de los nutrientes necesarios para dar soporte a los espermatozoides, favoreciendo su madurez y movilidad, para que sean capaces de fertilizar el óvulo. El líquido que produce la próstata forma parte del semen que eyacula el varón.

Prostatitis, otra palabra que enciende las alarmas del miedo varonil

“También decíamos en diferentes reportajes que para muchos varones, o más bien para casi todos, cualquier tema relacionado con la próstata es un misterio que les provoca suspicacia y temor; aspecto muy relacionado con la desinformación“, apunta.

“Si bien aquellos problemas que ocurren cuando uno llega cierta edad preocupan por el miedo al cáncer, tambien debemos de saber que la próstata da problemas en la juventud, aunque no siempre sea fácil resolverlos de manera rápida y definitiva”, recalca.

Cuando la próstata se hincha, se dificulta el vaciamiento de la vejiga debido al estrechamiento de la uretra prostática, desencadenante de los síntomas miccionales propios del momento y del dolor al rozar la orina toda la zona afectada.

Los síntomas miccionales de la prostatitis

Los síntomas de la prostatitis varían dependiendo del origen de la enfermedad y en función de la intensidad y manifestación clínica en cada individuo.

Prostatitis aguda: los síntomas suelen ser intensos y mostrarse repentinamente.

Fiebre, escalofríos y malestar general.

Dolor intenso en la zona pélvica, en el periné (zona entre el escroto y el ano) o en la parte inferior de la espalda.

Disuria: dolor, ardor o escozor al orinar.

Polaquiuria: necesidad frecuente y urgente de orinar.

Dificultad para iniciar o mantener el flujo urinario.

Sensación de vaciado incompleto de la vejiga.

Retención aguda de orina (RAO). A veces, incluso, el varón no pueden orinar.

Prostatitis crónica bacteriana: los síntomas, que pueden aparecer y desaparecer, son similares a los que origina la prostatitis aguda, pero menos intensos.

Dolor o molestia durante la eyaculación.

Disuria: dolor, ardor o escozor al orinar.

Polaquiuria: necesidad frecuente y urgente de orinar.

Sensación de vaciado incompleto de la vejiga.

Dificultad para mantener una erección.

Prostatitis crónica NO bacteriana o síndrome de dolor pélvico crónico: los síntomas serán similares a los que provoca la prostatitis crónica bacteriana. La diferencia fundamental es que en los análisis de la orina y el semen del paciente no se hallan bacterias que certifiquen el diagnóstico.

Dra. Carmen González Enguita

El diagnóstico real de las prostatitis

El diagnóstico de toda prostatitis implica una evaluación clínica exhaustiva y estudios de laboratorio. De la historia clínica del paciente interesa conocer los síntomas, su duración y el impacto en su calidad de vida.

El examen físico de la próstata, mediante tacto rectal, con el fin de evaluar la zona pélvica y descartar otras causas, es imperativo en casos crónicos… aunque no es recomendable en los procesos agudos.

“Practicar un tacto rectal aumenta el riesgo de agravar los síntomas en la zona afectada y a nivel sistémico: bacteriemia o presencia de estos microorganismos en el fluido sanguíneo”, señala la uróloga.

Se debe de realizar siempre un análisis de orina para identificar la bacteria responsable de esta infección urinaria. La ausencia de bacterias nos orientará hacia cuadros crónicos abacterianos.

Los análisis de sangre en los cuadros de prostatitis aguda iran orientados a la busqueda de datos de la infección y de la respuesta inflamatoria del organismo: hemograma completo, recuento, fórmula y VSG (velocidad de sedimentación globular), que es una medida indirecta del grado de inflamación en el organismo.

Se realizarán hemocultivos (detección de bacterias en la sangre) en el caso de la prostatitis aguda.

Sólo es eficiente un análisis del semen cuando se verifica mediante la prueba de Stamey o estudio microbiológico del fluido prostático obtenido tras un masaje de la próstata. Es necesario cumplir los siguientes pasos:

Se toma una muestra de orina inicial, antes del tacto rectal.

A continuación, se practica un tacto rectal presionando con suavidad la glándula prostática.

