Ciencia y Salud
La anestesia, seguridad vital del paciente

“No sólo nos ocupamos de que la intervención se desarrolle sin accidentes, sin efectos adversos o de que el paciente no sienta dolor alguno y tampoco sea consciente de lo que está ocurriendo, sino que somos responsables de que esta persona se encuentre en las mejores condiciones físicas posibles al despertar”, añade.
“La seguridad se define así como el intento consciente de evitar cualquier daño innecesario al paciente. La anestesiología, por tanto, es un componente fundamental de la calidad asistencial en el Sistema Nacional de Salud, donde las anestesiólogas tenemos un papel muy relevante”, recalca la especialista de la Clínica IMEMA.
La Dra. María Lema Tomé también es médico adjunto en el Servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital General Universitario Gregorio Marañón de Madrid, miembro de la Sociedad Europea de Anestesiología y Cuidados Intensivos y profesora de Medicina en el Departamento de Medicina Legal, Psiquiatría y Patología de la Universidad Complutense (UCM).
En su formación académica destacan su licenciatura en Medicina por la Universidad de Sevilla, su doctorado en la UCM, su especialización en Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor, su máster ASECMA/SCCMA de cirugía mayor ambulatoria o su máster en Medicina Estética en la Universidad de Alcalá.

¿Qué tipo de anestesia se utiliza en el cuerpo humano?
La anestesia se conforma a través de una serie de técnicas con las que se administran un conjunto de fármacos que suprimen o atenúan el dolor. Son técnicas adecuadas a cada tipo de cirugía, donde el paciente siempre mantendrá sus constantes vitales en los rangos de la normalidad.
Podemos resumir estas técnicas en tres grandes grupos.
Anestesia general: en esta categoría se puede englobar la sedación leve, moderada y profunda, así como la anestesia general, técnica que requiere un control completo de la vía aérea, lo que incluye la necesidad de intubación orotraqueal manteniendo al paciente relajado.
El paciente, además, permanecerá conectado a una máquina que realizará la función pulmonar.
Esta técnica se utiliza, por ejemplo, en cirugías cardíacas o en cirugías abdominales, en las que necesitamos que el paciente esté totalmente dormido, muy relajado y no se mueve absolutamente nada.
La anestesia general es muy habitual en cirugía plástica para mamoplastia de aumento.
Anestesia locorregional: se emplea en procedimientos en los que se requiere que sólo una parte del cuerpo humano se quede y permanezca anestesiado el tiempo necesario para la intervención.
Por ejemplo, una anestesia raquídea para tratar una hernia inguinal, una anestesia epidural para un parto o bloqueos del nervio plexo periférico para dormir un brazo o una pierna, que además se pueden bloquear a diferentes niveles, como pueda ser una mano.

La anestesia locorregional se lleva a cabo con ayuda de ecografía o neuroestimuladores para localizar exactamente los nervios que queremos anestesiar.
A este grupo de anestesias podemos añadir la sedación pertinente para que el paciente se encuentre confortable durante la intervención.
Anestesia local: se infiltra un anestésico local en la zona que queremos dormir, que no puede ser muy extensa. Esta técnica se realiza, por ejemplo, en el trasplante capilar, donde administraremos el anestésico en la zona donante y en la zona receptora de la cabeza, o en lesiones cutáneas.

¿Y cómo se administran estas anestesias en el paciente?
En anestesia general se utiliza una vía intravenosa para producir una inducción del sueño del paciente, que se podrá mantener bien con fármacos intravenosos en perfusión continua o bien mediante gases inhalatorios.
La mascarilla de inhalación de gases de inicio aporta oxígeno al paciente, pero luego se podrán introducir fármacos inhalatorios a través del tubo que les ayuda a respirar.
En la anestesia regional inyectamos el anestésico en aquellos nervios que queramos insensibilizar. Con la anestesia local, como su propio nombre indica, el anestésico inyectado irá exactamente a la zona que queremos dormir.
Prácticamente tod@s tendremos que ser hospitalizad@s en algún momento de nuestras vidas para recibir un tratamiento médico que precise la utilización de anestesia… Doctora Lema Tomé, ¿qué acciones preoperatorias se deben acometer antes de entrar a un quirófano?
Para garantizar la seguridad del paciente durante una intervención médica que requiera el uso de anestesia, todas ellas y ellos tienen que pasar una consulta de preanestesia. La anestesiología está presente a lo largo de todo el proceso perioperatorio.
