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Ciencia y Salud

Las mil caras y los aspectos más sorprendentes de la obesidad

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“La obesidad aumenta sin que seamos capaces de frenarla y de hecho, casi un tercio de los habitantes del planeta tienen sobrepeso”, advierte Almudena García Carrasco, licenciada en Farmacia y profesora en el área de Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (URJC), quien nos explica los aspectos más sorprendentes de esta patología.

Además, la profesora investiga distintos mecanismos moleculares relacionados con la glucosa y la insulina, implicados en la obesidad, la diabetes y el síndrome metabólico. Es autora del libro ‘Obesidad. La pandemia silenciosa’, en el que participan más de una veintena de expertos de campos variados.

Explica que “solemos tener una visión extremadamente simplista acerca de esta enfermedad, estigmatizamos a todos los obesos por igual y los señalamos como personas sin voluntad, pensando o diciendo, que si una persona ‘está gorda es porque quiere’ ”.

Lo cierto es que la obesidad es una patología compleja en la que pueden intervenir variables de todo tipo: genéticas, económicas, ambientales o psicológicas, y cuyo origen, evolución y consecuencias, abordaje médico e impacto en la sociedad, presentan aspectos poco conocidos y a menudo llamativos.

García Carrasco pasa revista a algunos de los aspectos más sorprendentes de la obesidad definida convencionalmente como una «acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”, pero que ofrece muchas más caras.

Enfermedad inflamatoria

Almudena García Carrasco señala que la obesidad es una “enfermedad inflamatoria crónica que nos está matando”.

Consultada por EFE sobre este enfoque del sobrepeso, precisa que “la obesidad es una acumulación excesiva de grasa en el cuerpo humano, pero no es solamente eso”.

Explica que “el tejido adiposo de cada persona tiene capacidad para almacenar una determinada cantidad de grasa. Cuando alcanza su límite máximo de expansión, el tejido adiposo comienza a fallar y las grasas se almacenan en otros tejidos, como el hígado, el riñón o el páncreas, originando muchas de las complicaciones derivadas de la obesidad”.

“En todo este proceso podemos observar una inflamación característica, que es de bajo grado pero constante, en el tejido adiposo de los individuos obesos, la cual constituye una de las complicaciones derivadas de la obesidad y contribuye a agravar la patología”, explica la investigadora de la URJC.

“La obesidad genera un estado de inflamación global que se considera iniciada ya en el intestino, y en la que el tejido adiposo también es capaz de liberar moléculas proinflamatorias”, apunta.

Gordura de manzana y de pera

Esta especialista explica que existen dos tipos básicos de obesidad: la central, androide o en “forma de manzana”; y la periférica, ginecoide, de ‘cartucheras’ o “en forma de pera”.

La del primer tipo “es fácil de reconocer porque es aquella que sigue un patrón de ‘barriguita cervecera’, cuya presencia se ha asociado a un mayor riesgo cardiovascular y cuya incidencia es mayor en los varones”, puntualiza.

El segundo tipo de obesidad, localizada en los laterales externos de las caderas y la parte superior de los muslos, es más frecuente en las mujeres y su presencia se asocia antropológicamente a la posibilidad de un embarazo, por aquello de “hay que mantener a las futuras generaciones bien alimentadas”, asegura.

Sin embargo, la obesidad durante el embarazo aumenta el riesgo de problemas de salud para la embarazada y el feto, explica.

Los aspectos más sorprendentes de la obesidad y su representación histórica y pictórica

El exceso de peso de “personajes que formaron parte de las élites dirigentes en sus respectivas sociedades, individuos que pertenecían al grupo del privilegio, nos lleva a inferir que tradicionalmente la obesidad y la posición social han ido de la mano, produciéndose entre ambas una relación de causalidad”, señala García Carrasco.

Destaca que “las imágenes históricas nos han legado un testimonio de obesos con peso político en sus respectivas sociedades, y exhiben figuras femeninas que demuestran que la belleza estética gustaba de formas orondas, donde los pliegues celulíticos se exhibían con toda normalidad y exuberancia”.

Un alimento saludable (izq.) y otro muy calórico (der.) Foto: Andres Ayrton/ Pexels.

Sobrepeso y supervivencia

“Tu cuerpo siente la necesidad de almacenar calorías, porque tiene aprendido que ‘nunca se sabe’”, señala esta investigadora, en referencia a que nuestro organismo prefiere estar preparado y tener una reserva de energía para afrontar las vicisitudes o lapsos de escasez que podrían llegar en el futuro.

Para ello, nuestro cuerpo “cuenta con el tejido adiposo blanco, que actúa de alacena donde se almacenan en forma de grasa todas las calorías que no hemos utilizado para movernos. Esta grasa no sólo actúa como reserva energética, sino que también sirve de aislante térmico y mecánico”, señala esta científica.