Se recogerán dos muestras de orina con varios minutos de intervalo entre las micciones.

Un resultado positivo sugiere infección bacteriana en la próstata si se encuentra una cantidad significativa de bacterias en las muestras de orina recolectadas después del masaje prostático.

“Cualquier enterobacteria o familia de bacterias que viven en nuestros intestinos (comunes en las infecciones urinarias) puede causar prostatitis”, resalta la especialista.

“Pero también pueden ser responsables aquellas bacterias que se transmiten a través del contacto sexual no saludable, sin higiene y sin profilaxis (clamidia, gonorrea, ureaplasma, etc.)”, remarca la Dra. González Enguita.

Los estudios por la imagen (ecografía transrectal o resonancia magnética) se podrán utilizar en casos crónicos, aunque no aportarán valor al cuadro patológico; pero sí evaluarán la morfología de la próstata y podrán descartar otras enfermedades urológicas.

En los casos de prostatitis crónica abacteriana, también conocida como síndrome de dolor pélvico crónico, no existe una prueba específica que pueda confirmar este diagnóstico con certeza.

¿Cómo se tratan las prostatitis agudas y crónicas?

“Es importante destacar que el tratamiento específico dependerá del tipo de prostatitis diagnosticada y de la evaluación individual del médico, por lo que es fundamental cumplir tanto las recomendaciones como el plan terapéutico prescrito”, determina.

En el caso de la prostatitis bacteriana aguda se recetan antibióticos para tratar la infección. El tipo de antibiótico y la duración del tratamiento dependerá de los resultados del cultivo de orina, semen o líquido prostático.

Para las prostatitis bacterianas crónicas se pueden utilizar ciclos más largos de antibióticos.

Se emplearán medicamentos no esteroideos (AINE) para el dolor y la inflamación asociados a las prostatitis, como ibuprofeno o naproxeno. En algunos casos, analgésicos más potentes si el dolor es intenso.

En ocasiones, la prostatitis provoca contracción muscular de respuesta local (perineal-pélvica) que se beneficia de fármacos de relajación muscular para ayudar a reducir los síntomas.

Se puede recomendar terapia física en algunos casos.

Incluye masajes pélvicos, ejercicios de relajación muscular, estiramientos y técnicas de ‘biofeedback‘ (control de las funciones corporales mediante electrodos) para ayudar a reducir el dolor y la tensión muscular en la zona pélvica.

A la vez, conviene realizar cambios en el estilo de vida: evitar tabaco, alcohol y la cafeína; cumplir una dieta saludable; descartar el sedentarismo; y practicar activamente las relaciones de pareja, con sexo libre, sano y seguro.

La prevención de la prostatitis para mejorar el físico varonil

“Si bien no se pueden evitar todas las prostatitis, hay medidas que sí reducen el riesgo de desarrollar esta afección urológica”, observa.

Mantener una buena higiene genital: limpieza adecuada de la zona genital y anal, utilizando jabones suaves y evitando irritantes químicos.

Sexo seguro: los preservativos durante las relaciones sexuales reducen significativamente el riesgo de infecciones de transmisión sexual (ITS) que contribuyen a generar prostatitis.

Micciones frecuentes: vaciar la vejiga con regularidad evita que la orina esté retenida en la vejiga durante períodos prolongados, lo que puede ayudar a prevenir la acumulación de bacterias en la próstata.

Evitar la exposición a los agentes excitantes: las bebidas alcohólicas, la cafeína y los alimentos picantes pueden irritar la próstata y aumentar el riesgo de desarrollar prostatitis.

Eludir en lo posible las lesiones pélvicas: usar equipos de protección adecuados al practicar deportes de contacto (ciclismo, equitación, motorismo); conducir con descansos en viajes largos; al igual que se deben reducir el número de horas horas sentados frente al ordenador.

La buena calidad de vida también es sinónimo de un sistema inmunológico vigoroso: el riesgo de infecciones se aminora con alimentación saludable, ejercicio regular, descanso regular, actividad física y mental, dormir bien al menos seis horas, evitar el estrés innecesario y mantener relaciones afectivas y sociales satisfactorias.