La anestesióloga, como es mi caso, tratará de recabar toda la información de interés sobre el estado de salud del paciente, especialmente sobre diferentes patologías previas y medicaciones relacionadas (se realizarán los ajustes necesarios en los fármacos habituales).
Pero no sólo eso, sino que tendrá que averiguar el historial detallado de cirugías previas, con o sin incidentes, sus hábitos tóxicos (fumar, beber alcohol, drogas, sedentarismo, etc.).
También, el peso, la talla, si el paciente realiza ejercicio, si se fatiga o si padece algún tipo de alergia o intolerancia.
Valoramos todas esas variablesy datos médicos en fución de la cirugía a la que tenga que someterse y al estado basal del paciente (nivel de funcionamiento básico del organismo en ausencia de estímulos externos y enfermedades).
Además, se estudiarán analíticas de sangre, orina u otras, así como una radiografía de tórax o un electrocardiograma, entre otras pruebas diagnósticas.
El objetivo no es otro que optimizar al paciente para que llegue en el mejor estado de salud posible a la intervención para evitar que se produzcan efectos adversos o cualquier tipo de incidente imprevisto.
Cualquier condición previa es importante para determinar si el paciente es apto o no a la intervención en cada momento.
Doctora, ¿hasta qué punto es necesario abandonar los hábitos tóxicos como fumar, beber alcohol y las drogas, o comunicar las alergias que sufrimos, antes de someternos a una intervención quirúrgica?
Frente a una intervención quirúrgica, como debiera suceder en la vida diaria, es fundamental evitar los hábitos tóxicos… Y no sólo durante la cirugía, sino antes y después.
El tabaco, un tóxico muy consumido por un porcentaje muy alto de la población, produce una irritación crónica de las vías respiratorias.
Esta irritación crónica podría generar una serie de problemas respiratorios durante la acción de la anestesia, lo que podría provocar una crisis de asma entendido como un broncoespasmo; circunstancia que pone en riesgo la vida del paciente al sufrir una importante desaturación de oxígeno.
Algunas drogas conllevan arritmias durante el intraoperatorio, provocando, incluso, una parada cardíaca en el paciente.
Por tanto, es prioritario detectar cualquier consumo de tóxicos en la consulta de preanestesia; situación análoga si hablamos de las alergias que sufre el paciente.
Utilizamos diferentes fármacos que actúan en diferentes vías, no sólo a nivel anestésico. Habrá que evitar las reacciones alérgicas en relación al dolor y la inflamación.
¿Y l@s pacientes preguntan por ir en ayunas a la cirugía?
Por supuesto. Se recomienda el ayuno mínimo de seis horas para cualquier sólido o líquido salvo la ingesta de agua, que se podrá tomar hasta dos horas previas a la intervención, como norma general.
Esta precaución disminuye la incidencia de una complicación muy infrecuente pero potencialmente mortal: la broncoaspiración.
Los fármacos anestésicos provocan que se pierdan los reflejos de la vía aérea, de ayudarnos a no atragantarnos, a que no tengamos vómitos, ni que refluya la comida o cualquier fluido aparatoso.
Es decir, que parte el contenido del estómago pase a los pulmones y le pueda producir una neumonía aspirativa, que es una complicación muy grave.

Dra. María lema Tomé, anestesióloga, ¿cómo se vigila la seguridad del paciente durante la intervención?
Es muy característico que muchas personas piensen o manifiesten que el papel del anestesista es dormir al paciente y ahí finaliza su misión. Este pensamiento es un mito sin base ni argumento alguno.
Durante el intraoperatorio mantenemos todas las constantes vitales del paciente: a lo largo de la operación, y gracias a una monitorización exquisita, conseguimos su estabilidad tanto respiratoria como hemodinámicamente.
Monitorizamos el corazón, la frecuencia cardíaca, la tensión arterial o la saturación de oxígeno.
En el caso de anestesia general, monitorizamos, además, la profundidad anestésica, es decir, vemos cuánto y cómo de dormido se encuentra el paciente y cuáles son sus requerimientos anestésicos.
También vigilamos la mecánica ventilatoria, puesto que una máquina está sustituyendo la función pulmonar del paciente.
Podemos medir otra serie de parámetros en función del tipo de cirugía. Por ejemplo, en una cirugía cardíaca necesitamos medir la presión arterial de manera más invasiva, así como otras características del paciente.
