Ciencia y Salud
Perforaciones endoscópicas en el tubo digestivo

“Estas perforaciones pueden provocar una inflamación grave dentro del abdomen, como una peritonitis, o el paso de aire a zonas externas del tubo digestivo, ya sea neumomediastino por perforación esofágica o neumoperitoneo por perforación estomacal o intestinal”, señala el Dr. José Carlos Marín Gabriel.
“De hecho, cuando un paciente sufre una perforación, los síntomas, como dolor intenso, fiebre, dificultad para respirar, náuseas, vómitos o hinchazón, dependerán de la localización de dicho agujero”, destaca el especialista del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid.
“Aunque se trate de un problema de salud muy serio, estas perforaciones en el tubo digestivo pueden ser diagnosticadas y tratadas rápidamente en la mayoría de los casos con técnicas mínimamente invasivas”, subraya el también director científico del Instituto Clínico del Aparato digestivo (ICAdig).
Aún así, y a pesar de que las perforaciones gastrointestinales espontáneas o iatrogénicas (daño no intencionado) supongan un problema médico prácticamente irrelevante, los posibles agujeros generan gran inquietud en l@s pacientes.
“Por eso, los médicos y las médicas siempre les advertimos que existen dos complicaciones al realizar una endoscopia, sea diagnóstica o terapéutica: la hemorragia y la perforación, especialmente esta última, la más temible, como pueda suceder durante una polipectomía”.
“Y vaya por delante una verdad médica y tecnológica: las perforaciones endoscópicas gastrointestinales son muy, muy, muy infrecuentes; y, cuando se producen, la inmensa mayoría se resuelven in situ sin necesidad de pedir ayuda urgente al departamento amigo de Cirugía”, subraya el Dr. Marín Gabriel.

Doctor Marín, ¿cuáles son las causas habituales que originan una perforación en el tubo digestivo?
Las causas de una perforación gastrointestinal son variadas. Pueden producirse de forma espontánea debido a patologías inflamatorias intestinales, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, a otras inflamaciones, como la diverticulitis, y a úlceras gástricas no tratadas, incluso a un cáncer de colon.
También, una perforación puede deberse a un traumatismo abdominal o a la ingesta involuntaria de objetos cortantes, punzantes y productos corrosivos como la lejía.
Sin embargo, las perforaciones que nos ocupan hoy en este videoblog son las perforaciones que puedan ocurrir como resultado de las complicaciones durante los procedimientos endoscópicos.
Se denominan perforaciones iatrogénicas, y acontecen durante un estudio diagnóstico (con menor frecuencia), como una gastroscopia o una colonoscopia, y a nivel terapéutico, como una resección de pólipos (RME), la disección submucosa endoscópica (DSE) o la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE).
Es importante destacar que las perforaciones son eventos excepcionales gracias a los avances en la tecnología endoscópica y a la mejora en las técnicas de los especialistas.
Este tipo de complicaciones se presentan en un porcentaje mínimo de los procedimientos, y su número varía según el tipo de procedimiento realizado, diagnóstico o terapéutico.
Además, en la mayoría de los casos, pueden resolverse sin cirugía abierta, lo que reduce la estancia hospitalaria y el tiempo de recuperación.