“Como buenos trogloditas acomodados que somos, uno de los principales factores responsables del desbalance energético (que conduce a la obesidad), procede de nuestra elevada ingesta de alimentos muy calóricos, que suelen ser los más ricos y nos generan más placer, junto con una reducción en nuestra actividad física”, puntualiza.

“Nuestro cerebro tiene aprendido que si hay un peligro acechando, no podemos pararnos a comer y debemos irnos de allí a toda prisa. Por lo tanto, deduce que si estamos comiendo es porque estamos a salvo”, señala.

Por ello “es normal que cuando nuestros niveles de estrés se elevan, muchas veces intentemos bajarlos comiendo. Es nuestra forma de decirle a nuestro cerebro que se relaje” puntualiza.

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Los tratamientos de medicina estética más demandados: luz pulsada, ácido hialurónico, plasma y bótox

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La Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) ha elaborado un nuevo informe sobre la percepción y el uso de esta especialidad, a partir de 1.500 entrevistas a ciudadanos, que revelan que el perfil de los pacientes de tratamientos de medicina estética corresponde al de una mujer de entre 35 y 54 años de edad y de clase alta o media alta.

Suben los más jóvenes

En concreto, según los datos, el 69 % de los pacientes fueron mujeres, frente al 31 %, que fueron hombres.

Con respecto a 2017, ha aumentado el número de pacientes más jóvenes, de entre 16 y 25 años, en concreto han pasado del 14 % al 20 %.

Los jóvenes de entre 25 y 34 que han demandado algún tratamiento de medicina estética han bajado del 31 % al 21 %, al igual que los de 36 a 45 años, que si en 2017 lo habían hecho el 27 %, en 2023 lo hicieron el 21%.

Las cifras se compensan con la subida de los pacientes de más de 45 años, que han pasado de solicitarlos el 28 % al 38 %.

En general, los pacientes siguen siendo más de clase media a alta, «con cierta percepción de elitismo o falta de asequibilidad por clases más bajas que buscan alternativas».

El peligro del desconocimiento

El documento de SEME muestra que los cinco tratamientos más solicitados de medicina estética en 2023 fueron la IPL -luz pulsada intensa-, los rellenos de con ácido hialurónico, la mesoterapia, el PRP -plasma rico en plaquetas- y la toxina botulínica.

Según el informe, la población asocia los tratamiento de medicina estética a la orientación nutricional (el 50 %), seguida del bótox (39%) y otros inyectables (38%).

EPA/OLAF KRAAK

Además, preguntados los participantes en la encuesta qué entienden por medicina estética, el 22,1 % no sabe lo que es y el resto hace referencia a conceptos que se incluyen en la definición del concepto: cuidado del cuerpo, salud, sentirse bien, autoestima, supervisión médica.

Y no ubican correctamente los diferentes tratamientos en cada ámbito, con lo que el documento de SEME deduce que la población no tiene claro lo que es realmente la medicina estética, ni cómo diferenciarla con facilidad de la estética o de la cirugía estética.

#NOsintumedico

Excluyendo la depilación láser, las técnicas de medicina estética las aplican tanto centros médicos y hospitales como centros estéticos.

De hecho, el 20 % destaca otros lugares como peluquerías, en concreto, del informe se desprende que casi un 10 % de la población percibe como “normal” hacerse tratamientos de medicina estética en su casa.

Así las cosas, los médicos estéticos alertan de que hay un «elevado» intrusismo que pone en riesgo la eficacia y seguridad de los tratamientos «que genera problemas en la salud pública» y «desprestigia» la imagen y la credibilidad de esta especialidad.

Por ello, durante el último congreso de SEME, los profesionales presentaron la iniciativa #NOsintumedico, con el objetivo de que los más de 2.500 médicos asistentes a ese encuentro lo usen en sus comunicaciones de medicina estética e informen a sus pacientes, así como el resto de actores que tienen un papel «clave» para concienciar a la población: instituciones, industria y medios de comunicación.

Foto cedida por SEME.

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Las emociones y el mundo online y offline de nuestro cerebro

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La conexión entre el cerebro y las emociones es una de las más estudiadas en el ámbito de la neurociencia. Con la era de internet y especialmente de las redes sociales nuestra forma de relacionarnos ha cambiado por completo haciendo que también se transforme nuestra forma de expresar y sentir las emociones.

Raquel Mascaraque, es periodista especializada en neurociencia, publicista y comunicadora. Tras terminar las licenciaturas de Publicidad, Periodismo y Comunicación Audiovisual, siguió su formación con un máster de neuromarketing donde descubrió que el cerebro es fascinante y empezó a estudiar todo lo que pudo acerca de él.