“En cualquier caso, es fundamental que los pacientes no se obsesionen. Exacerbar los síntomas siempre empeora el malestar físico y emocional, dificultando la recuperación”, enmarca la Dra. Carmen González Enguita.

Además, el exceso de preocupación puede llevar a realizar diferentes tratamientos ineficaces o innecesarios, lo cual puede generar frustración y desgaste emocional.

“El estrés, cuando es persistente o crónico, afecta negativamente el sistema inmunológico y a la salud en general”, concluye.

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El dolor intenso del aborto farmacológico

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Hacia esta misma tesis apuntó un estudio italiano de finales de 2022, en el que colaboraron tanto la Unidad Operativa de Ginecología y Fisiopatología de la Reproducción Humana del Policlínico S. Orsola Hospital Malpighi como el Departamento de Obstetricia y Ginecología del Hospital Maggiore Azienda USL de Bolonia.

En la investigación participaron 242 pacientes, mujeres que estaban en el primer trimestre del embarazo, y todas se sometieron a un aborto farmacológico a base de los medicamentos mifepristona y misoprostol.

Se requirió para el mismo cumplimentar cuestionarios para establecer el nivel de ansiedad antes del tratamiento abortivo. A todas se les administró ibuprofeno con fines analgésicos y morfina oral a quien lo solicitara.

Seis horas después de la dosis de misoprostol, todas las mujeres tuvieron que indicar la intensidad del dolor experimentado duante el procedimiento. Se ayudaron para tal fin de la escala visuoanalógica (EVA).

Las mujeres que habían solicitado morfina oral (alivio del dolor moderado o intenso) valoraron su aflicción antes de poder tomar el medicamento reconfortante.

«El 38 % de todas ellas sufrieron un dolor inteso, no fuerte, sino intenso, durante el proceso del aborto farmacológico«, destaca la Dra. Carmen Sala, tocoginecóloga de la Clínica Gine-3 de Barcelona y experta en calidad de vida de la mujer.

«Y tengo otra reflexión que ofrecer: no todas las mujeres menores de edad que deciden interrumpir libremente su embarazo están acompañadas de una persona adulta durante las diferentes fases intensamente dolorosas del aborto farmacológico»

¿En qué consiste un aborto farmacológico?

La medicación que se facilita a la mujer para conseguir el aborto farmacológico consiste en dos productos: el antiprogestágeno mifepristona (vía oral, bucal o vaginal) y el misoprostol, análogo de prostaglandina.

La mifepristona bloquea la implantación del óvulo fecundado en el endometrio, que llega tres o cuatro días después de la fertilización al útero desde las trompas de Falopio, o impide que se desarrolle adecuadamente el embrión (hasta la novena semana de gestación).

La hormona progesterona actúa sobre el endometrio para que este recubrimiento interior del útero se engrose y reciba al óvulo fecundado con toda su plenitud.

Además, la mifepristona aumenta la sensibilidad uterina a las prostaglandinas y ayuda a madurar el cuello uterino.

A las 24-48 horas de la toma de la mifepristona, estas mujeres embarazadas, ya en su casa, deben administrarse el fármaco misoprostol.

El misoprostol provocará las contracciones del útero, la apertura del cuello uterino (cérvix) y la expulsión del embrión, dándose por finalizada la gestación.

La tasa de eficacia de este tratamiento farmacológico dual en este periodo se estima entre un 94-98 %.

El éxito del procedimiento consiste en la expulsión completa del saco gestacional; por lo tanto, no se requerirá otro tratamiento posterior.

Si no se consigue el objetivo, tras una revisión ecográficas pasadas dos semanas, se podrá realizar otro tratamiento abortivo, como un legrado uterino por succión (limpiar el interior del útero durante el primer trimestre del embarazo).

Según se indica en la guía sobre IVE farmacológico del Ministerio de Sanidad de España, la mifepristona no suele generar efectos secundarios, pero puede provocar mareos, náuseas, vómitos, diarrea, cefalea, fatiga y taquicardia.

Con el misoprostol la mayoría de los efectos secundarios aparecerán a las cuatro o seis horas de la dosis del tratamiento.

En el 70 % de los casos, el sangrado es superior al de la menstruación. La hemorragia vaginal disminuirá progresivamente durante las dos semanas posteriores al aborto.