Pero doctor, ¿de cuántas perforaciones endoscópicas estamos hablando?
En endoscopias diagnósticas, las perforaciones representan un caso por cada 10.000, menos del 0,01 % de los procedimientos; cifra que significa que son eventos extremadamente raros.
En el caso de una colonoscopia, por ejemplo, el riesgo de perforación es algo mayor, pero sigue siendo bajo, oscilando entre el 0,03 % y el 0,08 % (3-8 casos por cada 10.000 procedimientos).
Para que nos hagamos una idea, en un área sanitaria competencial con doscientos o trescientos mil habitantes se realizan entre 20.000 y 25.000 procedimientos endoscópicos digestivos. Es decir, entre 3 y 5 perforaciones cada año como muchísimo.
En los procedimientos terapéuticos, que implican intervenciones más avanzadas y complejas, se presenta un riesgo ligeramente mayor de perforaciones endoscópicas.
Como ejemplos, en la resección endoscópica mucosa (RME) y la disección submucosa endoscópica (DSE) el riesgo puede variar entre un mínimo de 1-2 % y un máximo de 10-15 % (media de casos en Europa).
Las perforaciones, por tanto, son más frecuentes si la lesión en el tubo digestivo es de gran tamaño o si la pared del intestino es más delgada (duodeno, ciego y colon ascendente).
En el caso de la CPRE (colangiopancreatografía retrógrada endoscópica), procedimiento más invasivo utilizado para tratar problemas en las vías biliares y el páncreas, la tasa de perforación se sitúa en torno al 0,6 %.

¿Y cuando se originan estas perforaciones endoscópicas, siempre habrá que recurrir a una cirugía urgente?
La cirugía no es la primera opción para tratar una perforación endoscópica. De hecho, en la mayoría de los casos, las perforaciones endoscópicas se cierran durante las mismas intervenciones con técnicas mínimamente invasivas.
El objetivo principal es sellar la perforación lo antes posible para evitar la filtración del contenido intestinal y prevenir infecciones graves.
Ilustración facilitada por el Dr. Joaquín Rodríguez Sánchez-Migallón, médico adjunto del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid y jefe del Servicio de Aparato Digestivo de Quirón Salud Ciudad Real (España).
La endoscopia ha experimentado grandes avances en las últimas décadas, lo que ha permitido reducir la frecuencia y gravedad de las perforaciones y mejorar su tratamiento cuando ocurren.
Entre los desarrollos más importantes está el uso de clips endoscópicos más sofisticados, que permiten cerrar perforaciones de manera más eficaz, incluso en defectos más grandes que antes requerían cirugía.
Clips endoscópicos o hemoclips: pequeñas “grapas” metálicas que se colocan sobre la perforación para cerrarla completamente.
Clips Over-The-Scope (OTS clips): dispositivos tipo clips que se usan en perforaciones más grandes. Se parecen a los cepos que se empleaban antiguamente en la caza mayor.
Suturas endoscópicas: permiten un cierre más fuerte y efectivo en lesiones más amplias. Existen diferentes sistemas como el OverStitch o el SutuArt.
Algunos de ellos, como X-Tack, funcionan al estilo que utilizan las manos de los cirujanos: el dispositivo colocado en el endoscopio sutura la zona de la perforación dando puntos con movimientos sincronizados.
El uso de dióxido de carbono (CO₂) en lugar de aire durante la endoscopia, ha sido un avance clave.
El CO₂ se absorbe más rápidamente por el organismo y reduce la distensión del tracto digestivo, lo que minimiza el riesgo de perforación y mejora la comodidad del paciente después del procedimiento.
Por ejemplo, ante una perforación abdominal el paciente no va a sufrir un cuadro tan intenso de dolor y si llega a padecer algo de dolor se le pasará con relativa facilidad.

Endoprótesis (estents) autoexpandibles: solución eficaz para perforaciones esofágicas y algunas perforaciones duodenales, evitando la necesidad de cirugía en la mayoría de los casos. Ayudan a mantener el área sellada mientras cicatriza la perforación.
Otro gran avance ha sido la terapia de vacío endoscópica (TVE), que se utiliza en algunos casos para favorecer la cicatrización de perforaciones difíciles o más grandes. Este método usa un sistema de aspiración controlada que estimula el cierre de la lesión y la regeneración del tejido afectado.

