Ciencia y Salud
La banalización del tratamiento de la obesidad aumenta el riesgo de generar otras patologías
En la última década se ha producido una revolución de los nuevos fármacos para tratar la obesidad, de hecho, en 2021, la FDA de EE. UU. aprobó uno de estos compuestos con una dosis específica para la gestión crónica del peso, lo que incrementó su uso, tanto por prescripciones médicas como por atención mediática y redes sociales.
De esta forma, medicamentos como la semaglutida, liraglutida o tirzepatida entran en el debate digital (bajo sus nombres comerciales) sobre dietas y control del peso, lo que, en palabras del doctor Carlos Sala, jefe de la Unidad de la Obesidad del Hospital Quirónsalud Valencia, ha provocado una banalización de su uso y un desconocimiento de sus riesgos.
“Los fármacos análogos de GLP-1 y similares son seguros pero tienen efectos secundarios que muchos pacientes desconocen o banalizan. De hecho, su uso indiscriminado ha incrementado de forma alarmante el número de pancreatitis agudas y la pérdida de visión por neuritis óptica no isquémica”, ha advertido Sala.
Por ello, el doctor ha asegurado que, antes de iniciar un tratamiento con estos fármacos, se debe realizar una valoración previa de los pacientes que sufren obesidad en la que se incluya la posible presencia de enfermedades asociadas (hipertensión, dislipemia, hígado graso, apnea del sueño, enfermedad coronaria, ictus, etc.).
El efecto rebote
También será necesario recabar otros datos como el de peso y talla (IMC), cintura/cadera, cintura/talla, impacto psicológico de la enfermedad y objetivos realistas del paciente, edad, situación física, hábitos, etc.
De esta forma, ha explicado que si el exceso de peso es menor de 20-25 kg y el índice cintura/talla es menor de 0.6 (menos agresividad metabólica), y el paciente tiene capacidad de hacer ejercicio habitual la propuesta ideal es “el cambio de hábitos con apoyo farmacológico de 6 a 12 meses”.
Así, ha querido poner el foco en otra de las consecuencias del consumo sin conocimiento de estos medicamentos, puesto que tras la suspensión del tratamiento se producen reganancias de peso de forma natural, en especial, si no se han logrado los cambios de hábitos necesarios.

Con base en las publicaciones científicas, se acepta que el 15-20 % de los pacientes intervenidos quirúrgicamente pueden reganar parte del peso perdido a los 5 años, y que más del 80 % de los pacientes tratados mediante fármacos recuperan gran parte del peso perdido al año de suspender el tratamiento, siempre que no cambien de hábitos.
“La obesidad tiene un origen multifactorial, por eso el tratamiento debe ser multidisciplinar, con apoyo dietético-nutricional, psicológico y ejercicio físico mantenidos”, ha reiterado en declaraciones a EFE.
Por su parte, Rocío Práxedes, dietista-nutricionista de la Unidad de Obesidad del Hospital Quirónsalud Valencia, ha añadido que la educación nutricional desempeña un papel fundamental.
Sobre la dieta: recomendaciones y errores
Entre las recomendaciones que ha indicado Práxedes está priorizar alimentos densos en nutrientes -proteínas de calidad, verduras, frutas y grasas saludables- en porciones pequeñas, emplear técnicas culinarias que faciliten la digestión y el aprovechamiento de los nutrientes, como las cocciones prolongadas.
Y entre los errores alimentarios frecuentes ha señalado: saltarse comidas por falta de hambre, seguir consumiendo alimentos ultraprocesados, no asegurar suficiente proteína o descuidar la hidratación.
“Los alimentos son el vehículo que transporta los nutrientes, y estos son indispensables para la vida y el buen funcionamiento del organismo. La información y el asesoramiento permiten que el paciente comprenda el valor de organizar su alimentación”, ha comentado.
Por último, la dietista-nutricionista no recomienda el tratamiento de la obesidad con fármacos a personas sin diagnóstico previo, personas que no hayan intentado perder peso mediante una alimentación saludable y ejercicio físico o que recurran únicamente al medicamento, y pacientes en los que el riesgo de efectos adversos supere los beneficios potenciales.