Para completar su formación, ha realizado varios cursos de psicología emocional en la Asociación Española de Psicología Sanitaria.

«¡A cerebrar! Un viaje por tus emociones a través de la neurociencia» es el título de su libro en el que, a través de diferentes capítulos, reflexiona sobre el mundo de los sentimientos y las emociones, desde la tristeza hasta la felicidad, analizando cómo han cambiado con las redes sociales y el mundo offline, con el objetivo último de conocernos mejor.

Conexión cerebro-emoción

A lo largo de la historia muchos expertos de la salud y de otros sectores como filósofos, pensadores, sociólogos… han intentado averiguar, describir y explicar el porque de las diferentes emociones y el impacto que tienen en nuestras vidas.

«No hay emociones positivas o negativas. Hay emociones que nos hacen sentir bien, emociones que nos cuesta mucho más procesar, pero cada una de las tiene una función evolutiva y nos ayudan en la supervivencia», señala la autora.

La emoción, señala Raquel, es algo que no podemos controlar, viene implícito en el ser humano como si estuviésemos programados para sentirlo, como si fuera un programa de ordenador y todo el mundo ejecutara de la misma manera.

«Por un lado tenemos la teoría de la emoción universal de Paul Ekman, dice que todo el mundo tenemos las mismas emociones. Da igual la cultura, el lenguaje, el género, las emociones son universales y están en ese sentido fuera de nuestro control», resume.

«Por otro lado, está la vertiente de Lisa Feldman, conocida como la teoría de la emoción construida, que sostiene que las emociones en nuestro cerebro se construyen según vamos necesitándolas. De hecho, defiende que las emociones no siempre siguen el mismo patrón como sí afirma Ekman», aclara Raquel Mascaraque.

Cerebro y emociones en modo online

En los últimos años, nuestra manera de relacionarnos con el mundo y con las personas que nos rodean ha cambiado mucho debido a la tecnología.

«Ahora además de las amistades propias que podemos tener en nuestro entorno, hay que sumarle todas aquellas que tenemos en el mundo de internet creándose así sentimientos a nivel offline y online.», sostiene Raquel Mascaraque.

En definitiva, el mundo online nos ha capturado y forma parte de toda nuestra realidad. Ahora en el mundo de las emociones también entran en juego las redes sociales, las videollamadas, el teletrabajo, el WhatsApp…

Pero, ¿qué diferencia hay en tu cerebro cuando vives online?

Lo que pasa, según la autora, es que sientes en tu vida online exactamente lo mismo que en tu vida offline.

«En tu vida online te enamoras en aplicaciones para ligar, te ríes compartiendo memes en Instagram, lloras cuando te hacen bulling en comentarios de TikTok o de otra red social, sientes envidia cuando los demás suben fotos de vacaciones o en un concierto al que no has podido ir. Ahora en internet reímos, lloramos, sentimos miedo, decepción… exactamente las mismas emociones que en el mundo real y eso puede llegar a ser muy confuso.», afirma Mascaraque.

Raquel Mascaraque, la autora del libro «¡A cerebrar!». Imagen cedida.

Encajar o no encajar

«Como animales sociales que somos, necesitamos ser aceptados en sociedad y relacionarnos en sociedad», afirma la divulgadora.

La autora explica que conectar con otra gente nos hace liberar dopamina y que nuestro cerebro está preparado para que le importe la opinión de nuestro circulo más cercano, de encajar en nuestro pequeño mundo.

Sin embargo, nuestro cerebro no esta preparado para gustar y encajar a cientos o miles de personas que están detrás de las redes sociales.

En este sentido, al miedo al rechazo a no encajar en el mundo offline ahora se le suma el mundo online, donde todo es mucho más irracional y sobre todo difícil de controlar.

Emociones y likes en el cerebro

«No es que las redes sociales sean el demonio, pero siempre va a depender de cómo las utilicemos», sostiene.

En la era digital, explica Raquel Mascaraque, los likes se han convertido en abrazos virtuales, en felicitaciones online o en esa palmadita en la espalda en señal de aprobación que recibiríamos en la vida offline.

De este modo, la realidad se crea en base a esta falsa percepción y recibimos esos pequeños premios en forma de me gusta que liberan en nuestro cerebros.

La conexión de los likes con las emociones cada día es mas directa. Mascaraque expone que la realidad acaba distorsionándose en el mundo online al confundirse los likes con emociones reales.

«El hecho de dejar de recibir likes, de sentirse rechazado por la comunidad online genera depresiones, trastornos, efectos dañinos en la salud mental, sobre todo de los más jóvenes», concluye.