Cuando las perforaciones endoscópicas se detectan y tratan de inmediato la recuperación del paciente es rápida y sin mayores complicaciones.
En casos donde el cierre endoscópico no es exitoso, o si el paciente presenta signos de infección grave, se puede requerir una cirugía abierta o cirugía laparoscópica. Hablamos de uno o dos pacientes cada año.
No obstante, la gran mayoría de perforaciones endoscópicas, sucedan durante una prueba diagnóstica o tras un procedimiento terapéutico, se pueden tratar sin necesidad de cirugía mayor.
Dr. Marín Gabriel, profundicemos en los factores de riesgo que favorezcan las perforaciones endoscópicas en el tubo digestivo
Cuando hablamos de factores de riesgo, no sólo debemos tener en cuenta el historial médico del paciente, sus enfermedades y tratamientos previos (cirugías abdominales, uso prolongado de corticosteroides) o el tipo de procedimiento endoscópico que estemos realizando.
También influyen las características del paciente: la edad avanzada y una pared del tubo digestivo más frágil y propensa a lesiones. De hecho, es importante conocer antecedentes de radioterapia en la zona abdominal o esofágica.
Obviamente, la experiencia clínica es un grado, como se suele decir, y es algo más frecuente que se produzcan complicaciones, sangrados o perforaciones, cuando el endoscopista está comenzando su carrera profesional. Sucede en todas las profesiones, sanitarias o no.
En las resecciones de pólipos en el colon, por ejemplo, el endoscopista debe estar atento, cuando extrae el tejido de la lesión, para que no aparezca el llamado “signo de la diana”.

Se trata de un área de la capa muscular que ha quedado adherida a la base en la que asentaba el pólipo. Es un indicador del resultado de la polipectomía: se ha cortado una parte de la pared muscular y se debe cerrar la zona seccionada. Habitualmente, se emplean clips para tratar ese defecto operativo.
Por tanto, el riesgo de perforaciones es menor en centros con equipos médicos altamente capacitados y familiarizados con las técnicas más avanzadas.
Esto refuerza la importancia de realizar estos procedimientos en hospitales y clínicas con un alto nivel de especialización en endoscopia.

Doctor, a modo de ejemplo, ¿cómo se maneja una perforación endoscópica en el esófago?
Las perforaciones esofágicas requieren un manejo específico y diferenciado debido a la anatomía y función del esófago.
A diferencia de otras perforaciones en el tracto digestivo, donde el contenido intestinal puede filtrarse a la cavidad abdominal, en el esófago una perforación puede llevar a complicaciones como mediastinitis (infección en la cavidad torácica) si no se maneja bien, a tiempo.
Por este motivo, la clave es un diagnóstico rápido y una intervención inmediata.
En la mayoría de los casos, las perforaciones esofágicas pueden cerrarse con técnicas endoscópicas, especialmente si se detectan en una fase temprana. Se pueden utilizar clips endoscópicos o suturas para cerrar el defecto.
Cuando la perforación es más grande o hay riesgo de fuga de líquidos, se puede optar por estents autoexpandibles, que permiten sellar la lesión y proteger la zona mientras cicatriza.
En casos más complejos, la terapia de vacío endoscópica (TVE) ha mostrado buenos resultados al facilitar la cicatrización.
Si la perforación no se detecta a tiempo o si el paciente presenta signos graves de infección, puede ser necesario un tratamiento quirúrgico.
Sin embargo, gracias a los avances en endoscopia terapéutica, cada vez menos pacientes con perforación esofágica necesitan cirugía.

Doctor, ¿acaso una perforación puede pasar desapercibida por el endoscopista?
Cuando la perforación permite ver un orificio grande o estructuras fuera del tubo digestivo, como la grasa abdominal, no es posible que pase desapercibida.
Sin embargo, un defecto pequeño, como el que sucede cuando hay un daño mural discreto, como en el signo de la diana, requiere que el endoscopista revise muy bien la zona donde ha realizado una resección a la vez que la base del pólipo que recién extirpado.
Por otra parte, en ocasiones, las perforaciones endoscópicas no se ven durante el procedimiento y aparecen horas después.
Esto se debe a la quemadura que produce el dispositivo (asa de diatermia, endobisturí) que estemos empleando para realizar la resección en los planos profundos de la pared del tubo digestivo.
Aunque la quemadura no sea claramente visible, puede ir degradando dicha pared y provocar una perforación diferida, que tiene mucho peor arreglo. En realidad, la mayoría de ellas no tienen solución endoscópica.
Cuando tenemos una complicación de este tipo, una perforación diferida que se produce horas o días después de que al paciente se le haya practicado el procedimiento, ese paciente casi siempre va a ser quirúrgico.