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Ciencia y Salud
Resfriado común: síntomas clave para no confundir con otras infecciones
Diferenciar un simple resfriado común, cuyos síntomas suelen prolongarse entre 7 y 10 días, de otras infecciones o incluso de una alergia respiratoria, es esencial para actuar a tiempo y proteger a las personas vulnerables. Nuevo post de los expertos del blog «Salud y prevención».
La temporada de virus respiratorios ha arrancado antes de lo habitual y con más intensidad esta temporada de invierno, todo ello impulsado por los bruscos cambios de temperatura, la relajación en las medidas de prevención, y la coexistencia de múltiples patógenos que facilitan el contagio como el virus de la gripe, la covid-19, los rinovirus, o el VRS.
En este escenario, diferenciar los síntomas de un simple resfriado común de otras infecciones o de una alergia respiratoria, es esencial para actuar a tiempo y proteger a las personas vulnerables.
Y es que durante esta temporada de frío, según la jefa del Servicio de Alergología y médico del Servicio de Urgencias del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa de Sevilla, María Ortega Camarero, se observa un aumento en la circulación de virus respiratorios, como el virus respiratorio sincitial (VRS), principal causante de bronquiolitis en lactantes y en niños pequeños y el rinovirus, responsable del resfriado común.
“En el caso de la gripe (el virus influenza A y B) virus con la incidencia más alta ahora en diciembre, su presencia puede extenderse hasta la primavera, especialmente en años con variaciones climáticas; mientras, la covid-19 (el virus del SARS-CoV-2) continúa presente con fluctuaciones estacionales. Además, están presentes este invierno los adenovirus, causantes de infecciones respiratorias y gastrointestinales”, explica.
A esto, además, se suma que parte de la población aún no está vacunada, o lo ha hecho tarde en la temporada, reduciendo así la barrera inmunitaria comunitaria, según esta especialista.

Cómo diferenciar las infecciones respiratorias
A la hora de diferenciarlos, la doctora Ortega Camarero resalta que los virus respiratorios, aunque comparten síntomas y vías de transmisión en muchas ocasiones, en el caso de la gripe, de la covid-19, y del resfriado común presentan características que ayudan a diferenciarlos.
Por un lado, la gripe suele manifestarse con un inicio brusco, con fiebre elevada, con dolor muscular intenso, y con un cansancio marcado desde las primeras horas. En cambio, en el caso de la covid-19, esta infección tiende a desarrollarse de forma más progresiva y puede acompañarse de signos menos frecuentes en la gripe, como la pérdida de olfato o de gusto, la dificultad respiratoria progresiva, y la tos más persistente.
“El resfriado común, suele ser más leve, se presenta con congestión nasal, con estornudos, con algo de malestar y, en la mayor parte de los casos, sin fiebre alta, ni dolores musculares intensos”, precisa esta alergóloga del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa.
Reconocer estos matices, tal y como defiende, ayuda a solicitar atención médica de forma adecuada, pero también a extremar las medidas de prevención cuando exista duda diagnóstica.
“Aunque muchas veces pueden confundirse estas patologías, la gripe suele presentar un empeoramiento más rápido y un cuadro clínico más agresivo”, indica.
Resfriado vs alergia
A la hora de diferenciar una alergia de un resfriado, por ejemplo, dos cuadros que de inicio pueden confundirse, la doctora Ortega señala que los síntomas del resfriado común suelen durar entre 7 y 10 días, mientras que los de la alergia pueden persistir durante semanas o incluso meses, dependiendo de la exposición al alérgeno.
Así, la jefa del Servicio de Alergología y médico del Servicio de Urgencias del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa, apunta que también se pueden encontrar algunas diferencias en los síntomas, puesto que, en el resfriado, es común la congestión nasal, pero, además, este cuadro suele ir acompañado de dolor de garganta, de tos, de fiebre leve, y de malestar general.