En el postoperatorio nos encargamos de que el despertar del paciente se realice de manera adecuada, sin alteraciones a nivel cardiovascular o respiratorio.
Y tratamos cualquier complicación que pueda surgir y optimizamos el tratamiento ante el dolor, las náuseas y los posibles vómitos.
Doctora, ¿el paciente se puede despertar en medio de una intervención quirúrgica o sufrir dolor?
Es cierto que existe esta complicación que se llama despertar intraoperatorio, pero la incidencia es muy muy baja.
La anestesiología es una de las especialidades médicas que ha presentado un mayor desarrollo en los últimos 50 años, y no sólo en su vertiente farmacológica, cada vez más seguros, sino desde el punto de vista de la monitorización intraoperatoria.
Llevamos a cabo un manejo estrecho del paciente, las complicaciones que puedan aparecer, así como trabajar en sintonía con el cirujano para que la intervención se desarrolle en las mejores condiciones quirúrgicas.
Ante cualquier evento que por causa de la cirugía pueda aumentar el nivel de alerta, nosotr@s pondríamos todos los medios para que el paciente no llegara a despertarse y, desde luego, no sientiera dolor.
Es más, entre nuestros objetivos se incluye que el paciente no recuerde absolutamente nada de la intervención quirúrgica.

Doctora, ¿qué efectos tiene la anestesia en el paciente cuando se despierta?
Los pacientes, cuando despiertan, lo normal siempre es que reflejen un cierto mareo y desorientación. Este efecto se pasará a los pocos minutos o en una hora, puesto que siempre son trasladados a una unidad de reanimación postoperatoria.
Si bien es cierto que la anestesia es segura, no está exenta de riesgos, algunos de ellos inherentes a la condición quirúrgica y otros que dependen de la naturaleza y el estado de salud general del paciente.
Entre los más frecuentes y menos graves tenemos la aparición de náuseas y vómitos en el postoperatorio, irritación de la garganta tras anestesia general debido a la intubación o reacciones alérgicas a algunos fármacos administrados.
Por ejemplo, si un paciente es hipertenso tendrá más riesgo de que se descompense su tensión arterial, tanto que suba como que baje. Lo tendríamos previsto.
Siempre vamos por delante y podemos poner solución al problema, incluso evitar que ocurra, sobre todo en relación a las náuseas y vómitos postoperatorios.
¿Y existe algún tipo de riesgo mayor causado por la anestesia?
Los eventos adversos más graves son muy infrecuentes y suelen ir asociados a patologías preexistentes en el paciente. El riesgo cero no existe.
Por ejemplo, que haya algún tipo de parada intraoperatoria y el paciente puede llegar a fallecer; que haya algún tipo de embolismo o un “shock” o conmoción anafiláctica debido a un fármaco del cual se desconocía que el paciente fuera alérgico.
Todo puede pasar, pero son riesgos extremadamente raros y que el anestesiólogo siempre está preparado para poder tratarlos en el quirófano.
Dra. María lema, ¿qué sucedería si se interviene a un paciente sin anestesia?
Esa posibilidad es que ni se plantea a nivel profesional. Si un paciente necesita anestesia, siempre hay que brindársela. Es un acto médico insustituible para la salud y la integridad del paciente.
En ocasiones, habrá que escoger cuál es la mejor forma de administrar esta anestesia, porque podemos optar por varias técnicas, pero siempre garantizando la seguridad del paciente.

Por último, doctora, ¿qué diferencias existen entre anestesia y sedación?
La sedación se administra de la misma forma que la anestesia general, es decir, a través de la vía intravenosa. Son fármacos para que el paciente se relaje, se quede dormido y esté confortable.
En mi opinión, la sedación es parte de la anestesia, que yo siempre la encuadro dentro de la anestesia general, y se emplea en tres niveles:
Sedación leve, en la que el paciente está hablando, consciente pero muy tranquilo. Sedación moderada, en la cual el paciente ya está más dormido, pero responde a los estímulos cuando le hablamos o le tocamos.
Y sedación profunda, en la cual el paciente necesitaría más estímulos para percibir la realidad que le rodea
En estos tres niveles de sedación, la característica princial es que el paciente respira por sí mismo y se le puede ayudar con oxígeno a través de pequeñas cánulas nasales para mantener una mejor oxigenación.