Los síntomas de una perforación pueden variar dependiendo de su localización, pero en general, el signo más común es un dolor abdominal repentino e intenso que sucede tiempo después de que el paciente ha sido sometido a la endoscopia.
Para confirmar una perforación, la prueba de elección es la tomografía computarizada (TC), ya que permite detectar la presencia de aire o líquido fuera del tracto digestivo.
Por lo general, una perforación que se diagnostica más de 24 h después del procedimiento o cuando el paciente ya tiene síntomas de infección, no es susceptible de tratamiento endoscópico.
Si la fuga de contenido ha provocado una infección o absceso, puede ser necesario el drenaje percutáneo o una intervención quirúrgica.
En algunos casos y, aunque la perforación suceda tardíamente, se puede evitar la cirugía.

¿Y l@s pacientes, doctor, pueden hacer algo para reducir el riesgo de perforaciones endoscópicas en su aparato digestivo?
Si bien las perforaciones endoscópicas no son eventos que el paciente pueda evitar directamente, hay ciertas medidas que pueden reducir el riesgo.
Lo más importante es elegir un centro médico con experiencia en endoscopia avanzada. Los hospitales y clínicas especializadas en endoscopia digestiva tienen equipos mejor preparados para prevenir y manejar complicaciones.
En el caso de la colonoscopia, una correcta limpieza del colon reduce el riesgo de perforación, ya que mejora la visibilidad para el especialista.
Además, si la hubiera, tener el colon limpio reduce el riesgo de complicaciones importantes como la peritonitis.
Tras el procedimiento, el paciente debe estar atento a cualquier síntoma anormal y reportarlo de inmediato.
Por último, seguir las indicaciones médicas antes y después del procedimiento es fundamental.