El dolor abdominal se genera por el proceso abortivo y el efecto de las prostaglandinas: 33 % de casos será como el de una mnestruación y en un porcentaje superior será intenso, con las características de una dismenorrea importante.

Excepcionalmente, indica la guía ministerial, el aborto farmacológico será muy doloroso.

También será posible sufrir diarrea, naúseas, vómitos, escalofríos, febrícula o fiebre, exantema (cambio de color y textura) y prurito en plantas de los pies y palmas de las manos.

Por supuesto, existen posibles complicaciones y contraindicaciones, por lo que únicamente pueden prescribir estos fármacos el personal médico habilitado.

Cabe destacar que en 2020, en España, alrededor del 24 % de las interrupciones voluntarias del embarazo (IVE) se llevaron a cabo mediante fármaco, de las que más de un 89 % se desarrollaron en las primeras ocho semanas de gestación, según datos del Ministerio de Sanidad.

En este sentido, el 70,62 % de las IVE farmacológicas notificadas se realizaron en centros sanitarios extrahospitalarios (65,38 % en centros privados y 5,24 % en públicos).

El otro 29,37 % se practicaron en centros hospitalarios (28,57 % privados y el 0,8 % en publicos).

El aborto en España

La Ley Orgánica 1/2023, de 28 de febrero, establece la obligación de las administraciones públicas sanitarias de garantizar la prestación de la interrupción voluntaria del embarazo en los centros hospitalarios de acuerdo con criterios de gratuidad, accesibilidad y proximidad, estableciendo los dispositivos y recursos humanos suficientes para la garantía de este derecho de la mujer.

Las mujeres podrán interrumpir voluntariamente su embarazo a partir de los 16 años sin necesidad del consentimientos de sus representantes legales dentro de las primeras catorce semanas de gestación; hasta la semana nueve en el caso del método farmacológico.

En España y en el año 2022 se notificaron 98.316 interrupciones voluntarias del embarazo (IVE): 73,04 % de ocho o menos semanas de gestación; 21,90 % de nueve a catorce semanas; 4,88 % de 15 a 22 semanas y 0,18 % con veintitrés o más.

Un 91,23 % a petición de la mujer; un 5,66 % por grave riesgo para la vida o la salud de la embarazada; un 2,80 % motivadas por un riesgo de graves anomalías en el feto; y un 0,31 % de las IVE por anomalías fetales incompatibles con la vida o enfermedad extremadamente grave e incurable.

«Quiero añadir que l@s médic@s debemos garantizar el derecho a las mujeres a interrumpir el embarazo de la forma más cómoda posible, evitando el dolor al máximo posible en todos los sentidos», subraya la ginecóloga catalana.

«Es crucial poner el foco en la identificación de las mujeres con riesgo de dolor intenso para mejorar su atención y tratamiento, convirtiendo el aborto farmacológico en una alternativa mucho más aceptable que el aborto quirúrgico», concluye la Dra. Carmen Sala Salmerón. 

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Casi el 70 % de los jóvenes se han sentido solos alguna vez en su vida

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El trabajo, realizado por el Observatorio Estatal de la Soledad no Deseada de Fundación Once en colaboración con Ayuda en Acción, indica que el 25,5 % de los jóvenes españoles de entre 16 y 29
años aseguran sentirse solos en el momento actual, una cifra que llega al 69 % si se suma a las personas de este mismo rango de edad que se han sentido solas en algún momento de su vida.

Los principales objetivos del informe son, en primer lugar, poner sobre la mesa cuál es realmente la incidencia de la soledad en la juventud española y cuál la percepción que de ella se tiene, indagar en posibles causas o correlaciones e identificar soluciones y recomendaciones para abordar el problema.

Además, para la elaboración del trabajo, presentado recientemente, se han realizado entrevistas telefónicas a un total de 1.800 personas de entre 16 y 29 años residentes en España.

Bajo el título ‘Estudio sobre juventud y soledad no deseada en España’, este informe señala entre sus conclusiones clave, la magnitud de la soledad no deseada entre la población joven.