“En el caso de la alergia, los estornudos frecuentes, el picor en ojos y nariz, lagrimeo, mucosidad clara o, en casos severos y en pacientes asmáticos, la dificultad para respirar, suelen ser los síntomas más comunes”, apostilla.
Por tanto, si estamos padeciendo una infección respiratoria, subraya esta doctora, las recomendaciones serían, sobre todo, medidas físicas como el lavado de manos y usar mascarillas si acudimos a centros médicos o estamos en contacto con personas vulnerables, como pacientes inmunodeprimidos, lactantes o personas mayores.
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Ciencia y Salud
SOS Adolescente: ¿tu padre te ha preguntado qué es ‘six-seven’ mientras movía las manos? Otra vez, el choque generacional
Un chico adolescente de no más de 15 años se enfada con su padre de 40 y tantos porque le ha preguntado qué es eso de “six-seven” mientras hace un movimiento arriba-abajo con los brazos, las palmas de las manos boca arriba. Visiblemente avergonzado, el hijo pide a su padre que no lo vuelva a hacer. “¿Por qué?”, pregunta el progenitor. “Si tú lo haces, queda mal”, contesta el vástago.
La escena es real. Ocurrió durante una reciente reunión familiar. Chocan aquí la vergüenza del adolescente, seguramente justificada, y el intento de conexión del padre, también razonable. Con ustedes, el choque generacional.
Porque… ¿Qué mueve a un padre a mostrarse como el ‘colega enrollado’ de su hijo de casi 15 años? ¿Qué provoca que el hijo adolescente reaccione con semblante y palabras que denotan ‘cringe’ o ‘lache’ por lo que hace su padre? EFE Salud se lo ha planteado a la psicóloga del Instituto Centta Marta Sebares, quien ha respondido por escrito.
Al fin y al cabo, padres y madres hablando como sus hijos, e hijos e hijas huyendo de sus padres precisamente por eso, forman parte de la misma línea causa-efecto. Eslabones de la misma cadena psicológica.
No es sólo aquel ‘mola mazo’ que parece del pleistoceno, ni el ‘lo petas’ un poco más reciente pero igualmente remoto. Ni siquiera el “lache” de ahora. Es lo que hay detrás de su uso (o intento) por parte de personas de distintas edades dentro de una misma familia.
Qué esperar de un padre: que sea adulto
Que un padre o una madre se ponga a hablar con sus hijos adolescentes como si fueran adolescentes no suele deberse a “una estrategia consciente”, señala Sebares. No está el progenitor horas antes con el cálculo y la medición, ni mucho menos con la lista de posibles beneficios y de los más que probables perjuicios.
“A los padres les mueve el deseo de mantener el vínculo, el miedo a quedarse al margen de la vida del hijo, la sensación de pérdida de influencia y la preocupación por no entender lo que les ocurre”, añade la profesional, quien apostilla: “Desde la psicología, esta conducta suele interpretarse como un intento de conexión, de acercarse a los hijos e hijas”.
La reacción esperable, la que ocurre en la mayoría de las situaciones como las perfiladas en el primer párrafo, es el rechazo, la contrariedad, el desdén del adolescente. Pero no estamos ante una ruptura. Incluso aunque la contestación del chico o chica arrastre algo que podríamos considerar repulsa, no estamos ante una ruptura.

Sebares remarca que se trata de “una manera de pedir distancia sin perder la pertenencia a su familia”. Adolescencia en estado puro. “El adolescente necesita alejarse un poco para poder volver desde un lugar más autónomo, más independiente; es para proteger su proceso de individualización”, añade.
Cabe recordar que “los adolescentes necesitan padres que sigan ocupando su lugar, siendo adultos que ponen límites, que están emocionalmente presentes y les dan estabilidad”, en palabras de la psicóloga de Centta.
Choque generacional: vías de solución
¿Entonces es mejor no estar pendiente de la jerga de la generación Z o de la que viene después? Para Sebares, resulta “positivo” que “los padres y madres conozcan el significado del lenguaje juvenil, el contexto en el que se emplea, porque les acerca a sus hijos”. Pero eso no implica “imitar”. Imitar, de hecho, es “contraproducente”.