En este sentido, ¿cómo es la recuperación del paciente tras sufrir una perforación endoscópica?
La recuperación de una perforación endoscópica depende de varios factores, incluyendo el tamaño de la lesión, su localización y el tipo de tratamiento empleado.
En casos donde la perforación es pequeña y se cierra con éxito durante la endoscopia, el paciente puede recibir el alta en menos de 24 horas y continuar su recuperación en casa con una dieta progresiva y un seguimiento médico adecuado.
Si la perforación es más grande o si hubo alguna complicación durante la intervención, la recuperación puede requerir unos días de hospitalización.
Durante este tiempo, se administran antibióticos para prevenir infecciones y se mantiene al paciente en ayuno o con nutrición parenteral hasta asegurarse de que la perforación ha cicatrizado correctamente.
En algunos casos, se realizan controles endoscópicos posteriores para verificar que el cierre de la perforación gastrointestinal ha sido exitoso.
Cuando el paciente recibe el alta, es importante que cumpla una serie de recomendaciones para evitar molestias o recaídas.
Se suele recomendar una dieta blanda durante varios días, evitar esfuerzos físicos intensos y estar atento a síntomas de alarma como fiebre, dolor intenso o vómitos persistentes.
En general, la mayoría de los pacientes con perforaciones tratadas endoscópicamente se recuperan completamente sin secuelas y pueden retomar su vida normal en muy poco tiempo.
Por último, Dr. Marín Gabriel, ¿cuándo debe ir un paciente al hospital después de recibir el alta médica tras solucionarse una perforación?
Después de una endoscopia es normal sentir cierta molestia abdominal leve o hinchazón, especialmente si se ha utilizado aire o CO₂ para insuflar el tubo digestivo.
Sin embargo, hay ciertos síntomas que pueden indicar una complicación y que requieren atención médica inmediata:
Dolor abdominal intenso y persistente, que no mejora con el tiempo. Fiebre alta o escalofríos, que podrían indicar una infección. Náuseas o vómitos frecuentes, especialmente si hay sangre en el vómito.
Dificultad para respirar o dolor en el pecho, en casos de perforación esofágica. Sensación de hinchazón extrema y abdomen rígido, lo que puede indicar peritonitis.
Si se presenta alguno de estos síntomas, el paciente debe acudir de inmediato a un centro médico.
En muchos casos, una evaluación temprana permite actuar rápidamente y evitar complicaciones mayores.
Con todo, quiero subrayar que las perforaciones endoscópicas son poco frecuentes y, gracias a los avances en la endoscopia terapéutica, la gran mayoría se pueden manejar sin cirugía.
Sin olvidar que es trascendental que los pacientes estén bien informados, sigan las recomendaciones médicas y consulten con su especialista ante cualquier síntoma preocupante.
En el próximo videoblog de Aparato Digestivo hablaremos con el Dr. Marín sobre la microbiota intestinal, dos kilogramos de bacterias, fundamentalmente, virus y hongos que viven de forma permanente en el interior de nuestro tubo digestivo; un conjunto de microorganismos que desempeñan un papel deteterminante tanto en el proceso final de la digestión como en el sistema inmunitario.
La entrada Perforaciones endoscópicas en el tubo digestivo se publicó primero en EFE Salud.
Ciencia y Salud
Resfriado común: síntomas clave para no confundir con otras infecciones
Diferenciar un simple resfriado común, cuyos síntomas suelen prolongarse entre 7 y 10 días, de otras infecciones o incluso de una alergia respiratoria, es esencial para actuar a tiempo y proteger a las personas vulnerables. Nuevo post de los expertos del blog «Salud y prevención».
La temporada de virus respiratorios ha arrancado antes de lo habitual y con más intensidad esta temporada de invierno, todo ello impulsado por los bruscos cambios de temperatura, la relajación en las medidas de prevención, y la coexistencia de múltiples patógenos que facilitan el contagio como el virus de la gripe, la covid-19, los rinovirus, o el VRS.
En este escenario, diferenciar los síntomas de un simple resfriado común de otras infecciones o de una alergia respiratoria, es esencial para actuar a tiempo y proteger a las personas vulnerables.
Y es que durante esta temporada de frío, según la jefa del Servicio de Alergología y médico del Servicio de Urgencias del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa de Sevilla, María Ortega Camarero, se observa un aumento en la circulación de virus respiratorios, como el virus respiratorio sincitial (VRS), principal causante de bronquiolitis en lactantes y en niños pequeños y el rinovirus, responsable del resfriado común.
“En el caso de la gripe (el virus influenza A y B) virus con la incidencia más alta ahora en diciembre, su presencia puede extenderse hasta la primavera, especialmente en años con variaciones climáticas; mientras, la covid-19 (el virus del SARS-CoV-2) continúa presente con fluctuaciones estacionales. Además, están presentes este invierno los adenovirus, causantes de infecciones respiratorias y gastrointestinales”, explica.
A esto, además, se suma que parte de la población aún no está vacunada, o lo ha hecho tarde en la temporada, reduciendo así la barrera inmunitaria comunitaria, según esta especialista.