Sin embargo, cuando ya pasamos a una anestesia general, el paciente va a estar totalmente inconsciente y muchas veces no podrá moverse, por lo cual recibirá ventilación mecánica.
Intubaremos al paciente mediante un tubo endotraqueal y a partir de ahí le conectaremos a una máquina que va a estar realizando la función respiratoria de sus pulmones.
Médicas anestesiólogas como la doctora María Lema Tomé son vitales para l@s pacientes antes, durante y después de cualquier intervención quirúrgica, y también, por supuesto, en los tratamientos de carácter local, como un trasplante capilar, que combina sedación y anestesia local.
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Ciencia y Salud
Andreu Buenafuente y el estrés: la importancia de parar y de recuperarse bien
Andreu Buenafuente no dará las campanadas en TVE debido a un “episodio de estrés” del que aún necesita recuperarse sin “acelerar”, según ha anunciado él mismo a través de un comunicado emitido este viernes. El tándem del humorista y la actriz Silvia Abril no podrá, por tanto, protagonizar el programa con el que la cadena pública pretendía despedir 2025 y recibir 2026.
Dice Buenafuente en el comunicado: “Tuve un episodio de estrés, común, pero no agradable, por trabajos en los que yo mismo creo. Hubo un momento en el que no pude y mi cuerpo me pidió parar. Quiero agradecer a los profesionales que me están ayudando y a la gente que me rodea. Cada gotita es una vitamina”.
Sobre los plazos de recuperación que le impiden estar en primera línea de TVE la última noche del año, afirma: “No creo que tenga que acelerar mi recuperación para hacer lo que tengo que hacer; tengo que estar feliz, y por eso, voy a seguir recuperándome y cuando sea posible volver, que sea. No sé qué va a pasar, pero la falta de un horizonte exigente es lo que necesita una persona que ha parado por estrés”.
¿Qué es el estrés?, ¿qué le hace a nuestro organismo?, ¿por qué conviene parar?, ¿si se para la actividad laboral, cómo hay que llevar a cabo esa recuperación? Son preguntas para cuyas respuestas EFE Salud ha contado con las explicaciones del psicólogo y psicoterapeuta Sergio García.
El estrés y los «pensamientos intrusivos»
Para empezar, una noción sobre el estrés: se trata de una respuesta natural del organismo a situaciones que percibe como desafiantes o amenazantes.
Explicaba la neurocientífica Carmen Sandi, presidenta de la Federación Europea de Sociedades de Neurociencia, según una información de EFE, que si esa respuesta “se prolonga o se intensifica más allá de lo necesario, puede transformarse en un problema que afecta tanto a la mente como al cuerpo”.
Entra en escena el “trastorno de ansiedad”, según nos cuenta Sergio García. Estamos ante “una característica mental en la que la persona tiene miedo, nerviosismo o preocupación de manera muy persistente y muy intensa”, lo que puede generar síntomas físicos como “taquicardia o sudoración”, pero también “síntomas mentales y cognitivos”.

García cita entonces “los pensamientos intrusivos”. “Esto quiere decir que estoy pensando en una cosa y me viene a la cabeza otra cosa que se hace protagónica a pesar de que no corresponde”.
Por regla general, añade, los pensamientos intrusivos derivan de no poner límites “entre lo personal y lo laboral”. Esta ansiedad, cabe puntualizar, “se puede generalizar si no se pone remedio a tiempo y si no se acude a un especialista”.
La importancia de parar
Fisiológicamente la situación se describe así: el cerebro interpreta ciertas situaciones como amenazas y activa, por tanto, respuestas de defensa. Envía señales a las glándulas suprarrenales para liberar hormonas como la adrenalina y el cortisol, que son las que contribuyen a la preparación del cuerpo para esa defensa.
En cascada van cayendo las reacciones: aumenta la frecuencia cardíaca, los músculos se tensan, la digestión se resiente… De continuar mucho tiempo este estado de defensa, de huida ante la amenaza, podría debilitar el sistema inmunológico y hasta infligir daños neurológicos.
Parar, además, “facilita la aplicación de estrategias terapéuticas y el aprendizaje de nuevas herramientas para manejar la ansiedad y poder recuperar integralmente la salud mental”, dice Sergio García
Es clave actuar a tiempo ante el estrés crónico. García esgrime la importancia de las pausas, de parones como el que está haciendo Buenafuente. No hacerlos es peligroso porque puede conducir al agotamiento o a la depresión.