Así, el 77,1 % de los entrevistados afirman conocer a otras personas de su edad que puedan sentirse solas sin desearlo. También se destaca en el informe que el problema afecta más a las chicas, a quienes están en desempleo o en situación de pobreza y a los que tienen mala salud física o mental o que existe una fuerte relación entre acoso y soledad no deseada.

Soledad y juventud

El informe señala que al menos tres de cada cuatro jóvenes afirman sufrir soledad no deseada (75,8 %) y aseguran sentirla desde hace más de un año. Por otro lado, casi la mitad (45,7 %) sostiene que la experimenta desde hace más de tres.

La pandemia puede ser la causa de esta situación solo para el 20,4 %, lo que supone que hay un 79,6 % de encuestados que no atribuyen su soledad al coronavirus.

El 71,4 % de los jóvenes que se sienten solos manifiestan sufrir este problema “con frecuencia” y el 30,5% lo acusan sobre todo por las noches.

El informe señala que la soledad juvenil afecta más a mujeres que a hombres con un 31,1 % frente al 20,2 % de los varones, ambos entre 22 y 27 años.

Asimismo, el porcentaje de personas que han sufrido acoso escolar o laboral alguna vez en su vida es casi el doble en el grupo de jóvenes que padecen soledad no deseada que en el formado por los que no la padecen (58,1 % frente al 32,1 %), sostiene el estudio del Observatorio de la Soledad No Deseada.

Acto de presentación del informe. Foto cedida.

Soledad y factores sociales

La soledad no deseada también se da más en personas en desempleo, en riesgo o situación de pobreza, que han sufrido acoso escolar o laboral, con mala salud física o mental, con discapacidad, origen extranjero o que son LGTBI, entre otras condiciones.

Precisamente en cuanto a las dificultades económicas, el informe arroja el dato de que la prevalencia de soledad no deseada en jóvenes de hogares con dificultades económicas es casi el doble que entre jóvenes de hogares que llegan con facilidad a fin de mes (36 % frente a 19,4 %).

Por lo tanto, explican los autores, la importancia de la soledad no deseada está entrelazada con la de otros ámbitos de la política, como la salud, especialmente la mental, la inclusión social o la lucha contra la discriminación.

Y añaden que la relación de la soledad con estas variables es en ocasiones unidireccional, es decir, la orientación sexual o el origen generan una mayor probabilidad de sufrir soledad, pero no a la inversa, la soledad no puede cambiar el origen ni a priori influir sobre la orientación sexual.

En cambio, la relación de la soledad con otras variables es bidireccional, por ejemplo, los problemas de salud mental generan una mayor soledad, y a la inversa, la soledad es perjudicial para la salud mental.

Jóvenes solos: falsas hipótesis

El estudio permite desmontar ciertas hipótesis relacionadas con la ruralidad o las redes sociales y confirmar otras que tienen que ver con las relaciones de amistad o la salud mental.

Así, indica que las redes sociales digitales no son importantes para la soledad. A pesar de que un tercio de la juventud las utiliza más de tres horas al día, su intensidad y frecuencia de uso no tienen un efecto en la soledad no deseada.

En cambio, la presencialidad de las relaciones con amistades sí la tiene. Es decir, una persona que haga un uso extensivo de las redes sociales y tenga una rica vida social a nivel presencial a priori no se sentirá sola.

Del mismo modo, el trabajo apunta que la juventud que reside en municipios de tamaño medio (entre 50.000 y 500.000 habitantes) tiene un mayor nivel de soledad, en comparación con jóvenes rurales o que viven en grandes urbes. De hecho, los jóvenes residentes en este tipo de poblaciones (municipios de tamaño medio) presentan una probabilidad un 37 % mayor de sufrir soledad.

Lo mismo ocurre con la vivienda, uno de los grandes problemas de la juventud actual, que sin embargo no tiene un efecto sobre la soledad.

La prevalencia de la soledad en jóvenes que residen en piso compartido o en su propia vivienda es de hecho mayor que entre jóvenes que viven con sus padres (28 % frente a 23,7 %).

Además, el informe sostiene que contar con personas que puedan ayudar en caso de problemas no es relevante para la soledad, dado que la gran mayoría de jóvenes que sufren aislamiento involuntario y disponen de personas que puedan ayudar en caso de problemas.