Con el lenguaje hay que ser cuidadoso porque “no es sólo una forma de hablar, sino una manera de ser, de pertenecer y expresar poder en una familia”. La jerga de un adolescente, da igual la época, “refuerza el sentido de grupo y marca distancia con el mundo adulto”. En otras palabras, según Sebares, “funciona como un código propio”. Mientras, en los adultos, el lenguaje se reviste, en líneas generales, de “autoridad, experiencia y transmisión de normas y de valores”.
El choque está servido. Tender a eliminar las diferencias, tanto si lo planean los adultos como si lo pretenden los/las adolescentes, no suele ser provechoso. La clave, como menciona la psicóloga, consiste en “convivir” con esas diferencias, que no se localizan únicamente en el lenguaje. Abarcan los lugares desde los que ver la realidad y relacionarse con ella.
La resolución del choque generacional, desde el ángulo de un adulto, ha de combinar:
- Escucha sin ridiculización
- Límites claros
- Coherencia y presencia emocionales
- Estabilidad en medio del cambio
En modo corolario, dice Sebares: “Cuando el conflicto se entiende como parte del desarrollo y no como una amenaza, deja de ser un choque generacional para convertirse en una oportunidad de crecimiento para ambas partes.
Mejor, como siempre, el respeto
Podría definirse el choque generacional, en palabras de la profesional de Centta, como “el conjunto de tensiones, malentendidos y conflictos que surgen entre padres/madres e hijos/as adolescentes” por cuanto existen “distintos puntos de vista de estilos y formas de vida”, determinados por los valores de cada generación.
Resultan frecuentes en la adolescencia porque es la etapa de “la reorganización interna”: el joven “deja de definirse como hijo y empieza a preguntarse quién es, qué piensa y qué quiere”.
Desde la perspectiva psicológica, “se produce un desencuentro entre las necesidades de autonomía del adolescente y las funciones de guía del progenitor o progenitora”.
Por ello, en las relaciones familiares se cuentan más choques generacionales. “La convivencia es más estrecha y prolongada”, apunta Sebares. De ahí que sea importante “entender que dicho conflicto funciona como una señal de que el sistema familiar está intentando adaptarse y crecer”.
Así que para eludir el choque generacional no hay que hablar igual que los hijos. La imitación es mal negocio si se trata de tener buen rollo con los hijos adolescentes. El respeto, de nuevo, es el mejor aliado.
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Ciencia y Salud
La migraña en datos: conoce más sobre este dolor de cabeza intenso y discapacitante
Es el tipo de dolor de cabeza más frecuente en las consultas. Afecta más a las mujeres que a los hombres y puede ser tan intenso que llega a ser discapacitante. Estos y otros datos que aporta la Fundación Española de Cefaleas nos ayudan a conocer más en profundidad a la migraña.
El abordaje contra la migraña consiste en seguir unas medidas generales, tratar las crisis de dolor y, en ocasiones, tomar un tratamiento preventivo.
La Fundación Española de Cefaleas (FECEF) ha elaborado un documento dirigido a pacientes y familiares con datos sobre la migraña que dan respuesta a las cuestiones más frecuentes que nos podemos plantear.
Qué es la migraña y algunos datos sobre la enfermedad
La migraña es una enfermedad neurológica frecuente y discapacitante que afecta aproximadamente a un 12 % de la población española. Se trata de una dolencia que impacta notablemente en la calidad de vida de las personas que la padecen.
Afecta entre tres y cuatro veces más a las mujeres que a los hombres. Además, suele aparecer en edades tempranas. En ocasiones, las crisis se intensifican entre los 30 y 50 años y puede llegar a convertirse en migraña crónica, cuando el dolor de cabeza dura más de 15 días en un mes.
“Aunque muchas personas confunden migraña con cefalea, no es lo mismo», precisa el doctor Julio Pascual, presidente del Comité Científico y de Publicaciones de la FECEF y autor del documento.
“La migraña es un tipo de cefalea que pertenece al grupo de las cefaleas primarias, que no tienen causa estructural identificable, mientras que las cefaleas secundarias tienen un origen conocido”, explica.