Descansar, además, “facilita la aplicación de estrategias terapéuticas y el aprendizaje de nuevas herramientas para manejar la ansiedad y poder recuperar integralmente la salud mental”.
Y la importancia de la recuperación
Entre esas estrategias terapéuticas, dos perspectivas: la médica y la psicológica.
La primera, subraya García, plantea la recuperación con el objetivo de que no surjan “nuevas formas de estrés y que se resuelvan de manera adecuada”. Es decir, para “evitar recaídas y problemas a largo plazo”. Una recuperación “paulatina, no acelerada” persigue que “cuerpo y mente se adapten y generen nuevas sinergias” que, a su vez, eviten “un desgaste mayor”, concluye.
La segunda “puede ver necesarias las pausas”, pero, en opinión de García, no coloca al trabajo, la carga laboral, como causa única de la “desazón”. De hecho, desde este prisma, ayuda que el paciente trabaje.
“Desde la perspectiva psicológica, algún trabajo no sería del todo negativo, pero sin tener la intensidad del trabajo de antes. Trabajo cero durante varios meses tampoco es aconsejable porque es una cuestión que no es real”, reflexiona el psicólogo.
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Ciencia y Salud
La prevención y el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad, entre los grandes desafíos sanitarios de la UE
Bruselas (Euractiv.com/.es) – Los expertos en temas de salud advierten de que a medida que la iniciativa de la Unión Europea (UE) «Juntos más sanos – Enfermedades no transmisibles (ENT)» entra en sus dos últimos años, el programa podría quedar desfasado en relación con los constantes avances de la investigación científica sobre salud metabólica.
Al tiempo que el marco financiero 2022-2027 ofrece a los Estados miembros del bloque comunitario apoyo para el combate contra las enfermedades cardiovasculares, diabetes, afecciones respiratorias crónicas, salud mental y factores determinantes del estilo de vida, no aborda explícitamente las enfermedades hepáticas, a pesar de sus fuertes vínculos metabólicos con la obesidad y la diabetes de tipo 2.
Durante un debate reciente sobre el tema, titulado «ENT, obesidad y salud hepática: ¿puede la UE cambiar el rumbo?«, varios especialistas calificaron esa omisión de debilidad estructural de la política de la UE en materia de ENT.
En ese sentido, Cyrielle Caussy, catedrática de Medicina Nutricional de la Universidad Lyon 1, advirtió de que pasar por alto la salud hepática supone ignorar uno de los órganos centrales de la epidemia metabólica europea. El hígado está en el centro de las principales enfermedades no transmisibles de Europa, recordó.
«El hígado es actualmente el punto ciego (…) no vemos realmente la salud hepática en la agenda. Sabemos que es un órgano clave en el metabolismo de la glucosa, los lípidos y la energía. Y está directamente relacionado con todas estas enfermedades no transmisibles», explica.
Se calcula que la esteatosis hepática (o hígado graso) afecta a cuatro de cada diez adultos en todo el mundo, pero los expertos subrayan que el problema es, en gran medida, «invisible» en las estrategias de la UE, entre ellas Healthier Together.
La obesidad, ¿es de verdad una enfermedad?
Uno de los motivos por los cuales no se presta atención a las enfermedades hepáticas es la persistente incomprensión de lo que significa la obesidad.
«Todavía hay muchos malentendidos sobre lo que es la obesidad», afirma la Dra. Andreea Ciudin Mihai, endocrinóloga, especialista en obesidad, profesora asociada de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Hospital Vall d’Hebron y miembro del Consejo Ejecutivo de la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad (EASO).
«La obesidad no es una enfermedad basada en el peso por kilogramo; es una enfermedad del tejido adiposo, lo cual significa exceso y disfunción de la grasa corporal», sostiene la experta.
«Algo que cambiará el mercado es el reconocimiento de la obesidad como enfermedad no transmisible (…) mientras no se reconozca la obesidad como enfermedad, seguirá habiendo estigmatización», agrega la investigadora.
Medicamentos GLP-1: avances, pero desigualdad
«Ahora disponemos de dos fármacos que cambian las reglas del juego«, explica Mihai, quien destacó los beneficios para la diabetes, el hígado graso y las enfermedades cardiovasculares. Pero el acceso a los fármacos es limitado, ya que «estos medicamentos no tienen reembolso, así que la gente tiene que pagarlos de su bolsillo», explica. Caussy asegura que quienes más los necesitan «son los que no pueden permitírselos».