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Ciencia y Salud

El 30 % de los periodistas sanitarios cambiaría de trabajo y casi un 15 % dejaría la especialización

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El Cuarto Barómetro de Periodismo Sanitario es un informe elaborado por la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS) que traza una radiografía de la situación de la comunicación sanitaria en España desde la óptica de los periodistas sanitarios.

Entre los datos más destacados cabe señalar el elevado descontento general entre los profesionales (más de un 30 % de los periodistas sanitarios cambiaría de trabajo).

Estas cifras han sido presentadas por la presidenta de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), Graziella Almendral, y el director del Grupo Análisis e Investigación, responsable del Monitor de Reputación Sanitario (MRS), José María San Segundo.

Como continuidad del Primer Barómetro de Periodismos Sanitario realizado en 2019, esta cuarta edición cuenta con la participación más alta hasta la fecha, un total de 180 profesionales asociados a ANIS que desempeñan su labor en medios de comunicación y agencias de prensa, gabinetes de prensa de instituciones o centros sanitarios públicos, agencias de comunicación y gabinetes de comunicación o marketing de farmacéuticas o fabricantes.

Condiciones laborales de los periodistas sanitarios

La mayoría de los periodistas sanitarios desempeñan su labor en medios de comunicación y agencias de prensa (19,7%), gabinetes de prensa de instituciones o centros sanitarios públicos (17,9%), agencias de comunicación (17,1%), gabinetes de comunicación o marketing de farmacéuticas o fabricantes (15,4), entre otros ámbitos.

Parte de la insatisfacción con sus empleos se sustenta en la especialización que ha ido en constante aumento. Por otro lado, la carga de trabajo también ha aumentado.

En este mismo sentido, José María San Segundo ha recalcado que, según los datos del informe, como conclusión general puede aseverarse que la del periodista sanitario es “una profesión considerada pero poco reconocida y mal retribuida”.

Por ello, el 50,6 % señala que el incremento de trabajo a partir de la pandemia mundial por COVID-19 no ha ido acompañado de una mejora de las condiciones. De hecho, ocurre justo al contrario: el 14,6 % incluso reporta una reducción de la retribución y el 15,7 % ha sufrido la pérdida de su trabajo.

Tipo de contrato y retribución

Gracias a la participación de los encuestados en el Barómetro, se extrae la conclusión de que el prototipo de profesional de la información sanitaria es una persona que lleva 20,3 años trabajando en periodismo y 16,1 en el ámbito de la información sanitaria.

Un profesional con contrato indefinido a tiempo completo tiene una retribución media neta de 2.131 euros mensuales.

Llama la atención la disminución del trabajo temporal de un 10,7 % en 2022 hasta un 2,6 % en 2023. El salario medio baja un poco y se aprecia una disminución en los de menos de 1.000 € y en los de más de 3.000. No obstante, suben los de 2.500 a 3.000€.

Teletrabajo

El teletrabajo se ha implantado en el periodismo sanitario.

Ahora predomina la modalidad híbrida. Además, aunque a veces aumenta la carga de trabajo, los profesionales prefieren mantenerlo.

Respecto al futuro del periodismo sanitario no hay duda de su importancia: es una necesidad que cada vez está más vigente.

Gráfico sobre la modalidad de trabajo de los periodistas sanitarios, extraído del Cuarto Barómetro de Periodismo Sanitario.

Más trabajo sin mejorar condiciones

Siete de cada diez, considera que los acontecimientos de los últimos años como por ejemplo la COVID-19 han servido para aumentar la vocación de futuros informadores de salud.

Sin embargo, el 21,6 % piensa que la pandemia no ha cambiado la vocación de futuros informadores de la salud y un 10,3 % piensa que ha sido negativo.

Además, al unirse las complicaciones económicas, la perspectiva temporal laboral cae en picado, según muestra el informe, y las condiciones laborales empiezan a ser claramente negativas.

El 30,4 por ciento de los periodistas sanitarios desea cambiar de trabajo en estos momentos. Imagen cedida.

Valoración del ejercicio profesional

En cuanto al rigor informativo, el barómetro de ANIS, refleja que los periodistas siguen teniendo como referencia la prensa especializada con un 8,47 sobre 10, seguida de los medios nacionales (7,16), las emisoras de radio (6,96), los medios 100 % digitales (5,91) y las cadenas de TV (5,84), en unas valoraciones que, en todos los casos, han mejorado respecto a la anterior edición del estudio.

Los profesionales de las agencias de comunicación afirman tener una menor libertad a la hora de escoger temas propios y un reconocimiento profesional más limitado.

No obstante, los periodistas que trabajan en los gabinetes de instituciones o centros públicos son los que más bajo puntúan su libertad de expresión.

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