Más del 90 % de las personas que acuden a consulta por dolor de cabeza sufren cefaleas primarias y, al menos, en dos de cada tres de los casos son migrañas.
Síntomas y diagnóstico
El síntoma principal es un dolor de cabeza intenso que suele ser unilateral y pulsátil, con una duración de entre cuatro horas y tres días. El dolor empeora con la actividad física y con estímulos como la luz, el ruido o los olores, y puede acompañarse de náuseas o vómitos.
Según el experto se denomina migraña sin aura, que lo padece un 70-80 % de los pacientes con migraña.
El 20-30 % restante padece lo que se denomina migraña con aura, caracterizada por alteraciones visuales como borrosidad, luces o rayas coloreadas, adormecimiento de un lado de la cara y brazo y, en algunos casos, dificultad para hablar o entender.
“Los síntomas del aura no duran más de una hora y no dejan secuelas”, indica el experto.
El diagnóstico se basa en la descripción de los síntomas y en una exploración neurológica que incluye la evaluación del fondo de ojo. En la mayoría de los casos no es necesario realizar estudios radiológicos.
Una enfermedad hereditaria: datos sobre factores genéticos de la migraña
La enfermedad tiene un importante componente genético. Así lo recoge el documento de la FECEF, que señala que muchas personas que la padecen cuentan con antecedentes familiares.
Determinados genes favorecen una activación excesiva del nervio trigémino, lo que desencadena la liberación de sustancias como el péptido CGRP en las meninges, la capa que recubre a los huesos, que producen dolor al producir inflamación y dilatación de los vasos sanguíneos.
No obstante, también existen factores no genéticos que contribuyen a la aparición de crisis de migraña e influyen en su frecuencia. Destacan:
- Los cambios en las hormonas sexuales femeninas (especialmente los relacionados con el ciclo menstrual).
- El estrés.
- Las alteraciones del sueño.
- Las variaciones meteorológicas.

Medidas generales de tratamiento
Como la migraña no avisa, el doctor Julio pascual ofrece unos consejos para mejorar la calidad de vida:
- Mantener una buena higiene del sueño (no dormir pocas horas, pero tampoco dormir en exceso).
- Practicar ejercicio.
- Llevar una alimentación equilibrada, evitando atracones y ayunos prolongados.
- Evitar el sobrepeso.
- Evitar alimentos que generen una relación clara con el dolor de cada paciente.
¿Cómo tratar las crisis?
Las crisis de migraña se tratan con fármacos. Para las crisis moderadas se usan antiinflamatorios de acción rápida.
Para los que no responden a los antiinflamatorios, o si hay crisis con dolor más intenso, se usan los triptanes, fármacos específicos para la migraña que se administran de varias formas (oral, sublingual, nasal o inyección cutánea).
Para personas con problemas cardíacos o que no toleran los triptanes se cuenta con otras opciones como fármacos con principios activos de rimegepant o lasmiditán.
Por el contrario, se recomienda evitar el uso de analgésitcos combinados, egotamina o derivados opiáceos, ya que puede provocar adicción y cronificación de la migraña.
Tratamiento preventivo
Según el presidente del Comité Científico y de Publicaciones de la FECEF, el tratamiento preventivo “está indicado cuando los episodios son frecuentes, más de cuatro al mes, y no responden al tratamiento de crisis”.
El doctor indica que este tipo de tratamiento incluye betabloqueantes, topiramato o flunarizina, y se debe tomar durante al menos seis meses.
En casos de falta de respuesta o tolerabilidad, se recurre a otras opciones como infiltraciones de toxina botulínica alrededor de cabeza y cuello o las terapias dirigidas contra el CGRP, que incluyen anticuerpos monoclonales inyectables o gepantes orales.
Estas alternativas han demostrado alta eficacia incluso en pacientes resistentes a tratamientos preventivos clásicos y presentan un perfil de seguridad y tolerancia mayor.
Por ello, los fármacos anti-CGRP se consideran actualmente una de las mejores opciones preventivas para la migraña.
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