Cómo diferenciar las infecciones respiratorias
A la hora de diferenciarlos, la doctora Ortega Camarero resalta que los virus respiratorios, aunque comparten síntomas y vías de transmisión en muchas ocasiones, en el caso de la gripe, de la covid-19, y del resfriado común presentan características que ayudan a diferenciarlos.
Por un lado, la gripe suele manifestarse con un inicio brusco, con fiebre elevada, con dolor muscular intenso, y con un cansancio marcado desde las primeras horas. En cambio, en el caso de la covid-19, esta infección tiende a desarrollarse de forma más progresiva y puede acompañarse de signos menos frecuentes en la gripe, como la pérdida de olfato o de gusto, la dificultad respiratoria progresiva, y la tos más persistente.
“El resfriado común, suele ser más leve, se presenta con congestión nasal, con estornudos, con algo de malestar y, en la mayor parte de los casos, sin fiebre alta, ni dolores musculares intensos”, precisa esta alergóloga del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa.
Reconocer estos matices, tal y como defiende, ayuda a solicitar atención médica de forma adecuada, pero también a extremar las medidas de prevención cuando exista duda diagnóstica.
“Aunque muchas veces pueden confundirse estas patologías, la gripe suele presentar un empeoramiento más rápido y un cuadro clínico más agresivo”, indica.
Resfriado vs alergia
A la hora de diferenciar una alergia de un resfriado, por ejemplo, dos cuadros que de inicio pueden confundirse, la doctora Ortega señala que los síntomas del resfriado común suelen durar entre 7 y 10 días, mientras que los de la alergia pueden persistir durante semanas o incluso meses, dependiendo de la exposición al alérgeno.
Así, la jefa del Servicio de Alergología y médico del Servicio de Urgencias del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa, apunta que también se pueden encontrar algunas diferencias en los síntomas, puesto que, en el resfriado, es común la congestión nasal, pero, además, este cuadro suele ir acompañado de dolor de garganta, de tos, de fiebre leve, y de malestar general.
“En el caso de la alergia, los estornudos frecuentes, el picor en ojos y nariz, lagrimeo, mucosidad clara o, en casos severos y en pacientes asmáticos, la dificultad para respirar, suelen ser los síntomas más comunes”, apostilla.
Por tanto, si estamos padeciendo una infección respiratoria, subraya esta doctora, las recomendaciones serían, sobre todo, medidas físicas como el lavado de manos y usar mascarillas si acudimos a centros médicos o estamos en contacto con personas vulnerables, como pacientes inmunodeprimidos, lactantes o personas mayores.
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Ciencia y Salud
SOS Adolescente: ¿tu padre te ha preguntado qué es ‘six-seven’ mientras movía las manos? Otra vez, el choque generacional
Un chico adolescente de no más de 15 años se enfada con su padre de 40 y tantos porque le ha preguntado qué es eso de “six-seven” mientras hace un movimiento arriba-abajo con los brazos, las palmas de las manos boca arriba. Visiblemente avergonzado, el hijo pide a su padre que no lo vuelva a hacer. “¿Por qué?”, pregunta el progenitor. “Si tú lo haces, queda mal”, contesta el vástago.
La escena es real. Ocurrió durante una reciente reunión familiar. Chocan aquí la vergüenza del adolescente, seguramente justificada, y el intento de conexión del padre, también razonable. Con ustedes, el choque generacional.
Porque… ¿Qué mueve a un padre a mostrarse como el ‘colega enrollado’ de su hijo de casi 15 años? ¿Qué provoca que el hijo adolescente reaccione con semblante y palabras que denotan ‘cringe’ o ‘lache’ por lo que hace su padre? EFE Salud se lo ha planteado a la psicóloga del Instituto Centta Marta Sebares, quien ha respondido por escrito.
Al fin y al cabo, padres y madres hablando como sus hijos, e hijos e hijas huyendo de sus padres precisamente por eso, forman parte de la misma línea causa-efecto. Eslabones de la misma cadena psicológica.
No es sólo aquel ‘mola mazo’ que parece del pleistoceno, ni el ‘lo petas’ un poco más reciente pero igualmente remoto. Ni siquiera el “lache” de ahora. Es lo que hay detrás de su uso (o intento) por parte de personas de distintas edades dentro de una misma familia.
Qué esperar de un padre: que sea adulto
Que un padre o una madre se ponga a hablar con sus hijos adolescentes como si fueran adolescentes no suele deberse a “una estrategia consciente”, señala Sebares. No está el progenitor horas antes con el cálculo y la medición, ni mucho menos con la lista de posibles beneficios y de los más que probables perjuicios.
“A los padres les mueve el deseo de mantener el vínculo, el miedo a quedarse al margen de la vida del hijo, la sensación de pérdida de influencia y la preocupación por no entender lo que les ocurre”, añade la profesional, quien apostilla: “Desde la psicología, esta conducta suele interpretarse como un intento de conexión, de acercarse a los hijos e hijas”.
La reacción esperable, la que ocurre en la mayoría de las situaciones como las perfiladas en el primer párrafo, es el rechazo, la contrariedad, el desdén del adolescente. Pero no estamos ante una ruptura. Incluso aunque la contestación del chico o chica arrastre algo que podríamos considerar repulsa, no estamos ante una ruptura.