Por su parte, el Dr. Kremlin Wickramasinghe, asesor de la Oficina Regional de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para Europa, advirtió del riesgo de que estos medicamentos sustituyan a la acción política en materia de prevención. «Me preocupa que todo el mundo piense que ahora tenemos un medicamento (…) y abandonemos la agenda de la prevención», señaló.
«Un tercio (de la población) no sabe que tiene hipertensión (…) y de los que están en tratamiento, un tercio no está bajo control», explica Wickramasinghe.
Detección precoz del «hígado graso»
Los expertos coinciden en que la detección precoz de la enfermedad hepática avanzada es factible y rentable, pero no está muy extendida. «La primera prueba que se recomienda ahora de forma generalizada es la puntuación FIB-4. Es barata porque es gratuita», señala Caussy.
El experto explica que los pacientes que cruzan el umbral clínico requieren una evaluación más precisa. «Si la cifra es superior a 1,3, existe un riesgo, y hay un seguimiento, y el seguimiento consiste en realizar una prueba de segunda línea, que es más precisa. Suele ser una trans-elastografía, que es un método basado en ultrasonidos (…) también se han desarrollado análisis de sangre», agrega.
Por su parte, Gamal Shiha, director de la Asociación Europea de Pacientes Hepáticos (ELPA), subrayó la necesidad de concienciar a la población. «No todos los [obesos ] son pacientes hepáticos (…) el asunto es cómo educar a los pacientes y cómo seleccionar a los que van al especialista», señala.
Lagunas en la prevención
Mientras tanto, Wickramasinghe subraya que el déficit de prevención en Europa empieza mucho antes del cribado. «Estas son las cosas que causan el 80% de las muertes, pero no hablamos con el 80% de los pacientes sobre estos factores de riesgo», asegura.
«Queremos un sistema sanitario que hable con los pacientes sobre estos factores de riesgo (…) un sistema sanitario que tenga la capacidad de hacerlo (…) hay tanto estigma y discriminación que hace que sea un tema controvertido a tratar entre un paciente y su profesional sanitario», explica.
«Antes de llegar al cribado con un montón de máquinas caras (…) tenemos que integrar la atención primaria, crear espacio y reducir la carga», puntualiza.
Retos pendientes en la UE
Por su parte, el eurodiputado Tomislav Sokol (PPE) criticó en el marco del debate la lentitud de la UE en el etiquetado nutricional.
«Llevamos años esperando (…) en realidad no estamos haciendo nada, subrayó Sokol, al tiempo que advirtió de que en el próximo Marco Financiero Plurianual (MFP) para el período 2028-2034, la prevención corre el riesgo de desaparecer.
En ese sentido, aseguró que las competencias de la UE en materia de etiquetado, comercialización, prevención, reforma farmacéutica y Espacio Europeo de Datos Sanitarios siguen infrautilizadas. «Los beneficios (…) no son claramente visibles de forma directa, por lo cual la mayoría de los políticos no se preocupan de las medidas que realmente proporcionan algún efecto a largo plazo».
«Cualquier política que pueda considerarse negativa para la industria no llega a aplicarse», advierte Wickramasinghe.
Los expertos coinciden en que la UE no podrá cumplir sus objetivos en prevención y tratamiento de ENT mientras no enfrente esas presiones políticas y comerciales. A medida que Healthier Together entra en su fase final, el mensaje es claro: Europa tiene las pruebas y las soluciones, pero sólo el coraje político decidirá si es posible invertir la tendencia, según sostienen los expertos.
///
(Editado por BM/Euractiv.com y Fernando Heller/Euractiv.es)
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Ciencia y Salud
Los síntomas que encienden la alarma ante la disfagia, ese bloqueo que no deja tragar
La disfagia es la dificultad para tragar, un trastorno grave que se anuncia con síntomas que nos deben encender las alarmas. Detectar cuanto antes evita consecuencias graves como desnutrición, deshidratación o neumonía aspirativa.
En el Día Mundial de la Disfagia, el 12 de diciembre, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) destaca la necesidad urgente de mejorar el diagnóstico temprano de un trastorno cuyo origen puede ser neurológico, estructural o muscular.
Es habitual en pacientes con ictus, enfermedades neurodegenerativas como párkinson o ELA, así como en personas intervenidas por tumores de cabeza y cuello. Pero también las personas de edad avanzada pueden tener alteraciones.