Cartel del estudio Juventud y soledad no deseada. Imagen cedida por el Observatorio Estatal de la Soledad No deseada.

Recomendaciones para abordar la soledad no deseada entre los jóvenes

Con todos estos datos, los autores hacen una serie de recomendaciones para abordar el problema de la soledad no deseada en la juventud, que pasan por prevenir, detectar e intervenir.

Construir escuelas inclusivas que contemplen la educación emocional

Proteger la salud mental en la adolescencia y la juventud.

Fomentar la participación juvenil y las relaciones sociales mediante el ocio saludable.

Desarrollar servicios de atención juvenil orientados a reducir la soledad

Integrar y reforzar el ecosistema institucional.

Reforzar también las políticas educativas, de empleo y de inclusión social, e impulsar
acciones para reducir la soledad a través de las universidades

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Los tratamientos de medicina estética más demandados: luz pulsada, ácido hialurónico, plasma y bótox

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La Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) ha elaborado un nuevo informe sobre la percepción y el uso de esta especialidad, a partir de 1.500 entrevistas a ciudadanos, que revelan que el perfil de los pacientes de tratamientos de medicina estética corresponde al de una mujer de entre 35 y 54 años de edad y de clase alta o media alta.

Suben los más jóvenes

En concreto, según los datos, el 69 % de los pacientes fueron mujeres, frente al 31 %, que fueron hombres.

Con respecto a 2017, ha aumentado el número de pacientes más jóvenes, de entre 16 y 25 años, en concreto han pasado del 14 % al 20 %.

Los jóvenes de entre 25 y 34 que han demandado algún tratamiento de medicina estética han bajado del 31 % al 21 %, al igual que los de 36 a 45 años, que si en 2017 lo habían hecho el 27 %, en 2023 lo hicieron el 21%.

Las cifras se compensan con la subida de los pacientes de más de 45 años, que han pasado de solicitarlos el 28 % al 38 %.

En general, los pacientes siguen siendo más de clase media a alta, «con cierta percepción de elitismo o falta de asequibilidad por clases más bajas que buscan alternativas».

El peligro del desconocimiento

El documento de SEME muestra que los cinco tratamientos más solicitados de medicina estética en 2023 fueron la IPL -luz pulsada intensa-, los rellenos de con ácido hialurónico, la mesoterapia, el PRP -plasma rico en plaquetas- y la toxina botulínica.

Según el informe, la población asocia los tratamiento de medicina estética a la orientación nutricional (el 50 %), seguida del bótox (39%) y otros inyectables (38%).

EPA/OLAF KRAAK

Además, preguntados los participantes en la encuesta qué entienden por medicina estética, el 22,1 % no sabe lo que es y el resto hace referencia a conceptos que se incluyen en la definición del concepto: cuidado del cuerpo, salud, sentirse bien, autoestima, supervisión médica.

Y no ubican correctamente los diferentes tratamientos en cada ámbito, con lo que el documento de SEME deduce que la población no tiene claro lo que es realmente la medicina estética, ni cómo diferenciarla con facilidad de la estética o de la cirugía estética.

#NOsintumedico

Excluyendo la depilación láser, las técnicas de medicina estética las aplican tanto centros médicos y hospitales como centros estéticos.

De hecho, el 20 % destaca otros lugares como peluquerías, en concreto, del informe se desprende que casi un 10 % de la población percibe como “normal” hacerse tratamientos de medicina estética en su casa.

Así las cosas, los médicos estéticos alertan de que hay un «elevado» intrusismo que pone en riesgo la eficacia y seguridad de los tratamientos «que genera problemas en la salud pública» y «desprestigia» la imagen y la credibilidad de esta especialidad.

Por ello, durante el último congreso de SEME, los profesionales presentaron la iniciativa #NOsintumedico, con el objetivo de que los más de 2.500 médicos asistentes a ese encuentro lo usen en sus comunicaciones de medicina estética e informen a sus pacientes, así como el resto de actores que tienen un papel «clave» para concienciar a la población: instituciones, industria y medios de comunicación.

Foto cedida por SEME.

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