Sebares remarca que se trata de “una manera de pedir distancia sin perder la pertenencia a su familia”. Adolescencia en estado puro. “El adolescente necesita alejarse un poco para poder volver desde un lugar más autónomo, más independiente; es para proteger su proceso de individualización”, añade.
Cabe recordar que “los adolescentes necesitan padres que sigan ocupando su lugar, siendo adultos que ponen límites, que están emocionalmente presentes y les dan estabilidad”, en palabras de la psicóloga de Centta.
Choque generacional: vías de solución
¿Entonces es mejor no estar pendiente de la jerga de la generación Z o de la que viene después? Para Sebares, resulta “positivo” que “los padres y madres conozcan el significado del lenguaje juvenil, el contexto en el que se emplea, porque les acerca a sus hijos”. Pero eso no implica “imitar”. Imitar, de hecho, es “contraproducente”.
Con el lenguaje hay que ser cuidadoso porque “no es sólo una forma de hablar, sino una manera de ser, de pertenecer y expresar poder en una familia”. La jerga de un adolescente, da igual la época, “refuerza el sentido de grupo y marca distancia con el mundo adulto”. En otras palabras, según Sebares, “funciona como un código propio”. Mientras, en los adultos, el lenguaje se reviste, en líneas generales, de “autoridad, experiencia y transmisión de normas y de valores”.
El choque está servido. Tender a eliminar las diferencias, tanto si lo planean los adultos como si lo pretenden los/las adolescentes, no suele ser provechoso. La clave, como menciona la psicóloga, consiste en “convivir” con esas diferencias, que no se localizan únicamente en el lenguaje. Abarcan los lugares desde los que ver la realidad y relacionarse con ella.
La resolución del choque generacional, desde el ángulo de un adulto, ha de combinar:
- Escucha sin ridiculización
- Límites claros
- Coherencia y presencia emocionales
- Estabilidad en medio del cambio
En modo corolario, dice Sebares: “Cuando el conflicto se entiende como parte del desarrollo y no como una amenaza, deja de ser un choque generacional para convertirse en una oportunidad de crecimiento para ambas partes.
Mejor, como siempre, el respeto
Podría definirse el choque generacional, en palabras de la profesional de Centta, como “el conjunto de tensiones, malentendidos y conflictos que surgen entre padres/madres e hijos/as adolescentes” por cuanto existen “distintos puntos de vista de estilos y formas de vida”, determinados por los valores de cada generación.
Resultan frecuentes en la adolescencia porque es la etapa de “la reorganización interna”: el joven “deja de definirse como hijo y empieza a preguntarse quién es, qué piensa y qué quiere”.
Desde la perspectiva psicológica, “se produce un desencuentro entre las necesidades de autonomía del adolescente y las funciones de guía del progenitor o progenitora”.
Por ello, en las relaciones familiares se cuentan más choques generacionales. “La convivencia es más estrecha y prolongada”, apunta Sebares. De ahí que sea importante “entender que dicho conflicto funciona como una señal de que el sistema familiar está intentando adaptarse y crecer”.
Así que para eludir el choque generacional no hay que hablar igual que los hijos. La imitación es mal negocio si se trata de tener buen rollo con los hijos adolescentes. El respeto, de nuevo, es el mejor aliado.
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Ciencia y Salud
La banalización del tratamiento de la obesidad aumenta el riesgo de generar otras patologías
En la última década se ha producido una revolución de los nuevos fármacos para tratar la obesidad, de hecho, en 2021, la FDA de EE. UU. aprobó uno de estos compuestos con una dosis específica para la gestión crónica del peso, lo que incrementó su uso, tanto por prescripciones médicas como por atención mediática y redes sociales.
De esta forma, medicamentos como la semaglutida, liraglutida o tirzepatida entran en el debate digital (bajo sus nombres comerciales) sobre dietas y control del peso, lo que, en palabras del doctor Carlos Sala, jefe de la Unidad de la Obesidad del Hospital Quirónsalud Valencia, ha provocado una banalización de su uso y un desconocimiento de sus riesgos.
“Los fármacos análogos de GLP-1 y similares son seguros pero tienen efectos secundarios que muchos pacientes desconocen o banalizan. De hecho, su uso indiscriminado ha incrementado de forma alarmante el número de pancreatitis agudas y la pérdida de visión por neuritis óptica no isquémica”, ha advertido Sala.
Por ello, el doctor ha asegurado que, antes de iniciar un tratamiento con estos fármacos, se debe realizar una valoración previa de los pacientes que sufren obesidad en la que se incluya la posible presencia de enfermedades asociadas (hipertensión, dislipemia, hígado graso, apnea del sueño, enfermedad coronaria, ictus, etc.).
El efecto rebote
También será necesario recabar otros datos como el de peso y talla (IMC), cintura/cadera, cintura/talla, impacto psicológico de la enfermedad y objetivos realistas del paciente, edad, situación física, hábitos, etc.
De esta forma, ha explicado que si el exceso de peso es menor de 20-25 kg y el índice cintura/talla es menor de 0.6 (menos agresividad metabólica), y el paciente tiene capacidad de hacer ejercicio habitual la propuesta ideal es “el cambio de hábitos con apoyo farmacológico de 6 a 12 meses”.
Así, ha querido poner el foco en otra de las consecuencias del consumo sin conocimiento de estos medicamentos, puesto que tras la suspensión del tratamiento se producen reganancias de peso de forma natural, en especial, si no se han logrado los cambios de hábitos necesarios.