Según la SEEN, se estima que la disfagia afecta a aproximadamente al 8 % de la población mundial y al 5,6 % de adultos en España, con cifras más elevadas en pacientes hospitalizados, alcanzando hasta el 10,3% en unidades geriátricas y el 7,5% en servicios de neurología, reflejando el impacto de la edad y las enfermedades de base en su aparición.
Tipos de disfagia
La disfagia puede ser de dos tipos según su localización:
- Orofaríngea: La más frecuente, representa casi el 80 % de los casos. El problema se produce al iniciar la deglución en la boca o faringe. Hay riesgo de atragantamiento o aspiración.
- Esofágica: Se produce al pasar la comida por el esófago hacia el estómago, hay sensación de atasco.
Y también se distingue la presbifagia, la dificultad para tragar que se produce con la edad. Entre el 10 y el 30 % de los mayores de 65 años presenta algún grado de disfagia, superando el 80 % en mayores de 80 años.

Los síntomas de la disfagia
La doctora Emilia Cancer Minchot, vocal de Asistencia de la SEEN y miembro del Área de Nutrición de la sociedad, explica algunos de los síntomas que nos deben hacer sospechar de disfagia en un paciente al comer o beber:
- Toser con frecuencia.
- Cambiar la calidad de la voz.
- Disminución significativa del nivel de oxígeno.
- Ser incapaz de mantener el bolo alimenticio en la boca.
- No poder realizar el sello labial y babee.
- Cuando se quede comida en la boca o a nivel faríngeo tras la deglución.
- No poder tragar el bolo alimenticio en una única deglución.
- Sufrir frecuentes infecciones respiratorias.
- Deshidratarse con frecuencia o desnutrirse.
Las consecuencias de tragar con dificultad
Deglutir significa nutrir e hidratar, si el mecanismos de tragar se altera puede producir desnutrición y deshidratación.
Pero también puede producir aspiraciones orofaríngeas que conllevan infecciones respiratorias.
“Hasta un 50 % de los pacientes que presentan aspiración desarrollan neumonía, siendo la complicación más temida de la disfagia, ya que constituye 5-15 % del total de las neumonías adquiridas y puede tener una mortalidad asociada del 50 %. No es un problema menor”, explica la endocrinóloga.
Pero estas alteraciones también tienen consecuencias en la calidad de vida, la supervivencia del paciente y aumentan las estancias hospitalarias y los costes sanitarios.
La enfermedad puede conducir a aislamiento social, ya que el miedo a atragantarse y la necesidad de texturas modificadas dificultan la participación en comidas familiares y sociales.
“Muchos pacientes dejan de disfrutar de algo tan cotidiano como comer. Esto afecta a su bienestar emocional y a su integración social. El tratamiento no solo es clínico, también humano”, considera la especialista.
El abordaje y tratamiento
El tratamiento puede ser compensatorio, rehabilitador o una combinación, de ambos, e incluye:
- Adaptación de texturas y viscosidades (evitando alimentos con grumos, pegajosos, duros o con líquido en su interior).
- Posturas seguras durante la ingesta.
- Higiene oral estricta.
- Espesantes y aguas gelificadas para garantizar la hidratación, menaje adaptado y supervisión del cuidador.
- Ejercicios de deglución y rehabilitación muscular.
Además, cuando la alimentación por vía oral no es segura o existe desnutrición y/o sarcopenia es necesaria una intervención nutricional especializada.
“La disfagia sarcopénica se debe a la sarcopenia, es decir, a la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular de los músculos de todo el cuerpo y de la deglución. Es un factor de riesgo importante para desarrollar desnutrición, ya que condiciona una ingesta oral reducida”, explica la doctora de la SEEN.
Es importante en su abordaje una estrategia multidisciplinar que incluya la colaboración de endocrinólogos, otorrinolaringólogos, rehabilitadores, logopedas, geriatras, digestivos, neurólogos y oncólogos.
Uno de los avances para el abordaje de la disfagia ha sido la creación de la “International Dysphagia Diet Standardisation Initiative”, que ha permitido definir globalmente las texturas de alimentos y viscosidades de líquidos para mejorar la seguridad.
También han surgido nuevas propuestas como la gastronomía molecular aplicada a la disfagia dentro de la restauración adaptada e innovaciones en rehabilitación neuromoduladora con resultados prometedores
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