Con base en las publicaciones científicas, se acepta que el 15-20 % de los pacientes intervenidos quirúrgicamente pueden reganar parte del peso perdido a los 5 años, y que más del 80 % de los pacientes tratados mediante fármacos recuperan gran parte del peso perdido al año de suspender el tratamiento, siempre que no cambien de hábitos.
“La obesidad tiene un origen multifactorial, por eso el tratamiento debe ser multidisciplinar, con apoyo dietético-nutricional, psicológico y ejercicio físico mantenidos”, ha reiterado en declaraciones a EFE.
Por su parte, Rocío Práxedes, dietista-nutricionista de la Unidad de Obesidad del Hospital Quirónsalud Valencia, ha añadido que la educación nutricional desempeña un papel fundamental.
Sobre la dieta: recomendaciones y errores
Entre las recomendaciones que ha indicado Práxedes está priorizar alimentos densos en nutrientes -proteínas de calidad, verduras, frutas y grasas saludables- en porciones pequeñas, emplear técnicas culinarias que faciliten la digestión y el aprovechamiento de los nutrientes, como las cocciones prolongadas.
Y entre los errores alimentarios frecuentes ha señalado: saltarse comidas por falta de hambre, seguir consumiendo alimentos ultraprocesados, no asegurar suficiente proteína o descuidar la hidratación.
“Los alimentos son el vehículo que transporta los nutrientes, y estos son indispensables para la vida y el buen funcionamiento del organismo. La información y el asesoramiento permiten que el paciente comprenda el valor de organizar su alimentación”, ha comentado.
Por último, la dietista-nutricionista no recomienda el tratamiento de la obesidad con fármacos a personas sin diagnóstico previo, personas que no hayan intentado perder peso mediante una alimentación saludable y ejercicio físico o que recurran únicamente al medicamento, y pacientes en los que el riesgo de efectos adversos supere los beneficios potenciales.
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